Historia 


Fray Leopoldo El humilde Santo de Granada

Aunque hay muchos santos en la tradición cristiana, pocos que han dejado una huella tan profunda en la ciudad en la que vivieron como la que Fray Leopoldo de Alpandeire imprimió en el corazón de los granadinos, quienes muchos años después de su muerte siguen recordándole con gran cariño y veneración. Su legado es imborrable en una ciudad donde trabajó con esfuerzo y tesón por hacer la vida más digna a los más necesitados. Desde 1914 Leopoldo recorrió las calles de esa bella Granada en la que vivió hasta su muerte en 1956. Trabajó como fraile limosnero, por lo que día sí, día también, llamaba a la puerta de numerosas viviendas donde solicitaba donativos que los buenos lugareños le dispensaban generosamente.

Nacio el 24 de junio de 1864 en Alpandeire, un pequeño pueblo de la malagueña Sierra de Ronda, y fue bautizado como Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez. Fue el mayor de cuatro hermanos, por lo que durante su infancia y juventud tuvo que ayudar en las faenas agrícolas para ayudar a sus padres a la manutención familiar.

Tras escuchar predicar a dos capuchinos en Ronda (en 1864, durante la beatificación de Diego José de Cádiz) intentó en varias ocasiones entrar a la vida religiosa, aunque de forma fallida. Finalmente terminó ingresando en calidad de postulante en el convento capuchino de Sevilla en 1899 y unos meses después, el 16 de noviembre, finalmente recibió el hábito franciscano de manos de Fray Diego de Valencina, superior y maestro de novicios. Terminado el noviciado emitió la primera profesión y pasó breves periodos en Sevilla, Granada y Antquera, donde trabajó afanosamente cultivando la huerta de los frailes, transformando el trabajo manual y el servicio a los hermanos en oración. En 1903 fue destinado por primera vez al convento de Granada donde, el 23 de noviembre, emitió los votos perpetuos en las manos de fray Francisco de Mendieta. En 1914, tras haber pasado breves estancias en Sevilla y Antequera, retornó a Granada, donde pasó el resto de su vida. Aquel que “se había hecho religioso para vivir lejos del ruido del mundo, fue lanzado a combatir la batalla decisiva de su vida entre las calles de la ciudad y las voces de la gente”, como escribió Fray Mauro.

Pasó el resto de su vida recorriendo, día a día, Granada ayudando a lo más necesitados, creando unidad y armonía entre los granadinos, dando dignidad al trabajo cotidiano y un consuelo espiritual a todos. De él dijeron que «más que andar entre la gente, fr. Leopoldo pasaba entre la gente, más que mirar, veía en el corazón de las personas que lo buscaban». Pronto se hizo popular en la ciudad de los cármenes, se paraba a conversar con todo el que se acercaba a él. A los niños les enseñaba algo de Catecismo, escuchaba a los adultos los problemas, angustias y preocupaciones cotidianas, dando siempre una palabra de aliento que iba acompañada por un gesto lleno de afectividad que llenaba el alma humilde y sencilla de aquellas gentes. Nunca se despedía sin rezar tres avemarías por aquellas personas que se alejaban de él completamente transformadas, dispuestas a seguir su camino sabiendo que Dios ya conocía, gracias a aquel hombre santo, sus preocupaciones, lo cual les reconfortaba notablemente. Acogió el “Ora et Labora” de San Benito como principal lema vital. Rezaba por sus conciudadanos ante Dios y, cuando estaba con ellos, trabajaba para procurar su bienestar espiritual y anímico. Además de aquellas conversaciones diarias en la calle, visitaba a los enfermos y socorría a los más pobres, recomendando a todos a no dejar nunca de ayudar a los pobres.

Pero no todo fue facil para aquel humilde fraile que, como tantos hombres buenos de uno y otro bando, tuvo que soportar la incomprensión de aquellos cuyo corazón estaba poseido por la ideología.-Fueron duros aquellos terribles años de la Guerra Civil en que las dos Españas se enfrentaron en una lucha fraticida. Durante su recorrido diario como limosnero soportó, con un manso silencio, insultos y bravuconadas de quienes le amenazaban con ponerle “ese cordón al cuello”. Cuando sus hermanos capuchinos le mostraban su preocupación el respondía simplemente: “Pobrecillos, hay que tener compasión de ellos porque no saben lo que hacen“. Sin duda fue un hombre con una gran fortaleza espiritual y mental teniendo como principal apoyo las innumerables horas que pasaba a diario rezando ante el sagrario. Pero, a pesar de aquellas dificultades en los años de la Guerra, el santo de Granada fue muy querido por todos los granadinos, como demostró la reacción popular ante su muerte.

Falleció el 9 de febrero de 1956, con 92 años. Rápidamente la noticia de su muerte recorrió las calles de Granada y una gran multitud se encaminó hacia el convento de los capuchinos. Desde entonces, el día 9 de cada mes, llegan hasta las puertas del convento gentes de todas partes del mundo para visitar su tumba y pedirle oración en lo que se conoce como “La romería de los favores“. Durante las horas siguientes a su muerte, los niños, al acercarse a ver a su “Fray Nipordo”, como le llamaban, se decían entre sí: “está muerto pero no da miedo“, su rostro reflejaba tal paz que nada podía temer quien lo observaba. Fue beatificado en la Base Áerea Militar de Armilla (Granada) el 12 de septiembre de 2010 en una multitudinaria misa presidida por el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos el cardenal Angelo Amato. El entonces Papa Benedicto XVI dijo del santo capuchino que «testimonió el misterio de Jesucristo crucificado con el ejemplo y la palabra, al ritmo humilde y orante de la vida cotidiana y compartiendo y aliviando las preocupaciones de los pobres y afligidos» (Carta Apostólica para la Beatificación del Siervo de Dios Leopoldo de Alpandeire). Actualmente en Granada funciona un Hogar Residencia para personas de la tercera edad que lleva el nombre de Fray Leopoldo y que, especialmente, está destinado a los más humildes y desamparados. Posiblemente se trata de uno de los franciscanos que mejor entendió y supo llevar a la práctica aquel consejo de San Francisco de Asís: “Evangeliza en todo momento y, si es necesario, utiliza las palabras“.

Vía| Beato Leopoldo de Alpandeire

Más información| Fray Leopoldo, La romería de los favores: el día 9 en Fray Leopoldo, El Milagro de Fray Leopoldo

Imagen| Diócesis de Málaga

Vídeo| Fray Leopoldo, el santo del pueblo

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