Historia 


Gonzalo Fernández de Córdoba, El Gran Capitán

Posible retraro del Gran Capitán sobre óleo de Critofano del'Altisimo

Posible retraro del Gran Capitán sobre óleo de Critofano del’Altisimo

Gonzalo Fernández de Córdoba, nacido en Montilla (Córdoba) en 1453, noble de la familia Aguilar, con doce años entró al servicio del príncipe don Alfonso. Tras el fallecimiento del príncipe, es llamado por la reina Isabel para incorporarse a su servicio. Casado con su prima Isabel de Montemayor, pronto quedará viudo y sin descendencia, dedicándose al oficio militar desde ese momento

En 1482 se inicia la guerra de Granada y la participación de Gonzalo en ella.  Destacó en los ataques a Álora, la fortaleza de Setenil, Loja y el asalto al castillo de Montefrío, y finalmente en las negociaciones con Boabdil el Chico que finalizaron con la toma de Granada el 2 de enero de 1492. El señorío de Orvija, rentas sobre la seda y la encomienda de la orden de Santiago fueron las recompensas obtenidas por los excelentes servicios prestados a la Corona.

Italia sería un nuevo frente, y en 1495 fue requerido para esta nueva empresa. La invasión francesa de Nápoles motivó la participación española en el conflicto, siendo don Gonzalo el militar elegido para encabezar los ejércitos.

Gonzalo Fernández de Córdoba, interpretado por Sergio Peris Mencheta en la serie de RTVE Isabel

Gonzalo Fernández de Córdoba, interpretado por Sergio Peris Mencheta en la serie de RTVE Isabel

Tras dos años de lucha, Fernández de Córdoba consigue una exitosa victoria, obteniendo el merecido sobrenombre de “Gran Capitán” así como el título de duque de Santángelo. En 1500 el Gran Capitán fue enviado de nuevo a Italia para aplicar, por parte española, el Tratado de Chambord-Granada (1500), que disponía el reparto del reino de Nápoles entre los Reyes Católicos y Luis XII de Francia. Pronto se iniciaron las hostilidades, y  la superioridad numérica francesa obligó a Fernández de Córdoba a utilizar sus grandes capacidades como estratega. Tras resistir algunos sitios en diferentes plazas, las tropas españolas conseguían vencer a los soldados franceses en dos míticas batallas: Ceriñola y Garellano. Don Gonzalo acabó con la medieval guerra de choque al dotar de mayor responsabilidad a la infantería y emplear la táctica de defensa-ataque.

El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceriñola (Federico de Madrazo y Küntz)

El Gran Capitán recorriendo el campo de la Batalla de Ceriñola (Federico de Madrazo y Küntz)

La Batalla de Ceriñola marca un antes y un después en las tácticas militares, siendo lo más característico  la rapidez con que se desarrolló, pues entre la primera carga francesa y la rendición de dicho bando apenas transcurrió una hora, con 4000 bajas del ejército francés y solamente 100 en el español.

Terminada la guerra, Fernández de Córdoba fue nombrado virrey de Nápoles, pero tras el fallecimiento de Isabel en 1504, don Fernando y Gonzalo inician un distanciamiento que provocó la retirada de Fernández de Córdoba del gobierno napolitano, así como el famoso episodio de las cuentas del Gran Capitán. Don Gonzalo regresó a España donde falleció en 1515, a pesar de intentar obtener en numerosas ocasiones el necesario permiso real para trasladarse al lugar donde consiguió todos sus triunfos.

Poniendo en práctica las ideas de Gonzalo de Ayora, gran reformista e impulsor de las ordenanzas del ejército de los Reyes Catolicos, Gonzalo Fernández dio el predominio a la infantería, capaz de maniobrar en toda clase de terrenos. Dobló la proporción de arcabuceros, armó con espadas cortas y lanzas arrojadizas a dos infantes de cada cinco, y puso en práctica un escalonamiento en profundidad, en tres líneas sucesivas, para tener  reserva y posibilidad de maniobra.

Dividió los batallones en compañías, cada una de las cuales se colocaba a la altura y a la derecha de la que le precedía, con lo que se lograba fácilmente la formación de combate. La superioridad de este modelo radicaba en su mayor capacidad de dividirse en unidades más móviles hasta llegar al cuerpo a cuerpo individual, y la fluidez táctica que favorecía la predisposición combativa del infante español. En este sentido, Don Gonzalo adiestró a sus hombres mediante una disciplina rigurosa y formó su moral despertando en ellos el orgullo de cuerpo, la dignidad personal, el sentido del honor nacional y el interés religioso. Hizo de la infantería española aquel ejército formidable del que decían los franceses, después de haber luchado contra él, que “no habían combatido con hombres sino con diablos”.

Sin duda una buena base que derivó en la creación de los populares tercios españoles que acabarían dominando buena parte del mundo e invictos hasta el desastre de Rocroi en 1643.

En colaboración con QAH| Rumbo a la Historia

Vía| El Gran Capitán, ArteHistoria

Imágenes| ForoXerbar,  RTVE,  Museo del Prado

Vídeo| Youtube

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