Historia 


Fratricidio en Neoburgo

Antes de terminar el mes de marzo de 1527, los hermanos Alfonso y Juan Díaz se despidieron. El primero había aparecido en casa del segundo repentinamente. Después de algunos años sin saber nada el uno del otro, se habían reencontrado amistosamente. La grata sorpresa que tuvo Juan con la visita de Alfonso no tenía ni un ápice de azar. Desconocía los verdaderos motivos que contribuyeron al encuentro con su hermano. Alfonso partió desde Italia hasta Neoburgo para ver a Juan, con un fin nada fraterno.

Eran naturales de Cuenca aunque su vida transcurrió por caminos opuestos. Por orillas enfrentadas. Alfonso llegó a clérigo en la Iglesia Católica, además de abogado en el tribunal de la Rota romana. Su hermano en cambio, siguió un camino bastante diferente.

Grabado de Juan Díaz

Grabado de Juan Díaz, finales de siglo XVI

Juan abandonó España destino París. Allí se preocupó de estudiar hebreo y griego consistentemente. Centró el intensivo estudio filológico como medio para llegar a las verdades más elevadas. Claramente, nos referimos a la Biblia. Para Juan eran capitales las fuentes primarias. Le proporcionaban las verdades absolutas. Se interesó por Pablo de Tarso. También escrutó íntimamente la Escritura. No debe sorprendernos que Juan Díaz, en sus momentos de estudio, ávido de saber, abrazase el protestantismo.

En 1545, durante unos meses, fue testigo directo de la obra estatal de Calvino. Se trasladó a Ginebra para conocer de primera mano el voraz crecimiento de la nueva doctrina. Seguidamente marchó a Basilea primero para establecerse posteriormente en Estrasburgo, núcleo rebosante de Modernidad. Un trecho entre Francia y el Imperio que Bucer había potenciado décadas atrás con su nueva política evangélica. Una tolerancia insólita entre católicos y protestantes impregnaba dicha ciudad. Punto culminante y esencial para ser estandarte de una nueva época.

Juan rápidamente se ganó la simpatía de los eruditos locales. Su trato era amable y su palabra refinadamente culta. En pocos meses fue un ciudadano ínclito entre la multitud estrasburguesa. Por eso, no debe sorprendernos que fuera elegido como uno de los representantes populares para la Dieta de Ratisbona en 1546.

Catedral católica de Estrasburgo

Un conquense en dicha reunión no debía sorprender en absoluto. El asombro nos envuelve cuando concretamos la ubicación exacta del referido sujeto: entre las filas protestantes. Hubo más de una reprimenda desde la parte católica. Se impacientaron al ver un habitante de la península ibérica testarudamente protestante. La regañina más furibunda llegó de un compañero suyo en su etapa estudiantil en París.

Fray Pedro Maluenda y Juan debatieron en diversos momentos asuntos teológicos, sin llegar a un consenso. Teología aparte, Pedro acusó a Juan de traidor a la tradición y religión de su tierra. La crítica fue mordaz. Maluenda aseguró la condición de loco de Díaz. Inaceptable tener un protestante nacido en la península ibérica, antiquísimo territorio cristiano.

Díaz no escatimó palabras en su réplica: “Amo realmente mi patria con todo el corazón (…). Un cierto mal genio la tiene bajo su potestad, parte subyugada bajo el yugo de la tiranía, parte fascinada por la abominable superstición e idolatría”. Añadió Juan que por encima de su patria había la voluntad de Dios.

Maluenda, con mal sabor de boca, más por lo personal que lo doctrinal, hizo llegar al hermano de Juan lo sucedido. En un primer momento, Alfonso escuchaba incrédulo las informaciones de su familiar. Su cabeza no daba crédito a la historieta llegada a sus oídos. Lo peor de todo fue el disgusto que lo asaltó profundamente al conocer su misión respecto a su hermano.

Vista de Rattisbonna en tiempos de la Dieta de 1546

Vista de Rattisbonna en tiempos de la Dieta de 1546

Alfonso hizo el viaje para encontrar a su hermano acompañado de un oscuro personaje. Llegó hasta Neoburgo, donde vivió Juan al terminar la Dieta. Lo presentó a Juan como su criado. La realidad era muy distinta. El agregado de Alfonso resultaba ser un matarife romano. Durante la breve estancia de Alfonso con su hermano, charlaron amablemente de las ideas protestantes de Juan. El clérigo en todo momento intentó disuadirlo, sin suerte alguna. Juan le explicaba tranquilamente su pensamiento y con cada palabra Alfonso se desvanecía. Su hermano era un protestante convencido.

Juan fue invitado a Trento por su hermano. Alfonso quería que expusiera sus argumentos reformadores a los padres conciliares pero Juan estaba dubitativo con la oferta, pidió tiempo para pensarla. Se despidieron para volverse a ver en breve, para acordar lo de Trento. Algunos conocidos advirtieron a Juan que era una trampa. Aunque nunca sabremos la verdad sobre su posible visita a Trento.

La madrugada del 27 de marzo el supuesto criado de Alfonso llamó a la puerta de la casa de Juan. El motivo de la visita era una carta de su hermano. Juan, hospitalario, hizo subir al mensajero hasta su escritorio de la primera planta. Sigilosamente, Alfonso aguardó en la puerta de la casa de su hermano mientras su criado quitaba la vida a Juan.

Hay dos leyendas que sobrevuelan el episodio relatado. La primera corresponde a la muerte de Juan, algunas fuentes aseguran que su muerte fue a manos de su propio hermano. Muy poco creíble, la figura del acompañante carecería de sentido. El segundo rumor es la muerte de Alfonso en 1555. Se suicidó atormentado por lo acaecido con su hermano. Casi una década después aún recordaba la antaña terrible madrugada en Neoburgo.

Vía| FERNÁNDEZ LUZÓN, A et MORENO, D, Protestantes, visionarios, profetas y místicos, Debolsillo, Barcelona, 2005; NICETO, J.C, El Renacimiento y la otra España: visión cultural socioespiritual, Librairie Droz, Ginebra, 1997.

Imagen| Grabado de Juan Díaz; Catedral de Estrasburgo; Vista de Rattisbonna

En QAH| Los Cenci, la historia de un parricidio renacentista

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