Salud y Deporte 


Fragilidad, la debilidad del anciano

El camino hacia nuestros últimos años de vida puede variar según cada persona. Por la calle podemos ver a “superheroes” de edad avanzada con una actividad física que envidiar. Pero por el otro lado, encontramos a los típicos “abuelitos” que caminan lentos y cansados, los cuales estan siempre acompañados por alguien por su seguridad, si son capaces de salir de casa. De estos últimos me voy a referir hoy y por eso me gustaría hablar de la fragilidad.

El término más fácil para conocer a estos pacientes lo da Aubertin-Leheudre et al. (2015): “la fragilidad es reconocida como un síndrome clínico geriátrico usado para describir a los más débiles o vulnerables de los ancianos”. Si queremos tener más información, según la American Geriatric Society: “La fragilidad es un síndrome fisiológico caracterizado por la disminución de las reservas y reducción de la resistencia a los estresores, resultado de una declinación acumulativa de sistemas fisiológicos que provoca vulnerabilidad para resultados adversos de salud”.

Para los clínicos, es muy importante la fragilidad ya que es un precursor fisiológico y un factor etiológico de discapacidad para la gente anciana, además de ser un predictor de mortalidad y de limitaciones funcionales en esta población.

 Ciclo de la fragilidad por Abizanda Soler P: Actualización de la fragilidad (2010).

Ciclo de la fragilidad por Abizanda Soler P: Actualización de la fragilidad (2010).

El problema no reside en ser frágil o no, si no en las consecuencias que eso puede acarrear. Estos problemas que se pueden originar son:

  1. Aumento del riesgo de caídas.
  2. Resistencia a la insulina.
  3. Dependencia.
  4. Pérdida de peso y masa muscular (sarcopenia).
  5. Disminución del nivel de actividad y funciones mentales.
  6. Aislamiento social.

Hay muchos criterios e índices para diagnosticar la enfermedad, como por ejemplo el de Fried et al. (2001).

Como tratamiento, se podría atacar los síntomas que van apareciendo específicamente, pero en lo que si se está de acuerdo es que la actividad física puede ser un gran aliado contra esta enfermedad. Se ha comprobado que la actividad física continua extiende la longevidad y reduce el riesgo de discapacidad física. La mayoría de estudios recomiendan un programa de ejercicios que incluye actividad aeróbica, ejercicios de fuerza y flexibilidad. Tampoco podemos olvidar que es muy importante llevar una dieta equilibrada con una ingesta adecuada.

El objetivo que habría que plantearse ahora es el de encontrar herramientas fáciles que nos ayuden a encontrar factores precedentes a la enfermedad y empezar a combatirlos antes de que el síndrome aparezca.

Vía| Mapfre, The American Geriatrics Society, Abizanda Soler P (2010), Fried at al. (2001), Hwang et al. (2015), Aubertin-Leheudre M et al. (2015), Aguirre LE & Villareal DT (2015).

Imagen| UCB Pharma, Abizanda Soler P (2010)

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