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Grupos sanos, sociedad sana

En el apasionante mundo de las relaciones humanas uno de los capítulos más interesantes –y vitales- es la salud de los grupos que conforman la sociedad. La manera como se establecen los vínculos entre las personas marca un estilo en cada grupo humano y pueden contribuir a la construcción de la sociedad o, por el contrario, provocar su deterioro. Cuando digo “salud” me refiero a un tipo de relación que favorezca el desarrollo libre y armonioso de los miembros y del grupo en sí. Que alimente el sentido de pertenencia sin recurrir al dominio o el chantaje. Lo contrario de los grupos sanos son las mafias y las sectas. Aunque la familia es el núcleo fundamental para la mayoría de las personas, son también importantes las asociaciones o clubes, esas formas intermedias entre la familia y la sociedad de masas. No olvidemos que en los últimos 25 años se ha multiplicado geométricamente el número de las ONG’s, asociaciones de voluntariado, clubes deportivos o de otros hobbies, partidos políticos, sindicatos y comunidades informales, ampliados y diversificados con las redes sociales. Para movernos en ellos, ¿cuáles podrían ser unas notas mínimas que garantizaran unas relaciones saludables? Propongo aquí unas que me parecen fundamentales para cualquier tipo de grupo.

1. Vinculación libre. Los cuerpos sociales, cualesquiera que sean, no pueden forzar a sus miembros para que formen parte de ellos. Una vinculación que recurra a la coacción para atraer a los individuos se convierte en mafia, mara o secta, y genera inmediatamente malestar y hostilidad; además de atentar contra la dignidad de sus miembros. La asociación de los individuos debe basarse en la libre elección que ellos hagan, y en el respeto de su posible decisión de abandonar el grupo o de vincularse a otro.

2. Veracidad y transparencia sobre los objetivos del grupo y los medios que se usarán para conseguirlos. Algunos líderes podrían tener la tentación de recurrir al engaño para atraer adeptos. Tal estrategia suele, sin embargo, durar poco y ser escasamente eficaz para la continuidad del grupo. Es exigible a los cuerpos sociales intermedios, pues, una clara adecuación entre lo que se dice y lo que se hace.

3. Respeto de la información sobre los miembros. La llamada intimidad o “privacy” es un bien tan preciado como amenazado en la sociedad actual. En las ONGs, asociaciones, clubes, y en las redes sociales se suele tener acceso a información y datos de las personas que los conforman. Es inaceptable la difusión de esos datos hacia fuera; ningún pretexto puede justificar esa forma de traicionar la confianza que los miembros han depositado en los responsables del grupo o en los administradores de esa información..

4. El grupo es para las personas y no al revés. Un grupo que sólo viera a sus miembros como objeto de explotación o de usufructo para extraer beneficios de ellos, emprendería un camino de deterioro inevitable. Sería una forma de lo que podríamos llamar “egoísmo institucional” donde el colectivo prevalecería totalmente sobre las personas que lo forman, aplastándolas y aprovechándose de ellas. Por el contrario, un grupo sano buscará en primer término el bien de sus miembros, animándolos claro está, a colaborar juntos por la meta propuesta.

5. Coherencia y cumplimiento de lo prometido. Una forma más concreta de cumplir la veracidad que mencionábamos arriba es la de no ilusionar vanamente a los que forman parte del grupo. No prometer lo que no se podrá cumplir y en cambio cumplir lo que se ha prometido, son formas de respeto a los miembros de un grupo y otra eficaz manera de acrecentar la armonía interna de todo cuerpo social.

Es importante promover un clima de respeto y de metas comunes.

Es importante promover un clima de respeto y de metas comunes.

6. Mantener la libertad de adhesión. Al inicio hablábamos de no forzar la vinculación al grupo; pero con el tiempo podría parecer cada vez más impensable que un miembro salga de él. Claro que cuanto más tiempo se comparte, más puede doler a los demás la salida de uno de los miembros, pero ello no justificaría una especie de celo vigilante que impida salir. No es admisible el uso del chantaje emotivo, ni la coacción, ni por supuesto la violencia para mantener a una persona en el grupo, que se vería convertido en una cárcel aunque ésta fuera de oro.

7. Promover el aprecio y la amistad entre los miembros del cuerpo social. Un grupo será más beneficioso para sus miembros cuanto mejor favorezca la colaboración y el aprecio entre ellas. Un clima de respeto y metas comunes favorece esa gran forma de civilización que es la amistad, la disponibilidad y el servicio a los otros por lo que son en sí mismos, y también en orden a los objetivos del grupo. En él las personas pueden y deben aprender a amar y a dejarse amar.

Imagen| Clima de respetoGrupos.

Vía| Leticia Soberón.

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