Patrimonio 


Gian Lorenzo Bernini (VI): de San Pedro a la gloria

Dejábamos el anterior episodio de la vida del artista en la conclusión del Papado Pamphilj. En 1655 ocupaba la silla de San Pedro Fabio Chigi con el nombre de Alejandro VII, un Papa interesado en las artes; junto con  Urbano VIII fue el pontífice con el que más brilló la carrera de Bernini.

El encargo más desafiante de todos los que recibirá del Papa Chigi fue el proyecto de la Plaza de San Pedro. La iglesia madre de la cristiandad estaba abierta a un espectáculo poco decoroso: un espacio irregular delimitado por edificios antiguos. Además de eso, el obelisco inaugurado en 1590 no estaba centrado y la fachada resultaba desproporcionada -demasiado ancha para su altura-. Bernini ve la posibilidad de resarcirse de su mayor derrota, la demolición de los campanarios vaticanos, y trabajó frenéticamente en la idea hasta presentársela al Papa en mayo de 1657.

Vista de la Plaza de San Pedro según proyecto de Bernini, en la cinta se lee "FVNDAMENTA EIVS / IN MONTIBVS SANCTIS". Fundición de Gaspare Morone, 1657.

Vista de la Plaza de San Pedro según proyecto de Bernini, en la cinta se lee “FVNDAMENTA EIVS / IN MONTIBVS SANCTIS”. Fundición de Gaspare Morone, 1657.

Poco tiempo después el proyecto se grababa en una medalla de bronce, en la que se aprecia el gran parecido con la plaza actual. Por motivos económicos nunca llegó a construirse el tercer brazo que vemos en el centro, lo que abrió la plaza a la vía de peregrinación hacia San Pedro, hoy la Via della Conciliazione. La aparente simplicidad del conjunto no enmascara la genialidad de su concepción . La plaza se articuló en dos partes: el espacio oval entre dos grandiosos hemiciclos y un trapecio cuyos laterales, partiendo de la columnata, divergen hasta la fachada, resultando más equilibrada por el efecto óptico.

Panorámica de la Plaza de San Pedro.

Panorámica de la Plaza de San Pedro.

La columnata, vista por muchos como un abrazo de la Iglesia a sus fieles, se compone de 284 columnas de orden dórico, unidas con un sencillo arquitrabe y coronadas por 140 estatuas de santos y 6 emblemas del Papa Chigi. Bernini consigue un grandioso efecto escenográfico que hace de San Pedro una absoluta obra maestra.

escala regia

Escalera Regia, a la derecha Constantino a caballo.

Entre 1663 y 1666 se ocuparía de la Escalera Real, a la derecha de la basílica, nexo de unión entre el pórtico de San Pedro y el Palacio Apostólico Vaticano. Era por tanto un elemento de prestigio que debía mostrar el poderío del Papa. Los problemas estructurales eran notables: se trataba de un espacio demasiado largo y estrecho sin apenas luz. Bernini lo soluciona de nuevo con un efecto óptico, tan típicos del Barroco. Sitúa junto a los muros una fila de columnas que disminuyen su diámetro y su altura hacia la cumbre, recurso similar al de Borromini en el Palazzo Spada. El espacio se cubre con una bóveda de cañón cubierto de casetones que ayuda a enmascarar el engaño. A los pies de la escalera se encuentra Constantino a caballo, escultura llevada a cabo en estos años.

Durante estos años Bernini probó su habilidad como diseñador de iglesias, algo que insólitamente comenzó a los 60 años. Casi simultáneamente se erigen las iglesias de Sto. Tomás de Villanueva de Castelgandolfo (1658-1661), Sta. María de la Asunción de Ariccia (1662-1664) y San Andrés del Quirinale, en Roma. Son templos de pequeño tamaño, con plantas centralizadas: cruz griega, circular y ovalada respectivamente. La mas importante es San Andrés, encargada por el cardenal Camillo Pamphilj, y cuya primera piedra se colocó en 1658, terminándose en 1670. Su rasgo más característico es que el eje transversal de su planta ovalada es más largo que el principal de acceso-altar. Los muros se articulan gracias a una serie de pilastras coronadas por un sólido entablamento desde el cual San Andrés se eleva al cielo. Las severas líneas de la arquitectura tienen un propósito casi escultórico.

montaje san andrea

Vista interna de la cúpula de San Andrés y de su fachada.

En 1665 Bernini viaja a Francia como artista cedido al rey Luis XIV, que le requiere para reestructurar el Palacio del Louvre. Pronto el artista comenzó a granjearse enemistades. Diseñó cuatro plantas y fachadas para el Louvre que no pudieron evitar las críticas de su anfitrión Colbert. Finalmente no se llevaron a cabo pero su estancia no fue en balde, realizando un Busto de Luis XIV, un estudio noble y solemne de la autoridad de la monarquía. Sus críticos señalaron algunas diferencias entre el rey y su representación, a lo que Bernini contestó: «Mi rey durará más que el vuestro». Apenas seis meses después de su llegada Bernini fue feliz de volver a Roma y los franceses de librarse de él.

Alejandro VII fue feliz a la vuelta de su artista y lo tuvo con él hasta su muerte en 1667. Tres meses después, fallecía también Borromini, su gran enemigo, herido -accidentalmente o no- con su espada. Los últimos años de su existencia estuvieron marcados por una obsesión por la perfección que lo consumieron poco a poco, sobre todo a partir de que perdiera, en 1657, el cargo de arquitecto jefe de las obras de Plaza Navona. En una época y un lugar en que el saber estar era habilidad requerida tanto como el genio, Borromini nunca llegó a encajar. Bernini, a pesar de sus encarnizados enfrentamientos de juventud, supo despedir a su compañero de profesión, pues ambos fueron creadores de la Roma que hoy conocemos y que nos fascina.

Mienten, mienten quienes dicen que lo envidié. ¿Cómo podía envidiarle yo, el Arquitecto de Dios? […] De todas formas, no me alegré; nunca lo hice, y mienten quienes afirman lo contrario. […] Muy al contrario, me sentí entristecido; entristecido por perder mi piedra de toque, porque el arte perdió a un gran talento, porque Roma quedaría algo más huérfana.

G. L. Bernini.

Vía| PINTON, Daniele. Bernini. I percorsi dell’arte, ATS Editrice, Roma, 2009.

Más información| JmHdezHdez, KARSTEN, Arne. Bernini. Il creatore della Roma Barocca, Salerno Editrice, Roma, 2007.

Imagen| Medalla, Plaza de San Pedro, Escalera RealSant’Andrea (1), Sant’Andrea (2), Sant’Andrea (3).

En QAH| Serie G.L.Bernini: I. Los primeros añosII. Los grandes encargos BorgheseIII. Su enemistad con Borromini, IV. El ocaso del Papado Barberini, V. Una madurez de dificultades y éxitos

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