Historia 


Génesis de El Príncipe

Establecemos nuestra atención en la fragmentada península italiana de finales del siglo XV. Allí empieza un fenómeno cultural que advierte el final de la Edad Media. El individuo emerge entre el poder temporal del Emperador y el espiritual del Papa. La autoridad de ambos, se está desvaneciendo.

Mundialmente conocido, el Renacimiento es un momento de esplendor de las artes. No obstante, los grandes logros en el campo intelectual, artístico y técnico, contrastan con la brutalidad política, cargada de violencia. Hay decenas de ejemplos, pero será más que suficiente mencionar los papados Julio II y Alejandro VI, los tres tétricos años de Savonarola en Florencia y la virulenta lucha Medici-Pazzi. La belleza de Florencia esconde mucha sangre vertida.

Entre tanta convulsión, encontramos a un jovencísimo Maquiavelo. A los 29 años ingresa en al servicio de la República de Florencia (1498). Poco tiempo después, asciende. Lo sitúan como encargado del secretariado de Los Diez de Libertad y Paz, grupo de magistrados dedicados a algunos servicios públicos y de la diplomacia extranjera. A pesar de la cercanía al selecto grupo, su trabajo se aleja de la de un diplomático de su época.

Emblemática catedral de Florencia, ya construida en tiempos de Maquiavelo

Emblemática catedral de Florencia, ya construida en tiempos de Maquiavelo

Catorce años después, deja el funcionariado florentino. El motivo es la expulsión y el posterior exilio de su florecida y amada Florencia (los partidarios de los Medici prescinden de Nicolás). Se retira junto a su mujer e hijos al campo, cerca de San Casciano. Aquí empieza a entrar en la historia. Como dice Charles Benoist: “Todo está perdido, pero todo está ganado. Maquiavelo ha perdido su plaza, pero nosotros hemos ganado a Maquiavelo”. Está claro que gracias a su desocupación oficial, Maquiavelo nos dejará un legado muy valioso.

Durante su exilio compone la obra que lo catapultará al Olimpo de la memoria colectiva. Para alejar el aburrimiento y el dolor de sentirse menospreciado, empieza a relacionarse con personalidades ilustres. Él mismo cuenta el transcurso del pesado exilio, a un amigo, en una carta fechada a finales de 1513.

Deposito en el umbral los vestidos fangosos de todos los días; me visto como para presentarme en las Cotes y ante los reyes. Vestido convenientemente, entro en las Cortes antiguas de los hombres de otros tiempos; me reciben con amistad; junto a ellos, me nutro con el único alimento que puedo llamar mío, para el cual he nacido. Me atrevo sin falsa vergüenza a conversar con ellos y a preguntarles las causas de sus acciones y tan grande s su humanidad, que me responden, y durante cuatro largas horas no siento ya ningún aburrimiento, olvido todas las miserias, no temo ya a la pobreza, la muerte ya no me espanta, transmigro por entero a ellos.

Maquiavelo anota sus aprendizajes de los maestros pretéritos y el resultado es inesperado. Entre las páginas de obras renacidas, mezcladas con los pensamientos de un antiguo funcionario, adaptando las enseñanzas antiguas a las necesidades de la época, nace una pequeña obra titulada De principatibus (Sobre los principados). Aunque tal título no nos resulta familiar. Triunfó otro título: Il Principe.

Primera edición de El Príncipe, autorizada por Clemente VII

Primera edición de El Príncipe, autorizada por Clemente VII

El compendio de 26 capítulos estaba dedicado a Julián de Medici, pero a su muerte, la dedicatoria fue para Lorenzo, duque de Urbino y sobrino del Papa León X (igualmente un Medici). Maquiavelo, con su pequeña obra, intenta agradar tanto al poder temporal como al espiritual. Desde su situación nada envidiable, (está arruinado, la casa de campo le sirve para subsistir) recurre a su escrito para caer en gracia a los Medici, para ser restituido en su antiguo cargo.

Me consumo en esta soledad y no puedo permanecer así mucho tiempo sin caer en la miseria y el desprecio. Desearía, pues, que los señores Medici consintiesen en emplearme, aunque no fuese más que en hacer rodar una roca… Si se leyese este libro, se vería que durante los quince años en que tuve ocasión de estudiar el arte del gobierno no pasé mi tiempo durmiendo o jugando, y todos deberían conservar el servicio de un hombre que supo adquirir así, a expensas de otros, tanta experiencia.

El autor de El príncipe pretende que Lorenzo obtenga los saberes más elementales, para continuar manteniendo una posición de poder. Eso va unido a la restitución de Maquiavelo. Sin embargo, la desgracia de nuestro protagonista se prolonga. El duque de Urbino muere en 1519 y desconocemos si llegó a leer el libro. Recibió el manuscrito pero ignoramos la atención prestada al opúsculo. No recompensó a Maquiavelo.

Edición inglesa de El Príncipe

Edición inglesa de El Príncipe

En 1519 Maquiavelo vuelve al servicio de los Medici, pero es poco probable que el regreso al funcionariado sea por las repercusiones de El Príncipe. En 1525 le otorgan tareas de más alto rango, pero la fatalidad está cerca de volver a golpear al secretario florentino. Dos años más tarde, en mayo de 1527, otra vez los Medici son depuestos del poder, su colaborador padece una segunda expulsión. El 22 de junio del mismo año, con 58 años de edad, muere por una enfermedad estomacal.

La vida de Nicolás Maquiavelo acabó sin poder contemplar la influencia de su pequeño ensayo. A finales del siglo XVI, la imprenta ya habrá difundido los las sugerencias a los príncipes del florentino. A partir del inicio del siglo XVII se convertirá en una obra odiada y amada a partes iguales: Trento lo va a prohibir, así como autoridades católicas inglesas y alemanas. Richelieu, Mazarino o Napoleón I van a ser fervorosos de las letras de Maquiavelo. El vertiginoso ascenso de popularidad que envolvió el escrito de Maquiavelo, ha producido la lectura de El Príncipe a muchos de los que han querido acercarse al poder y a otros tantos por el simple gozo de leer unas páginas mágicas.

Más información | CHEVALLIER, J.J, Los grandes textos políticos. Desde Maquiavelo a nuestros días, Aguilar, Madrid, 1957.

Imágenes | Florencia, primera edición, edición inglesa

En QAH| Fernando de Aragón y El Príncipe de Maquiavelo

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