Patrimonio 


Fotografía y travestismo (I): Man Ray

A lo largo del siglo XX fueron muchos los fotógrafos que cuestionaron las identidades sexuales y de género, transgrediendo así las normas y los roles establecidos por la sociedad, y reivindicando desde su propio arte la libertad de ser de sus retratados, entre los que muchas veces se encontraban ellos mismos.

Marlene Dietrich vestida "a lo garçonne".

Marlene Dietrich vestida “a lo garçonne”.

En primer lugar, y antes de adentrarnos en la obra del fotógrafo que da pie a este artículo, conviene aclarar algunos conceptos clave en torno al travestismo y todo lo que supone. Antes que nada, hay que tener en cuenta que las identidades de género (masculino, femenino u otros) son el producto de una cultura determinada, y se manifiesta en una serie de códigos como la vestimenta o los comportamientos. A partir de aquí, surge el travestismo como una actitud de rebeldía que se da en personas que no se sienten cómodas con los roles que le han sido asignados en razón de su sexo, bien sea porque se sienten más identificados con dichos roles, o bien sea por fines artísticos o simplemente lúdicos.

Hablamos simplemente de roles, de identidades asociadas a lo masculino o a lo femenino que se invierten, hecho por el que no se debe confundir travestismo con homosexualidad, ni tampoco con transexualidad, diferenciada esta última del travestismo en tanto que trata de plantear un cambio de sexo, no sólo de género.

Uno de los primeros fotógrafos del siglo XX en apreciar el potencial artístico – y humano –  de un fenómeno como el travestismo fue  Emmanuel Radnitzky (1890-1976), más conocido como Man Ray, un fotógrafo estadounidense afincado en París que se convirtió en uno de los mayores representantes de la fotografía de vanguardia, con fuertes conexiones con el surrealismo y el dadaísmo.

Marcel Duchamp como Rrose Sélavy, Man Ray, 1920-21

Marcel Duchamp como Rrose Sélavy, Man Ray, 1920-21

Man Ray vivió en un contexto, el París de los años 20 y 30, en que la ambigüedad y lo andrógino dominaban un panorama marcado por la libertad sexual. Este hecho tuvo su mayor reflejo en el fenómeno de las garçonne, esas jóvenes con el pelo cortado cual muchacho que crearon un nuevo concepto de feminidad próximo a lo masculino. En esta nueva visión de la mujer influyó sobremanera la figura de Cocó Chanel, quien había conseguido, mediante sus prendas, liberar a las mujeres del corset que las tenía atrapadas desde hacía siglos. Esa ambigüedad causada por la fusión entre lo masculino y lo femenino llevó a un creciente travestismo al que se apuntaron personajes de fama internacional como la actriz alemana Marlene Dietrich, que apareció no pocas veces prácticamente travestida como un hombre. Los artistas de aquellos años no tardaron mucho en sentirse atraídos por aquel fenómeno tan peculiar, y así fotógrafos como Brassaï, con sus imágenes de parejas de lesbianas travestidas, o August Sander, con sus retratos de jóvenes afeminados, pronto se hicieron eco de aquel mundo que les rodeaba.

La primera conexión de Man Ray con el mundo del travestismo se dio de la mano del dadaísta Marcel Duchamp, quien se había creado un alter ego femenino de sí mismo llamado Rrose Sélavy, nombre con el que firmará sus obras durante aquellos años de principios de la década de 1920. De este modo, Duchamp deconstruía las identidades de género construidas por el patriarcado, aunque participando de los convencionalismos superficiales al travestirse con joyas, pieles y sombrero que no hacían más que continuar con esa imagen estereotipada de la mujer. Entre 1920 y 1921, Man Ray creó una serie de retratos en los que aparecía un Duchamp travestido como Rrose en actitudes propias de una dama. Unos retratos de los que Michael Taylor diría lo siguiente:

Hombre biológico (Marcel Duchamp) que el arte (las fotografías de Man Ray) cambia en mujer (Rrose Sélavy), el alter ego inventado por el artista no tiene nada que ver con el transexual (que sufre una ablación del pene) ni con un travesti (que se contenta con vestirse de mujer). Especie de hermafrodita fabricado, Rrose parece una mujer en un punto cercano a la parodia, pero que utiliza al mismo tiempo procedimientos masculinos para seducir.

Barbette, Man Ray, 1926

Barbette, Man Ray, 1926

Man Ray no abandonó su interés por el travestismo, y así creo, durante los años 20, una de  las series más interesantes de toda su carrera. Se trata de las fotografías que hizo de Barbette  (en realidad llamado Vander Clyde), un joven americano que se travestía de mujer para actuar en el music-hall de París. Man Ray fotografiaba todo el proceso de metamorfosis de Barbette, desde los primeros momentos de la preparación con la colocación de las medias. Qué mejor que cerrar este artículo con las bellas palabras con las que el escritor Jean Cocteau se refirió a la hermosa Barbette en una ocasión: “Él gusta aquellos que ven en él la mujer, a aquellos que adivinan en él el hombre, y a los otros cuya alma está emocionada por el sexo sobrenatural de la belleza.”

 

Vía| ALIAGA, J.V., Arte y cuestiones de género, San Sebastián: Editorial Nerea,  2004; GARCÍA CORTÉS, J.M., El rostro velado: Travestismo e identidad en el arte. Exposición del 12 de junio al 6 de septiembre de 1997, San Sebastián: Diputación Foral de Gipuzkoa, 1997.

Más información| The Guardian, Philadelphia Museum of Art

Imagen| Marlene Dietrich, Marcel Duchamp como Rrose Sélavy, Barbette

En QAH| Duchamp, el provocador

RELACIONADOS