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Giorgio de Chirico: la pintura como metafísica

Griego de nacimiento, Giorgio de Chirico, vivió sus primeros años entre las ciudades de Atenas y Florencia, antes de trasladarse al territorio germánico en 1906. Durante su periplo alemán, estudió Bellas Artes en la ciudad de Múnich, donde se aproximó a las tendencias filosóficas que se habían desarrollado en el territorio, acercándose al mismo tiempo a la obra de distintos pintores simbolistas. Artistas como Max Kinger y Arnorld Böcklin ejercieron una gran influencia en él, extrayendo de ellos una visión onírica de los objetos y un interés hacia los elementos clásicos propios de la arquitectura y la escultura.

The-Enigma-of-an-Autumn-Afternoon

The Enigma of an Autumn Afternoon (1910)

Tras volver a Italia, de Chirico comenzó a conjugar su concepción artística, conformando en su obra una escenografía, a través de la utilización metáforas y elementos narrativos. Mediante el uso de juegos compositivos y elementos coloristas, contribuía a mantener la ambientación escénica, en la que la perspectiva aportaba una percepción real, que al mismo tiempo era ficticia. De esta forma, realizaba paisajes silenciosos, en los que aparecían espacios infinitos, torres de enormes dimensiones y grandes plazas, donde el misterio y el enigma serían una constante.

El estudio de la filosofía existencialista, junto a la lectura a su vez de la obra de Nietzsche y Schopenhauer, llevaría a Giorgio de Chirico a plantear los distintos significados que un objeto podría tener, transmitiendo su propia percepción de la realidad al soporte pictórico, transfigurando en símbolos el mundo circundante. Giorgio de Chirico expresaba su temor ante el infinito mediante el aislamiento de esculturas, arquitecturas renacentistas o ruinas, estableciendo paisajes en los que el tiempo aparece suspendido y eterno.

La obra de Giorgio de Chirico representaba una realidad descontextualizada, extrayendo a ésta de la propia visión formal. Conseguía transfigurar la visión habitual de una arquitectura o una plaza, plasmando los diferentes elementos de la composición, asociados entre sí en distintos contextos. De esta forma, otorgaba una visión trascendental del objeto cotidiano, más allá de la realidad habitual, recibiendo a causa de ello el nombre de pintura metafísica.

The Seer (1914-1915)

Durante la segunda década de los años XX, alrededor de 1916, de Chirico fundó, junto a Carlo Carrá, la conocida como escuela metafísica, que incluía dentro de la misma a artistas como Alberto Saviano, Giorgio Morandi y Filippo de Pisis. Al mismo tiempo, continuó su producción artística, con la inclusión de nuevos planteamientos, entre los que destacó el uso del maniquí. A través de éste, el artista realizaba una critica a la sociedad occidental contemporánea, reduciendo al hombre a un objeto, un autómata deshumanizado, dentro de un mundo cosificado, en el que los avances científicos-técnicos regían sobre la humanidad. Al mismo tiempo, esta ausencia de humanismo se escondía tras una mascara a nivel colectivo, mostrando la decadencia de occidente.

La figura de Giorgio de Chirico supuso una de la mayores influencias en movimiento artísticos posteriores como el Surrealismo, siendo un referente para artistas como Salvador Dalí, Max Ernst o René Magritte. Sin embargo, en torno a 1925 su obra experimentó un cambio hacia una vertiente más convencional con figuras más realistas, causado en parte por la vuelta al orden que se estableció en Europa tras de Primera Guerra mundial. Esta alteración causó una gran crítica por parte de los artistas surrealistas que había influenciado con anterioridad, conllevando a su vez, la pérdida de interés hacia su obra a lo largo de los años. Finalmente, murió en 1978 con noventa años de edad.

Via| SÁENZ, O. (1990) Giorgio de Chirico y la pintura metafísica, Mexico, Universidad Autónoma de Mexico

Más información| MoMA

Imagen| EnigmaSeer

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