Salud y Deporte 


Formación o victoria

Un fin de semana cualquiera, un padre lleva a su hijo a jugar un partido de fútbol, el pequeño va alegre y sonriente ya que va a jugar un partido, y eso es lo que más le gusta. Al llegar al campo sus compañeros de equipo le saludan amistosamente, al igual que su entrenador. Durante el calentamiento todo son sonrisas, los niños se divierten y los padres y madres charlan amistosamente en la grada. Todo va bien… hasta que el balón empieza a rodar.Fútbol Base Mundo Entrenamiento

Es en ese momento cuando el padre del pequeño ya no sonríe, si no que se desata en su interior el “entrenador” que lleva dentro, y comienza a dar a su hijo una larga serie de instrucciones y matices tácticos que a duras penas entendería un adulto.

Es en ese momento cuando en la grada ya no abundan las sonrisas, sino que surge una ira enfocada fundamentalmente hacia la figura del árbitro, un chaval que da sus primeros pasos en el mundo del arbitraje para así poder sacarse un dinero.

Es en ese momento cuando el entrenador ya no es la persona amigable que saludaba a los pequeños de buenas maneras al llegar al campo, sino que se desgañita en la banda al ver que los niños no chutan todo lo fuerte que él quisiera, no corren todo lo rápido que deberían o no saltan todo lo alto que podrían.

El pequeño mira a su alrededor y no entiende nada. No entiende las instrucciones de su padre que se entremezclan con los gritos de su entrenador ni porqué los padres en la grada están tan enfadados. Solo trata de correr mucho y darle muy fuerte al balón, ya que parece que eso no implica una regañina por parte de nadie.

Esta situación ficticia se ha convertido en una imagen habitual en los campos de fútbol base, sobre la que bien haríamos todos en reflexionar urgentemente para poder dejar de ver a ese grupo de niños como adultos en miniatura, y verlos cómo lo que realmente son: niños que tienen en el deporte una herramienta única para divertirse, enriquecerse, relacionarse y desarrollarse tanto en lo motriz como en lo personal.

Debemos estar todos a la altura de los que el deporte base nos exige, ya que entrenadores, padres y árbitros somos herramientas que deben estar al servicio de los niños para favorecer y estimular su aprendizaje. No caigamos en la fácil trampa de creer que en el fútbol base el éxito está asociado al número de victorias al final de temporada.

Dejemos de felicitar a un entrenador solo porque su equipo ha ganado la liga, y reservemos esa felicitación para el que ha optado por dotar a sus jugadores de un aprendizaje y unos recursos que no tenían al principio de temporada, ya que aunque eso pueda perjudicar su clasificación al final de temporada los jugadores lo agradecerán según avancen etapas en su vida deportiva.

En definitiva, dejemos de pensar en la competición como un “fin” y veámosla como un “medio”. Esto nos ayudará a estar a la altura de lo que los jóvenes nos exigen, que en muchas ocasiones solo es apoyo y una sonrisa. Dejemos de preguntar ¿cómo has quedado hoy? para pasar al ¿qué has aprendido hoy?, porque esa es la verdadera victoria.

En colaboración con QAH | Jorge Polvorinos de Mundo Entrenamiento
Vía | Educar a los niños mediante el fútbol.
Imágenes | Wikimedia Commos.
En QAH | Fútbol base (II): Padres-entrenadores; Fútbol base (I): ¿Qué estamos haciendo mal?.

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