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Garantías abstractas o independientes: ¿existen? Garantía a primer requerimiento

Las garantías a primer requerimiento han sido calificadas por la doctrina y la jurisprudencia, con mayor o menor acierto, como garantías abstractas o garantías independientes. Este tipo de garantía es frecuentemente utilizado en el comercio internacional, especialmente en la compraventa de mercaderías. Tomaremos este negocio – la compraventa – como negocio de referencia para el análisis de este tipo de garantía.

 La operación esencialmente estaría integrada por tres partes; por un lado las dos partes contratantes del negocio principal; esto es, comprador y vendedor; y de otro lado, el garante; habitualmente un banco. El contrato por el que se regirá la operación será un contrato de compraventa en el que se estipulará esa garantía a primer requerimiento. Esta garantía consiste en que si el comprador no paga al vendedor, es decir, hay un incumplimiento en este sentido, el vendedor acudirá al garante y simplemente le notificará ese incumplimiento, sin necesidad de acreditar dicho incumplimiento. Tras esta notificación del incumplimiento, el garante deberá pagar al vendedor lo que le fuera debido por el comprador en virtud del contrato de compraventa. De ahí que se denomine esta garantía como “a primer requerimiento”, pues la mera comunicación de ese incumplimiento genera la obligación para el garante de pagar al vendedor.

 El garante no podrá oponerse al pago alegando que no se produjo el incumplimiento o exigiendo al vendedor que acredite o pruebe el incumplimiento. Tampoco podrá (con matices) oponer las excepciones que podría oponer el comprador para no realizar el pago ni discutir ningún aspecto relativo al negocio principal que justifique el hecho de no pagar al vendedor. Precisamente esta es la razón de ser de la garantía a primer requerimiento; la de garantizar que se pague al vendedor de una forma ágil y rápida de modo que se favorezca la seguridad del tráfico y se dinamicen los intercambios, pues en muchas ocasiones es lento y complicado probar ese incumplimiento. Es por este motivo por lo que muchos consideran esta garantía como abstracta o independiente de la obligación principal, pues dicen que no depende de la obligación principal para que pueda ser exigida.

 Tras esta exposición objetiva de los caracteres y el funcionamiento de esta garantía a primer requerimiento, considerada como una garantía abstracta o independiente de la obligación principal, surge una cuestión fundamental que, desde un punto de vista riguroso en derecho es oportuno plantear.

 Esta cuestión es la accesoriedad como característica esencial de toda garantía – como así establece nuestro Código Civil – es decir, las garantías se constituyen precisamente para asegurar el cumplimiento de una obligación principal, de tal manera que, si no existiese obligación principal la causa de la garantía constituida se desvanecería y la garantía quedaría extinguida. De este modo es difícil justificar la independencia de una garantía respecto de la obligación principal en virtud de la cual se constituyó. Es cierto que se puede hablar de una cierta autonomía de este tipo de garantías en comparación con la garantías clásicas como la prenda, la hipoteca o la fianza, en las que para ejecutar la garantía sí es necesario acreditar el incumplimiento. Sin embargo, no podemos hablar de independencia porque es indudable que la garantía, aunque sea a primer requerimiento, depende de la obligación principal de tal manera que, y así viene declarándose por la jurisprudencia, si el garante prueba que la obligación principal no existe porque, por ejemplo, el comprador ha cumplido con su obligación de pagar, en modo alguno podrá ejecutarse dicha garantía por “muy a primer requerimiento que sea”. Esto es lógico porque si no, este tipo de garantías daría lugar a infinidad de abusos y fraudes por parte de la parte vendedora, que podría exigir al garante, sin que éste pudiese oponerse, que le pagase cuando sabe que el comprador ya ha cumplido. Esta excepción que puede oponer el garante se conoce como exceptio doli, y es un caso claro en el que se pone de manifiesto la accesoriedad de la garantía a primer requerimiento, sin perjuicio de lo dicho anteriormente de que no cabe duda que su autonomía respecto de la obligación principal es muy amplia.

 Además y pese a que resulta evidente, aunque es cierto que el garante no puede oponer las excepciones que puedan surgir de la obligación principal, salvo lo dicho supra, es indudable que sí podrá oponer las excepciones que se deriven de la propia garantía, por lo que también será importante ver cómo se ha constituido la garantía y las disposiciones que la integran.

 Por todo lo anterior, parece poco correcto hablar de que realmente existan esas llamadas garantías abstractas o independientes, pues una garantía no se puede desvincular completamente de la obligación principal que asegura, esto haría que la garantía perdiese su razón de ser y su naturaleza esencial. No obstante, e insistimos en ello, no puede negarse que este tipo de garantías permitan abstraerse en gran medida de la obligación principal, de manera que así se promuevan los intercambios y se agilice y dinamice el tráfico mercantil.

Imagen| comercioylogistica

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