Historia 


Gramsci y su influencia en Podemos

 

Antonio Gramsci fue un intelectual y activista político italiano, además de filósofo y periodista, que fundó y organizó el Partido Comunista de su país, el PCI, elevándose entre las principales figuras del movimiento marxista. De entre éstas destacó, sin embargo, gracias a sus teorías renovadoras que lo distanciaban ligeramente del pensamiento de Karl Marx o Lenin, aunque manteniendo, lógicamente, varios puntos comunes. La importancia de este pensador italiano vuelve a estar a la orden del día en nuestro país, al ser uno de los autores citado con más frecuencia por el núcleo dirigente de Podemos, el partido que ha revolucionado la política nacional.

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Antonio Gramsci

Gramsci nació en Ales, Cerdeña, el 22 de enero de 1891 y logró superar las dificultades físicas (puesto que era jorobado) y familiares (su padre había sido encarcelado por malversación de fondos) para sobresalir por su intelecto en la Universidad de Turín. Fue aquí donde entró en contacto con los círculos socialistas y la influencia intelectual de Benedetto Croce. Su adhesión al Partido Socialista Italiano se mantuvo desde 1913 hasta 1921, cuando, durante el Congreso de Livorno y a raíz del debate suscitado por cómo reaccionar a la Revolución Rusa, fundó el Partido Comunista Italiano. De aquí en adelante, estuvo realmente activo en las cúspides de poder comunistas, empezando por participar en la Tercera Internacional, celebrada en Moscú, y continuando por defender la ortodoxia bolchevique en su propio país, expulsando a los ultraizquierdista acusándoles de “trotskismo”. No obstante, su progreso no pasaba desapercibido en la Italia gobernada por Mussolini desde 1922 y, al año siguiente de que éste obtuviera su poder dictatorial en 1925, se procedió a la detención del teórico marxista, que pasó el resto de su vida en la cárcel hasta su fallecimiento en 1937.

El fundador del PCI produjo una gran obra escrita, sobre todo contenida en los Cuadernos de la cárcel, en la que realiza una revisión original del pensamiento de Marx, en un sentido historicista y tendente a modernizar el legado comunista para adaptarlo a las condiciones de la Italia y la Europa del siglo XX. Del planteamiento de Gramsci resultaba especialmente atrayente la idea de su supuesta heterodoxia o flexibilidad, reflejada en su defensa de que la revolución era un objetivo dinámico, en continua transformación. Y para dotar a dicha revolución de contenido no bastaba con los obreros industriales y el proletariado, sino que todo grupo social explotado podía convertirse en vanguardia revolucionaria, tal y como ya expuso Lenin en el caso de los campesinos rusos.

Ahora, transcurridos ya casi 80 años del fallecimiento del ideólogo italiano, el partido político Podemos, dirigido por Pablo Iglesias, bebe de muchos principios esgrimidos por aquél. Por un lado, observamos el ya citado dinamismo de la revolución, que este partido pretende impulsar en la sociedad española. Sin embargo, existe un tinte interclasista en este objetivo puesto que, a diferencia de las propuestas de Gramsci, no se trataría de la lucha de las clases sociales bajas por una revolución dirigida a la abolición de las clases mismas, sino que lo que se quiere es elaborar un programa de mínimos que pueda suscribir cualquier ciudadano agraviado con las políticas neoliberales actuales. Se trataría, por tanto, de una reforma institucional más que social.

Por otro lado, Gramsci empleó el concepto de hegemonía como contraposición a la dictadura del proletariado, y entendida la primera como la fase de transición de la fase del socialismo al comunismo, siendo éste el punto final en el que se acabaría con el sistema liberal. Para alcanzar el éxito en la revolución resultaba primordial cambiar los valores morales, éticos o, incluso, lúdicos y estéticos para marcar las distancias con la moral burguesa y sus objetivos materiales. En consecuencia, era necesaria una cultura popular, creada por el pueblo para el pueblo, de modo que la revolución sería una consecuencia lógica, casi una necesidad, y sólo los intelectuales estaban capacitados para afrontar esta tarea, por lo que serían ellos los responsables de ir modelando estos valores, extendiéndolos y creando un cambio social. Resulta innegable que, desde la aparición de la formación encabezada por Pablo Iglesias, muchos aspectos en la política nacional han cambiado y se han aplicado algunos elementos destinados a una transformación del comportamiento social. De esta forma, se ha empleado eficazmente una notable y recurrente presencia en los medios de comunicación, sobre todo la televisión, para hacer llegar a la ciudadanía unos conceptos sugerentes, como el de la casta, pero también se han utilizado nuevos métodos asamblearios o nuevas estructuras de acción política, a través de las redes sociales, entre otros medios.

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Cúpula de Podemos: Pablo Iglesias (centro), Juan Carlos Monedero (a su izquierda), Luis Alegre (izquierda de la imagen) e Íñigo Errejón (a la derecha)

Sin embargo, una de las principales diferencias entre los planteamientos de Gramsci y los de Podemos, la localizamos en lo referente a la intelectualidad. El pensador italiano creía que la formación era un paso obligatorio para cualquier militante, de manera que todos y cada uno de ellos pudiera ser capaz de irradiar el cambio social que debían impulsar los intelectuales. La educación, la formación y la acción política suponían, así, los pilares básicos de la actividad revolucionaria. En cambio, en Podemos pareciera como si toda su ideología emanase directamente del reducido grupo de dirigentes que lo encabezan, intelectuales con acreditada formación académica que, de una manera u otra, lo deciden todo en cuanto a lo que directrices, proclamas, consignas y decisiones se refiere. Pese a la apuesta por el movimiento asambleario, se observa que Podemos, hoy por hoy, no tiene los cauces necesarios para la creación de un programa por parte de las bases. De seguir este camino, podría tener lugar una gran contradicción, con desconocidas consecuencias para la formación política liderada por Pablo Iglesias, al enviarse continuos mensajes a la ciudadanía para que se levante contra las castas dirigentes mientras en la cúpula de Podemos se consolida un grupo rector casi omnipotente.

Los planteamientos de Gramsci ya tuvieron una notable influencia durante los años sesenta y setenta en los partidos comunistas de Europa Occidental, en lo que se dio a llamar el eurocomunismo, pero su ductilidad y flexibilidad quedan probadas al seguir siendo una propuesta que sirve de referencia, incluso muchos años después, para la que es, hoy día, la tercera fuerza política en intención de voto en España.

 

Vía| NOGUERA FERNÁNDEZ, ALBERTO, “La teoría del Estado y del poder en Antonio Gramsci” y jesuspinto.blogspot.com.es

Más información| Podemos: ¿una victoria de Gramsci?

Imagen| Antonio Gramsci y Cúpula de Podemos

Vídeo| ¿Qué es la Hegemonía? Pablo Iglesias explica a Gramsci (en 2 minutos)

En QAH| ¿Podemos o no podemos?

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