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Grecia y la Deuda Odiosa

En los últimos años muchos ideólogos y políticos cercanos a Podemos, Izquierda Unida, Syriza y otras organizaciones de izquierda han venido hablando de la Deuda Odiosa, afirmando y argumentando que una parte de la deuda estatal no debe ser pagada por el pueblo, pues carece de legitimación y debe ser impagada. Así con ello, estos teóricos nos dicen que se resolverían problemas como el de Grecia, con un nivel de endeudamiento de más del 175 % de su PIB.

Lo que hasta ahora venía siendo simple teoría en Europa puede convertirse en realidad tras la victoria electoral en Grecia de Syriza, puesto que este partido es defensor de la aplicación de dicha doctrina para su país.

El Derecho Internacional Público es el conjunto de normas jurídicas que regulan las relaciones entre los Estados y otros sujetos internacionales, como la ONU, la OTAN o la Unión Europea, por ejemplo. Dentro del Derecho Internacional la costumbre actúa muchas veces como fuente del Derecho, una práctica repetida en el tiempo se convierte en norma, con reconocimiento en el art. 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.

La doctrina de la Deuda Odiosa en Derecho Internacional ha intentado exponerse más como verdadera norma consuetudinaria que como mera tesis por muchos juristas a lo largo de las últimas décadas. Esta doctrina viene a decir que la deuda externa contraída por un gobierno no será legítima, y por tanto no podrá exigirse por sus acreedores, siempre que dicho gobierno haya actuado de manera despótica (v.gr. dictaduras, monarquías absolutistas, democracias corruptas, etc.) y que los fondos recibidos en la operación de crédito no sirvan para el bien de los ciudadanos, conociendo todo ello el acreedor a la hora de firmar el préstamo.

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En definitiva, al igual que en el sistema de Derecho Civil, se trataría de un contrato viciado de nulidad, pues el consentimiento prestado por el Gobierno como representante de su pueblo para tomar el dinero a crédito es doloso, y el acreedor actúa también de manera dolosa al conocer la realidad del negocio y aun así firmar el préstamo. En todo caso, el único obligado a la devolución del préstamo sería el propio gobierno en la figura de sus integrantes, que responderían a nivel personal, o el partido de gobierno como organización.

Dado que en los últimos doscientos años se han repetido distintos casos de impago de Deuda Odiosa tendríamos suficientes precedentes que prueben que se trata de una norma consuetudinaria vigente en Derecho Internacional (Perú en 1821; Portugal en 1832; México en 1867; Cuba en 1898; Costa Rica en 1923; Argentina en 2001; Irak en 2003; Ecuador en 2008; Haití en 2010).

Así todo ello ¿Por qué no reclamar su aplicación para Grecia, Irlanda, Portugal o España, los grandes afectados en Europa por la crisis financiera, con niveles de deuda estratosféricos, y así terminar con sus problemas financieros?.

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Grecia y la Deuda Odiosa

Al margen de valoraciones económicas o morales, y desde un prisma exclusivamente jurídico, está más que claro que la figura de la Deuda Odiosa no es de aplicación a estos casos, puesto que en todos ellos los Gobiernos que han firmado los créditos que componen su deuda externa han sido elegidos democráticamente, según lo previsto en sus legislaciones internas (todas ellas constitucionales) y cumpliendo con las garantías exigidas por la Unión Europea o el Derecho Internacional. De hecho, todos los gobiernos han sido después depuestos por el pueblo de cada país, en nuevas elecciones. El pueblo los votó y el pueblo les quitó el poder. Así también, en todos los casos los fondos recibidos no han sido sino para el mantenimiento de los servicios públicos, las instituciones públicas y la garantía de los fondos depositados por los ahorradores de los bancos nacionales afectados por la crisis. Desde luego, la Unión Europea y demás acreedores han venido prestando fondos de buena fe, y en el marco estable de intereses públicos mutuos, sin que se pueda apreciar mala fe de ninguna manera.

Grecia fue durante años máximo exponente de gasto público y Estado del Bienestar, a costa del crédito europeo e internacional, y su incremento de deuda externa no respondió sino a la refinanciación de un nivel de endeudamiento que tras el estallido de la crisis devino imposible de pagar.

Si su gobierno ahora decide dejar de pagar sus préstamos, no estará actuando de manera legítima al escudarse en la Deuda Odiosa para ello, sino que estará defraudando los legítimos intereses de sus acreedores (entre ellos España con más de 26.000 millones) y debe ser sancionado por ello con cuántas medidas quepan en Derecho Internacional.

Vía | Andrés Muñoz

Más Información | Alberto Garzón  DatosMacro  Deuda Odiosa  Costumbre Internacional

Imágenes | Pixabay  Wikipedia

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