Especial I Guerra Mundial, Historia 


Guerra en las Alturas

La entrada en la guerra de Italia del lado de los aliados en abril de 1915 fue una gran sorpresa para la mayoría de los combatientes. Antes del estallido de la guerra, Italia había firmado un acuerdo de alianza tanto con Alemania como con Austria-Hungría en 1887, lo que formaría la conocida como Triple Alianza, en respuesta a la alianza militar entre Francia y el Imperio Ruso.

Italia entre en Guerra

General Luigi Cadorna pasando revista a sus tropas.

Tras el estallido de la guerra, y especialmente después del estancamiento producido en el frente occidental, cuando se hizo plausible que la guerra podría alargarse mucho tiempo, las potencias aliadas comenzaron a persuadir a Italia para que esta entrara en la guerra de su lado. Los países de la Triple Entente tenían un gran punto a su favor: Italia, a pesar de la firma del tratado de la Triple Alianza, tenía una larga rivalidad con Austria-Hungría que se remontaba a la época napoleónica, cuando el Imperio Austriaco de anexionó varias zonas del norte de Italia.

El 26 de abril de 1915 se firmó de manera secreta el pacto del Tratado de Londres con las potencias aliadas. Según el tratado, Italia se comprometía a entran en guerra contra las potencias centrales y a no firmar una paz por separado a cambio de una serie de territorios: Trieste, Istría, parte de la costa de Dalmacia, varias islas, y algunas colonias alemanas de África y Asia.

Finalmente, el 23 de mayo de 1915 el gobierno italiano declaró la guerra a las potencias centrales. Una guerra que los italianos no deseaban y para la que como se vería, el país no estaba preparado, enviando a sus soldados a uno de los frentes más duros de toda la guerra.

La frontera entre Italia y Austria-Hungría discurría a lo largo de casi 600 km sobre las cumbres de los Alpes, con algunos de los picos más altos de Europa, hasta llegar al Golfo de Venecia. A lo largo de prácticamente todo el frente, las posiciones austrohúngaras se encontraban en franca ventaja sobre los italianos, puesto que ocupaban las zonas más altas.

Frente alpino.

Para finales de mayo comenzó a prepararse la que sería la primera gran ofensiva del ejército italiano. El principal objetivo era la ocupación del puerto de Trieste; y para ello sería necesario ocupar primeramente la ciudad de Gorizia, al otro lado del valle formado por el rio Isonzo, en el norte de Italia, donde las tropas austrohúngaras, unas 8 divisiones que conformaban el V Ejercito (120.000 hombres) a las órdenes del general Svetozar Boroević, ocupaban las posiciones altas al otro lado. Para la ofensiva se designó al general Luigi Cadorna.

Durante los primeros días de junio las tropas italianas lograron pequeños avances en varios sectores de la frontera, como en las Dolomitas y al norte del valle del Isonzo, pero las ordenes de Cadorna de detener el avance hacia el valle para preparar con más calma el ataque principal otorgó a los defensores austrohúngaros un tiempo precioso para preparar sus defensas y recibir refuerzos.

El plan de Cadorna era llevar a cabo dos ataques simultáneos a lo largo del valle. Al sur, el III Ejército a las órdenes del Duque de Aosta llevaría a cabo el ataque principal. Su objetivo era ocupar las posiciones defensivas enemigas que se encontraban protegiendo Gorizia y el monte Carso. Al norte, el II Ejército del general Frugoni debía atacar las posiciones austrohúngaras que se encontraban al otro lado de la orilla del Isonzo, en Tolmino y el monte Nero.

Guerra en el Isonzo

Tropas alpinas italianas.

Al amanecer del 23 de junio se inició la ofensiva. Una breve descarga de artillería por parte de las escasas piezas con que contaban los italianos anunció el comienzo del combate. Durante las primeras horas, algunas unidades, tanto en el norte como en el sur, tuvieron dificultades para cruzar los diversos canales fluviales debido a las crecidas producidas por el deshielo veraniego en las cumbres, y por el fuego de artillería que recibían desde las fuertes posiciones enemigas. A pesar de que las tropas austrohúngaras eran inferiores en número a las italianas, contaban con un mayor número de piezas de artillería y de ametralladoras.

En el sur, 4 divisiones del III Ejercito se lanzaron sobre las posiciones enemigas que se encontraban en un saliente entre las localidades de Sagrado y Vermegliano, protegidas por el canal Dottori. Varias brigadas consiguieron cruzar el canal pero fueron frenadas por una serie de contraataques.

En el norte la situación era más complicada, puesto que los atacantes italianos se veían ante un problema que tenía una difícil solución. Para poder llevar a cabo un cruce del rio era necesario eliminar previamente las defensas enemigas que se encontraban enclavadas en las alturas de la otra orilla, pero para poder hacer esto de manera efectiva era necesario cruzar el rio. Todos los ataques que se llevaron a cabo fueron frenados por fuego de fusilería y de artillería.

Al acabar el primer día de la ofensiva los italianos apenas habían conseguido avanzar unos pocos metros en algunos sectores a un coste demasiado alto. En el norte el II Ejército fue frenado en seco, y solo en el sur se consiguieron algunos éxitos relativos.

Infantería austriaca en una trinchera.

Durante los días siguientes se produjeron nuevos ataques con un resultado bastante similar. En el norte los italianos eran frenados por la artillería austrohúngara que no había sido alcanzada por los bombardeos de la italiana. En el sur se conseguían pequeños avances de nuevo a un gran coste de vidas.

El frente se tranquilizó, dando tiempo para que los soldados de ambos bandos descansaran. Este breve respiro resultó fundamental para los austrohúngaros, que recibieron los refuerzos de dos nuevas divisiones.

El 5 de julio el 6º cuerpo italiano logró alcanzar la población de Pogdora, a orillas del Isonzo, pero fueron frenados por los austrohúngaros cuando intentaron asaltar su segunda línea.

Para el día 7 de julio, Cadorna ordenó detener inmediatamente la ofensiva. Sabiendo que la batalla había sido un completo desastre, Cadorna eludió sus responsabilidades y culpo a la mayoría de sus generales. En total, 27 altos mandos fueron destituidos por Cadorna.

En cuanto al número de bajas sufridas, se estima que los italianos perdieron un total de 15.000 hombres, mientras que las bajas austrohúngaras ascendieron a casi 10.000.

Pero los combates en el Isonzo estaban lejos de terminar. Esta sería la primera de un total de doce batallas que supondrían la pérdida de más de 300.000 soldados italianos.

En colaboración con QAH|La Gran Guerra: Sangre, Barro y Trincheras

Vía| Livesey, Anthony: Grandes Batallas de la I Guerra Mundia. Editorial Optima, Madrid 1995. ISBN 84-95300-26-5; Quero Rodiles, Felipe: Historia militar de la Primera Guerra Mundial: de la caballería al carro de combate, Madrid : Sílex, 2009

Imágenes| Cadorna, frente alpino, tropas alpinas, soldados austriacos.

En QAH| Especial Primera Guerra Mundial (1914-1918)

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