Patrimonio 


Gian Lorenzo Bernini (III): su enemistad con Borromini

«Este niño será el Miguel Ángel de su tiempo». Papa Paulo V sobre Gian Lorenzo Bernini.

Borromini

Retrato de Borromini, nacido Francesco Castelli.

¿Cómo separar la verdad del mito en las biografías de grandes personajes? Varias son las anécdotas en las que se saca a relucir el increíble talento de Bernini en su juventud -auspiciadas siempre por biógrafos como su hijo Doménico -. ¿Se veía en él al Miguel Ángel de su tiempo con apenas veinte años? Eran palabras mayores: el florentino había dejado un legado artístico inconmensurable (una vida de 80 años y un inmenso talento es lo que tienen). Lo cierto es que, casi setenta años después de serlo Miguel Ángel,  Bernini fue nombrado Maestro de la Reverenda Fábrica de San Pedro en 1629. Terminar San Pedro de una vez, después de ciento veinte años de obras y cambios de proyecto, era un encargo deseado por el prestigio que acarreaba y temido por su dificultad. En la vida personal de Bernini, fue el desencadenante de uno de los odios más lacerantes en toda la Historia del Arte, el que enfrentó a Gian Lorenzo con Francesco Borromini.

¿Cómo se desencadenó la mala relación entre dos artistas que, sin su existencia coincidente en el tiempo, no podría hablarse del arte barroco con propiedad? Sus personalidades fueron radicalmente distintas; donde Bernini triunfaba siento un hábil y diplomático cortesano, Borromini no mostró sintonía con el ambiente que lo rodeaba. Con un gran sentido de la honestidad y del honor, Francesco Borromini fue un hombre de carácter difícil. Nacido en Bissone (Suiza) en 1599, comenzó a formarse en Milán como escultor decorativo. Llegó a Roma en 1619 con una gran carta de presentación, pues era pariente lejano nada menos que de Carlo Maderno, por aquel entonces el arquitecto titular de San Pedro. Con él comenzó a trabajar, dejando su impronta en escudos, volutas, balaustradas y putti que adornan la basílica del Vaticano.

Escalera helicoidal, una gran gesta de Borromini. Palazzo Barberini

Escalera helicoidal, una gran gesta de Borromini. Palazzo Barberini, Roma.

La primera gran afrenta llegó en 1624. Bernini estaba aún enfrascado en la conclusión de Apolo y Dafne cuando el nuevo Papa Urbano VIII lo reclama para San Pedro. Maffeo Barberini -su nombre seglar- era un entusiasta de su trabajo, en detrimento de otros artistas de Roma. Uno de los damnificados fue el anciano Carlo Maderno. Un larga disputa sobre cómo debía ser la basílica madre de la cristiandad había enemistado tiempo atrás a Maderno con el Papa cuando éste era aún cardenal. La venganza llegó en un terreno muy doloroso para Maderno: el proyecto del Baldaquino, el gran catafalco que cubriría el altar y la tumba de San Pedro, recayó en un joven de 26 años. La humillación fue grande, igualada por la ira que sintió Borromini, que adoraba a su maestro.

Bernini, Borromini y Maderno estaban destinados a convivir. Mientras trabajan en San Pedro colaboran también en la construcción del Palazzo Barberini para la familia del Papa. De las intervenciones de este momento, la escalera helicoidal proyectada por Borromini superaría con creces a aquélla diseñada por Bernini, en partes opuestas de la residencia. Paralelamente, Bernini también se ocupa de restaurar la fachada de la pequeña iglesia romana de Santa Bibiana y de realizar la escultura de dicha santa. El napolitano, no obstante, no descuida el que es su gran encargo, el baldaquino.

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Baldaquino de San Pedro, ca. 1624-1633. Basílica del Vaticano, Roma.

Baldaquino de San Pedro. Detalle.

Baldaquino de San Pedro. Detalle.

Bernini proyectó el Baldaquino de San Pedro teniendo muy presentes las ideas previas de Maderno, al que consideraba un gran arquitecto; una de las propuestas que mantuvo fueron las célebres columnas salomónicas, emblema mismo del badalquino y de la personalidad del Barroco. Hoy en día esta estructura asombra a todo aquél que entra a la basílica. El gran altar de oro y bronce enmarca el ábside de una forma magistral: lejos de “estorbar” visualmente, su presencia provoca que el templo parezca aún más largo. Bernini consigue el primer gran triunfo con mayúsculas de su carrera haciendo creer a todos que esta inmensidad de 30 metros de altura es algo etéreo. La decoración que lo cubre es de una finura sin igual: ramas de olivo y laurel, abejas (el símbolo de los Barberini) y angelotes pueblan las columnas. El remate lo componen cuatro grandes volutas que sostienen un orbe, junto a más ángeles y putti que portan símbolos papales: la tiara, las llaves…

La inauguración de este proyecto no llegaría hasta 1633; cuatro años antes Maderno fallecía. A su muerte, hubiese sido lógico que Borromini, su asistente durante años, su alumno predilecto, heredase la fábrica. Ésto hubiese le premiado con el trabajo más importante de la cristiandad. Pero existiendo Bernini, la lógica no imperó, y el Papa otorgó a su favorito el honor de terminar la basílica. A pesar de su juventud (30 años) sus logros demostraban que jugaría un gran papel concluyendo San Pedro. Todos lo vieron así menos Borromini… A partir de este momento se gestó un odio que perduraría con los años, avivado por polémicas y desplantes: ambos no perdían oportunidad de menospreciar la obra del otro.

Durante décadas, la supremacía de Bernini o Borromini dependió del “gran juego” que suponían las relaciones y los contactos. Quienes habitaron la Roma del siglo XVII fueron afortunados de poder asistir al choque de estos dos titanes, dos artistas únicos en la Historia del Arte, como único es el legado que cada uno nos dejó, y que no podemos entender sin el del otro. 

 

Vía| MORRISSEY, Jake. Geni rivali. Bernini, Borromini e la creazione di Roma barocca, Laterza, Bari. 2007. KARSTEN, Arne. Bernini. Il creatore della Roma Barocca, Salerno Editrice, Roma, 2007.

Más información| PINTON, Daniele. Bernini. I percorsi dell’arte, ATS Editrice, Roma, 2009. WITTKOWER, Rudolf. Arte y arquitectura en Italia 1600-1750, Cátedra, Madrid, 2010 (10ª edición).

Imagen| Retrato de Francesco Borromoni, Escalera helicoidalBaldaquinoDetalle del Baldaquino,

En QAH| Serie G.L.Bernini: I. Los primeros añosII. Los grandes encargos Borghese, IV. El ocaso del Papado Barberini, V. Una madurez de dificultades y éxitos, VI. De San Pedro a la gloria

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