Patrimonio 


Un pintor barroco en la China imperial

El relativo aislamiento que históricamente había condicionado a China respecto a Occidente empezó a quebrarse en el s. XVI con la llegada de navegantes y descubridores europeos, para confirmarse durante el XVII con el asentamiento de occidentales en el país. La interacción entre ambos mundos se volvió tan dinámica que favoreció que un artista europeo, Giuseppe Castiglione, ocupase un puesto de prestigio en la hermética corte imperial china.

Castiglione, nacido en Milán en 1688, se formó en el arte de la pintura barroca. Hacia 1707 se ordenó miembro de la pujante Compañía de Jesús. En aquel entonces los gobernantes de la dinastía Qing ya impulsaban la marcha de intelectuales hacia su corte para impregnarse de los avances científicos y artísticos occidentales. Bajo el mandato del emperador Kangxi, Castiglione llegó a China en 1715 para servir como pintor, y cumplir con la labor evangelizadora encomendada por la Iglesia.

Algunas obras de Giuseppe Castiglione. Véase su interés por lo cotidiano y su instinto fotográfico para captar escenas.

La dinastía Qing, última de las dinastías imperiales en China, fue instaurada por la minoría étnica manchú, pueblo nómada del noreste. No era extraño el rechazo que los manchúes recibieron al ser vistos como intrusos, y por ello su necesidad, en el ámbito artístico, de crear una identidad que consolidara su poder, que se acercara a sus súbditos, sin limitarse meramente a copiar las viejas glorias de dinastías pasadas. Y en ese sentido el conocimiento importado desde Europa fomentaría el surgimiento de un arte propio.

En su primera recepción imperial, el emperador ordenó a Castiglione pintar de inmediato un pájaro, y el artista se desenvolvió con soltura tal que, por un momento, Kangxi dudó si la criatura era real. Enseguida decidió contar con el pintor para sus encargos y le asignó 10 discípulos. Comenzaba una larga carrera de éxito al servicio de hasta tres emperadores, que haría de Castiglione, llamado desde ese momento Lang Shining, el más célebre de cuantos artistas occidentales trabajaron en China.

Castiglione se dedicó casi exclusivamente a pintar, adaptándose a las convenciones locales y al gusto cortesano de los Qing. Para ello tradujo sus conocimientos artísticos a los cánones orientales. Como artista del barroco, otorgaba especial protagonismo a la perspectiva, el color y los contrastes. Fue precisamente él quien consolidó el uso de la perspectiva lineal en la pintura china. De hecho, uno de sus discípulos, Nian Xiyao, realizó bajo la supervisión de Castiglione –o quizá con su colaboración– el primer tratado en chino sobre perspectiva. De igual modo, el artista milanés suavizó el dramatismo barroco porque los claroscuros eran considerados triviales e impuros, o un mal presagio; de ahí el volumen discreto y la frontalidad marcada en su obra. Así pues, desarrolló un estilo que aglutinaba técnicas y temas europeos y orientales, siempre según el gusto chino. Por otro lado, la meticulosidad y los instantes fotográficos reflejan su observación detenida de lo cotidiano, un ideal propio del pensamiento oriental.

Cien caballos, ca. 1728, Museo Nacional del Palacio, Taipéi. Concebido como una especie de friso arquitectónico, este rollo de seda de casi 8 metros de largo es la síntesis de la fusión artística de Oriente y Occidente.

Sus encargos oscilaban entre sencillas representaciones de la naturaleza y formas arquitectónicas en un principio y objetos cotidianos, escenas bélicas o bucólicas y retratos posteriormente. También ejecutó ilusiones escénicas, una suerte de trampantojo influida por la quadratura italiana y destinada a cubrir paredes y techos de estancias imperiales, como en la Ciudad Prohibida. Solía emplear tinta china y pigmentos minerales sobre seda que, a diferencia del lienzo europeo, no permitía correcciones o arrepentimientos y requería precisión.

Aunque su obra más conocida es Cien caballos, sus retratos cortesanos eran especialmente apreciados. Este género experimentó gran renacer al concebir una nueva manera de celebrar al monarca. Hasta ese momento, el retrato cortesano en China estaba reservado al ámbito privado y ritual. También, en la tradición artística china, el emperador era representado de frente, con suntuosidad y entronizado. Castiglione manipuló estos recursos para conceder autoridad y virtuosismo, pero creó además escenas más humanas y familiares; moderó la simetría y el hieratismo imperantes para rescatar el naturalismo y reparar con delicadeza en pliegues, texturas, pequeñas sombras y la psicología de la mirada. Desde entonces, los retratos imperiales se multiplicaron y difundieron como encarnación del orden moral que tanto preocupaba a los Qing, y a la Iglesia.

El emperador Qianlong. 1736, Museo del Palacio, Pekín. Castiglione lo representó aquí como manifestación del soberano ideal: sabio, gentil y sereno.

Castiglione supo labrarse notoriedad creciente y en el reinado de Qianlong alcanzó la cima de su producción. Este emperador, que conocía al artista desde niño, lo hizo su protegido y retratista oficial, entre muchas otras distinciones, como ser el primer occidental que accedió a las estancias privadas de los soberanos. Esta cercanía al poder era beneficiosa para la Iglesia, ya que proporcionaba influencia e intereses económicos. Sin embargo, tal éxito pudo tambalearse. Los privilegios de Castiglione en la corte contrastaban con los preceptos austeros de la Compañía de Jesús –existe constancia de una operación especuladora en la que el milanés pudo verse involucrado–. Aunque China había sido tolerante con los cristianos, Kangxi se mostró contrariado por las injerencias políticas y sociales de la Iglesia, considerando que había llamado a los intelectuales y religiosos para trabajar para la corte y no para seguir directrices desde Europa; su sucesor, Yongzheng, viendo la evangelización como amenaza, persiguió y expulsó a muchos cristianos.

En cualquier caso, la posición de Castiglione no se deterioró. Qianlong lo reclutó para uno de sus proyectos más ambiciosos: diseñar un conjunto palatino de estilo barroco europeo –Xiyang Lou– dentro del complejo del Palacio de Verano. La construcción, iniciada en 1747, presentaba una arquitectura fantástica que rememoraba a Guarino Guarini y Borromini. Incluía jardines laberínticos y fuentes de gran ingenio técnico creados por otros europeos. Todo ello fue tristemente destruido hacia 1860, durante la Segunda Guerra del Opio.

Grabado de una de las vistas del complejo Xiyang Lou. Se aprecia además la célebre y desaparecida Fuente del Zodíaco.

El artista milanés murió en China en 1766, recibiendo sepultura con todos los honores. Su legado artístico, todavía no reconocido con justicia en Occidente, supone un preludio de la modernidad y la mundialización, así como un encuentro entre culturas que en contadas ocasiones ha ocurrido de forma tan armoniosa. Hoy su obra se encuentra repartida principalmente entre esas dos mitades irreconciliables que parecen ser China y Taiwán. Repensar figuras como la de Giuseppe Castiglione podría servir para aparcar, al fin, las diferencias.

 

Vía| MUSILLO, Marco: Reconciling Two Careers: the Jesuit Memoir of Giuseppe Castiglione Lay Brother and Qing Imperial Painter; PIRAZZOLI-T’SERSTEVENS, Michèle: Giuseppe Castiglione et le renouveau du portrait impérial au XVIII esiècle; KLEUTGHEN, Kristina: Bringing Art to Life: Giuseppe Castiglione and Scenic Illusion Painting; VAMPELJ SUHADOLNIK, Nataša: Ferdinand Augustin Hallerstein on Giuseppe Castiglione’s Art; CASTILLA, Manuel V.: Giuseppe Castiglione (Lang Shining), precursor de la primera mundialización pictórico-arquitectónica; GERNET, Jacques: El mundo chino.

Más información| MUSILLO, Marco: Bridging Europe and China: The Professional Life of Giuseppe Castiglione (1688-1766); MUSILLO, Marco: The Shining Inheritance: Italian Painters at the Qing Court, 1699-1812; Xiyang Lou.

Imagen| El Hurgador [Arte en la Red]Wikimedia Commons, Wikimedia CommonsPinterest.

En QAH| El japonismo en España: Mariano Fortuny; El japonismo en Van Gogh; La pintura china y Qi Baishi.

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