Cultura y Sociedad, Patrimonio 


Frank Gehry, un escultor que estudió arquitectura

Museo Guggenheim en Bilbao

Museo Guggenheim en Bilbao

El nuevo ganador del Príncipe de Asturias de las Artes, Frank Gehry, a sus 85 años, es el mayor representante de la creatividad arquitectónica, motivando debate allá donde planta uno de sus icónicos edificios. Premiarlo, pues, con esta modalidad implica definir la arquitectura como él siempre se ha empeñado en definirla: como un arte por encima de cualquier implicación o consecuencia. Pero no toda su carrera la ha dedicado a ese tipo de construcción plástica, es más, esa obra es el resultado de una vida cargada de miedos, que decidió romper cuando ya tenía cumplidos los 50 años.

Nacido en Toronto en 1929, Frank Owen Goldberg pasó a llamarse Frank Gehry cuando ya tenía dos hijas en el mundo, y por mucho que algunos se empeñen en achacarle ese cambio a su primera mujer, él no para de repetir que se debió a que no quería que sus hijas sufrieran el mismo acoso que él por ser judías. Décadas después, cansado de proyectar edificios blancos y cúbicos, típicos de la arquitectura moderna, encontró la oportunidad de desarrollarse artísticamente transformando su propia casa. A partir de aquí se produce un giro en su trayectoria arquitectónica, con el metal como protagonista que será el elemento que impulse y defina toda su obra. Tenía ya 50 años, y había decidido ser un arquitecto-artista, cualidad que se ve reflejada en su forma de trabajar retorciendo maquetas en lugar de dibujar croquis.

Casa posmoderna deconstructivista de Frank Gehry en Santa Mónica, California

Casa posmoderna deconstructivista de Frank Gehry en Santa Mónica, California

Desde ese momento empezaron a recomendarlo escultores, lo que le planteó la oportunidad de diseñar el Vitra Design Museum en Alemania (1989), proporcionándole gran relevancia en Europa a pesar de que era su primer encargo en el continente. Lo más extraño de todo es que cuando, en ese mismo año, ganó el premio Pritzker, Gehry aún no había diseñado los edificios que le reportarían fama mundial. Es entonces cuando su obra pasa a convertirse en una marca, que pone en el centro de todas las miradas a la ciudad en la que haya intervenido, Bilbao entre ellas. El Museo Guggenheim (1997), reconocida su mejor obra en rivalidad con el Auditorio Disney en Los Ángeles (2003), proporcionó a la ciudad la oportunidad de colocarse entre los destinos más solicitados del mundo.

Con todo esto, la imagen mundial de Gehry ha pasado a ser una enorme empresa que vende edificios icónicos, y que comenzó con el trabajo de investigación que hizo en su propia casa. Hoy en día cualquier ciudad del mundo querría ser dueña de un Gehry, aunque han de tener clara una cosa: no todo el mundo es capaz de diseñar un Guggenheim.

Vía| La Razón

Más información| Plataforma Arquitectura

Imagen| Guggenheim, Casa

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