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Gone Girl… Cuando la abundancia de recursos pasa a ser demasiado

gone girl“¿Has oído la expresión, “la respuesta más simple es siempre la correcta”?, La verdad, eso nunca me resultó”

Piensa por un segundo que te estás preparando una pizza, e intenta decidirte, le agregas mozzarella? no le agregas mozzarella? Imagina que ya tiene aceitunas, pepperoni, jamón serrano… le agregas mozzarella? Esa misma duda existencial fue la que quizás tuvo David Fincher mientras preparaba Gone Girl (Perdida). Ya tenía un guión perfecto, suficiente, redondito, casi tanto como esta pizza, pero después se le ocurrió agregarle mozzarella y ya lo ves, casi se le fue de las manos. Esto no quiere decir que la pizza vaya a quedar mala si le agregas más ingredientes, no, es sólo que si ya estaba perfecta, para qué, pero para qué agregarle más?

Antes de alabar o empezar a odiar esta película, vale la pena acotar que David Fincher es probablemente uno de los directores más interesantes del último tiempo, y uno de mis favoritos – bah, tanto mío como de mi equipo de www.quepeliculaverhoy.cl – Tiene grandes, tremendas, impresionantes películas que probablemente nunca olvidemos: Fight Club, Seven, The Game, etc. Partiendo de esa premisa, es recomendable sentarse e intentar no perder ningún detalle de Gone Girl.

El argumento pintaba bien, una mujer joven/guapa/encantadora/la-quiero-para-mí, de un día para otro se pierde, desaparece, shazam! Su esposo, desesperado, empieza a buscarla hasta en los bolsillos del pantalón que usó la semana pasada. Hasta ahí al menos es lo que muestra el trailer, y está bien, pinta perfecto. Pero después la película te empieza a contar algo diferente y te das cuenta que el trailer en realidad te estaba mintiendo, la película es mucho más que esos 2.28 minutos que dura el video promocional. Tiene giros, flashback, racconto, y todos esos lindos recursos de guión que siempre se aplauden. Los personajes no sólo se engañan entre ellos, sino también te engañan a ti, mientras avanza la película no sabes qué es lo que debes hacer, a quién apoyar, a quién odiar, quién es el malo, quién es el bueno, wait! seré yo el malo? Ya la película lleva una hora y media y tú sólo quieres pararte a aplaudirla, agradecer porque una vez más Fincher lo hizo, te engañó, te hizo crear expectativas, te las bajó, te hizo ver una historia que no era la verdadera, y eso siempre, siempre se agradece.

El problema – y aquí empieza el “pero” – es que cuando la historia iba en subida, te tenía con las pupilas dilatadas y con ganas de agarrar la butaca de adelante y gritar “cómo carajo va a terminar esto!!”, la película tiene un bajón más grande que el que te da cuando se te acaba la cerveza una tarde de calor. Algunos personajes se transforman, aparecen nuevas fuerzas, diferentes al protagonista y antagonista, y como que la cosa se desordena un poco. Al menos no fue tanto como para echar abajo la obra completa, pero sí como que le pone freno de mano a la subida, y ahí se tranca un poco.

Insisto, la película es buenísima, te asombra, te hace dudar hasta de ti mismo, de tus valores, tus creencias, tus miedos, pero cuando decide agregar mozzarella, se estanca un poco. Bueno, lección aprendida, menos es más, tres ingredientes para una pizza son mejor que cuatro, pero no por eso no vamos a aplaudir y a recomendar esta muy buena película. Para verla cuando crees estar seguro de tus creencias, tus valores, y tus fuerzas, todo eso temblará mientras avanza Gone Girl.

 

 

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Imagen| Gone Girl

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