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¿Garantiza una idea única y original el éxito de una empresa?

Casi todos estaríamos de acuerdo en que para aventurarnos a montar una empresa es imprescindible contar con una buena idea. Una idea que, preferiblemente, nadie haya tenido hasta el momento y que sea empresarialmente viable. Una idea única y original que aporte alguna ventaja o cubra alguna necesidad, que sea lo suficientemente atractiva como para generar demanda en el mercado y que sea empresarial y financieramente viable. Ingredientes que suenan a básicos para el éxito de cualquier iniciativa empresarial.

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Pero también casi todos estaríamos de acuerdo en que una buena idea no suele ser suficiente para garantizar el éxito de una empresa. ¿Cuántas ideas revolotean en un ambiente distendido con amigos y familiares y caen en saco roto tras el habitual “alguien tendría que montarlo”? Si lo pensamos las ideas por sí solas no tienen valor alguno. Una simple idea, por simple que sea, necesita un “alguien” que la impulse y la desarrolle. Que se comprometa con ella y apueste por sus posibilidades. Que tenga la capacidad, el tiempo y los recursos como para transformarla en un proyecto de negocio.

annual-report-61851_640Por eso, tampoco conviene obsesionarse con la idea. Hay quien piensa que todo está inventado, que llevamos siglos principalmente mejorando ideas o adaptando sus utilidades a las cada vez más exigentes necesidades del ser humano para alcanzar y mantener su tan ansiada “zona de confort”.

Es cierto que el equipo ideal para “montar” un negocio debería estar siempre capitaneado por una buena idea, única, original y realizable. Pero ese equipo para triunfar lo debemos completar con muchos otros jugadores: un buen plan de negocio, una estrategia de marketing infalible, una política de precios agresiva y tantos otros que, al final, la idea puede acabar diluyéndose entre todos o algunos de ellos y es difícil apreciar si el éxito o fracaso se debió a la idea o a las sinergias entre los distintos componentes que participaron en su desarrollo.

Si a lo anterior, le sumamos que la eclosión de Internet y sus infinitas posibilidades de interconexión han creado una autopista de intercambio de información y conocimiento por la que circulan millones de ideas originales y, sobretodo, de mejoras o adaptaciones de esas ideas, es justo decir que cada vez es más complicado discernir si lo que realmente marca la diferencia a la hora de emprender un proyecto empresarial será la idea o todo el trabajo posterior para su ejecución y desarrollo.

La mente humana está en constante efervescencia. Una persona con instinto empresarial tendrá al menos una buena idea al día. Pero la realidad es que esa buena idea no tiene valor alguno sino se plasma en algo que reporte algún beneficio a los demás. Justo es decir que corresponde al autor o creador de la idea el mérito inigualable por su capacidad intelectual, pero igual de justo es reconocer que sin un trabajo posterior la idea carece de valor alguno y cae inevitablemente en el saco del habitual “alguien tendría que montarlo”?

¿Y tú qué opinas?

Juan Canut Guillén

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