Patrimonio 


Gian Lorenzo Bernini (V): una madurez de dificultades y éxitos

La verdad desvelada, ca.1646-1652

La verdad desvelada, ca.1646-1652. Galleria Borghese, Roma.

Dejábamos nuestro relato de la vida del artista en 1644.  Al fallecimiento de Urbano VIII le siguió el nombramiento de Inocencio X, nacido Giovanni Battista Pamphili. Esto supuso un mazazo para Bernini, pues era conocido el odio que Inocencio tenía a la familia del anterior Papa y a todos sus partidarios. A esto se unía el resentimiento que toda Roma guardaba a los Barberini y el juego político de la Europa del momento: los Pamphili eran filoespañoles –el propio Papa era descendiente de la familia Borja- mientras que los Barberini, y por tanto Bernini, eran partidarios de Francia, si bien Gian Lorenzo tendría contactos con España a lo largo de su carrera, como bien demostró una reciente exposición en el Prado.

A pesar de no comulgar en demasía con el artista, Inocencio X no desplaza a Bernini de los trabajos que está llevando a cabo en el Vaticano. Entre ellos se encuentra el que será su gran espina clavada: los campanarios fallidos de San Pedro. La fachada de San Pedro tenía un problema, y es que resultaba muy ancha para su “escasa” altura, otorgándole un aspecto achaparrado poco adecuado para su solemnidad. Este inconveniente no podía solucionarse aumentando su altura, ya que taparía la cúpula de Miguel Ángel, el orgullo del templo. Así pues, la solución dada por Bernini fue erigir dos torres a ambos lados, que darían altura a la fachada y no obstaculizarían la visión de la cúpula. En 1637 comienzan las obras y en 1641 se inaugura la torre sur, pero pronto aparecerían problemas: a los dos meses unas enormes grietas comenzaron a poblar la estructura.

A la izquierda, proyecto de Bernini para la fachada de San Pedro. A la derecha, estado de la fachada cuando se decide derrumbar el campanario.

A la izquierda, proyecto de Bernini para la fachada de San Pedro. A la derecha, estado de la fachada cuando se decide derrumbar el campanario.

La resolución se alargó durante años. Se inició una investigación sobre las grietas en la que testificaron los grandes arquitectos del momento como Francesco Borromini. Los enemigos de Bernini no desaprovecharon la oportunidad, señalándole como un escultor que jugaba a ser arquitecto, más interesado en la espectacularidad que en los cálculos. Por su parte, Bernini echó la culpa a los cimientos de Maderno –táctica poco elegante la de culpar al que no se puede defender – y al terreno de la colina vaticana. Finalmente, en 1646 se ordenó derribar la torre sur y no seguir el proyecto.

Fuente de los Cuatro Ríos, ca. 1648-1651.

Toda Roma se ensañó entonces con Bernini, para quien las críticas y burlas eran como una losa, acostumbrado como estaba al halago. Se sumió en un estado de depresión que intentó aliviar como mejor sabía: esculpiendo. Destaca en este momento La verdad desvelada, un trabajo que le salió del corazón: Bernini esculpe para sí, no para un cliente, y escoge un tema muy esclarecedor. La Verdad, simbolizada por una mujer que sostiene un Sol (la luz), es destapada, mostrando su desnudez. No llegó a esculpir la figura del Tiempo, un anciano que retiraría el manto. Así, la metáfora está completa: el paso del tiempo desvelaría la verdad, es decir, le daría la razón a él.

Bernini se reconcilió con Roma y con el Papa Pamphili rápidamente, regalando a la ciudad unos de sus monumentos más emblemáticos, la Fuente de los Cuatro Ríos. Su situación, en el centro de plaza Navona, le otorga una magia especial. Un gran bloque de travertino tallado sirve de soporte para un gigantesco obelisco. Bernini diseñó conceptualmente el pedestal pero no tocó el cincel: las figuras de los ríos fueron esculpidas por sus ayudantes. Bernini cautiva por el empleo de motivos naturalistas como la roca, la concha o la vegetación, así como el tratamiento revolucionario de los surtidores de agua.

cuatrorios

De izquierda a derecha: Río de la Plata, Danubio, Ganges y Nilo. La leyenda cuenta que el Río de la Plata tiene gesto de horror ante la fachada de Santa Inés en Agonía, diseñada por Borromini, pero no es más que eso, una leyenda. La iglesia se erigió cuando la fuente ya estaba finalizada.

Paralelamente al trabajo en la fuente Bernini deja su impronta con otros proyectos, como el Monumento funerario de Maria Raggi, con el que revolucionó por la innovadora concepción del monumento, o con la conocidísima Capilla Cornaro, en Santa María de la Vitoria. Esta pequeña iglesia, a caballo entre la estación de Termini y el barrio del Quirinal, alberga una de las joyas escultóricas de Gian Lorenzo y de todo el arte barroco: el Éxtasis de Santa Teresa. La capilla es el perfecto ejemplo de la combinación de teatralidad y arte que Bernini logra, unificando todas las artes en un efecto abrumador. Pintura fundida en escultura que se funde en arquitectura. La santa recibe la flecha de amor del ángel, mientras los miembros de la familia Cornaro asisten desde balcones, como si de un drama se tratase. La vista no descansa cuando se está en la capilla; no solo la magnífica escultura del Éxtasis llama tu atención, también el juego de mármoles de distinta tonalidad, la combinación de las formas y el manejo de la luz, gracias al recurso de un rompimiento de gloria que, hábilmente sustentado por la luz natural que llega desde la ventana, ilumina de forma casi divina este recodo del templo.

Capilla Cornaro, ca. 1648-1653. Santa María de la Victoria, Roma.

El pontificado de Inocencio X fue, en definitiva, una época de lacerantes fracasos pero también de grandes éxitos en la vida de Bernini. Muchos de sus estudiosos consideran las décadas de los cuarenta y los cincuenta como uno de los momentos más creativos del artista y en los que más supo demostrar su genio, dejando para la posteridad obras que ejemplificarían a la perfección el estilo barroco, aquél que no podríamos entender sin el nombre de Bernini.

 

Vía| PINTON, Daniele. Bernini. I percorsi dell’arte, ATS Editrice, Roma, 2009.

Más información| JmHdezHdez, Cornisa, WITTKOWER, Rudolf. Arte y arquitectura en Italia 1600-1750, Cátedra, Madrid, 2010

Imagen| Verdad desvelada, Fachada de San Pedro (grabado)Fuente de los cuatro ríos, Capilla Cornaro

En QAH| Bernini (I): los primeros añosBernini (II): los grandes encargos BorgheseBernini (III): su enemistad con Borromini, Bernini (IV): el ocaso del Papado Barberini

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