Historia 


Flotas y armadas: la defensa naval de la América española

El siglo XVI fue testigo de cómo los hombres europeos se establecieron en el Nuevo Mundo y de cómo, a medida que avanzaba la exploración y descubrimiento de las tierras americanas, conseguían cambiar la percepción de su mundo. Con esto se desarrolló una amplia red colonial que desde los primeros asentamientos colombinos en las Antillas, permitieron el desarrollo de lo que en poco tiempo sería la América española, territorio que desde el primer momento se ligó al mar, acostumbrado a ser testigo presencial de los grandes momentos del hombre.

Siendo el Atlántico el cordón umbilical entre la Península y el Nuevo Mundo, pronto pusieron la vista el resto de potencias en las mercancías que llegaban a Sevilla, recelosos del monopolio comercial que habían creado los españoles.

Estampa de Sevilla en el siglo XVI

Estampa de Sevilla en el siglo XVI

Este vetaba el comercio americano a extranjeros salvo para situaciones muy especiales, manteniéndose el mismo hasta el siglo XVIII. Ante estas perspectivas la única forma de mermar las capacidades de la Corona española fue la guerra por mar, comenzando a verse desde las primeras décadas del siglo XVI un floreciente negocio corsario, proveniente de Francia y más tarde de Inglaterra, que dio pie a nombres como Jean Fleury, François LeClerc, John Hawkins, o más tarde el mismísimo Francis Drake. Ataques como el de Fleury en 1522 contra la flota que traía el tesoro de Moctezuma se unían a una amplia lista de asaltos perpetrados contra navíos hispánicos en el triángulo entre la Península, las Azores y las Canarias. A mediados del XVI habría que sumar los primeros ataques en tierras americanas, que mermaron aún más las capacidades de las nuevas colonias.

Todo esto dejaba a la vista la incapacidad de generar un sistema de defensa plenamente operativo, por lo que a partir del primer tercio de siglo se puso en marcha el sistema de Flotas de Indias, el cual pondrían en funcionamiento las Reales provisiones de los años veinte y cuarenta del siglo XVI al establecer en ellas la necesidad de formar flotas para los viajes de ida y vuelta de América. A mediados de siglo ya funcionaba como tal este sistema, estando en vigencia hasta el siglo XVIII. Con sus vicios y virtudes las Flotas de Indias garantizaron de manera efectiva el tráfico comercial y de mercancías, sobre todo oro y plata, entre América y España. Su creación no privó a los enemigos de la Corona española del privilegio de capturar las flotas, tal como ocurrió en 1628 cuando los holandeses capturaron la flota de ese año, o en la década de los 50 por acción de Blake. Además de no estar plenamente exenta de peligros, la implantación de las Flotas de Indias tuvo una repercusión importante en la economía colonial, debido al desplazamiento del eje comercial desde Santo Domingo a La Habana, por ser puerto de reunión de la Flota al llegar hasta allí los barcos del Caribe y los que llegaban del Continente, desde puertos como el de Veracruz. Esto desestabilizó o estancó algunas economías coloniales como la de La Española, que pasó de ser puerta de entrada y salida a América a un puerto de paso, desguarneciendo de protección sus rutas locales al reorientarlas a la protección de la Flota de Indias y los puertos donde debían recalar.

Navíos españoles en el puerto de La Habana, siglo XVII

Navíos españoles en el puerto de La Habana, siglo XVII

La necesidad por lo tanto de establecer una mayor protección de las rutas comerciales americanas y de la Flota de Indias llevaron a lo largo del siglo XVI a la creación de una serie de armadas orientadas a la defensa de zonas concretas y que permitieron en algunos momentos la disminución de peligros y la garantía de seguridad tanto en las rutas de las Flotas como en las de los comerciantes privados que arriesgaban su dinero y mercancías ante unos mares plagados de la amenaza de los corsarios y de las propias inclemencias de la naturaleza.

Las armadas creadas para protección de los territorios americanos tendrían mayor o menor fortuna a lo largo de la Edad Moderna, perviviendo con cambios hasta el siglo XVIII y a expensas siempre de las necesidades de otros puntos o de la continua protección de los envíos de la Flota de Indias:

  • La Armada de la Guarda de la Carrera de Indias, la cual se encargaría de formar escuadras de protección para las rutas comerciales y las Flotas de Indias. Se procuró que siempre tuvieran un número regular de naves y hombres, aunque como era costumbre dependió siempre del momento y necesidades.
  • La Armada del Mar Caribe, la cual buscó atender, a la llegada de corsarios extranjeros a América, las continuas peticiones de protección ante los piratas que llegaban de Santo Domingo y otros puntos. Sin embargo fue víctima de la desatención prolongada ante las necesidades de surtir de defensa los nuevos puertos continentales y la Flota de Indias, disponiendo a lo largo de su existencia de pocos medios y poca financiación. Todo ello quedaba palpable en los constantes ataques a rutas y puertos de La Española o Puerto Rico por parte de británicos y franceses, terminando de plasmarse la ineficacia en el ataque de Drake a Santo Domingo de 1586.
    Estatua de Francis Drake, el principal corsario inglés de finales del XVI

    Estatua de Francis Drake, el principal corsario inglés de finales del XVI

  • La Armada de Barlovento nacería de la necesidad de manifiesta de una defensa eficaz de los territorios americanos tras los ataques de Drake. Así a finales del XVI se comenzaría a cimentar lo que a partir del XVII y hasta el siglo XVIII, una vez conseguida una financiación potente, sería la Armada que guardase el Caribe y parte de la América atlántica española de los intereses de los enemigos de la Corona, que comenzaban a instalarse en las Antillas Menores y Norteamérica.
  • La Armada del Mar del Sur fue también una respuesta a la presencia principalmente inglesa en la América española, representada en figuras como Drake, Hawkins u Oxenham. La llegada de estos a la vertiente del Pacífico dio pie a la planificación en la última década del siglo XVI de una armada específica para la guarda de esas costas. Esta Armada estaría vigente hasta mediados del XVIII, teniendo su base en El Callao.

Financiadas mediante averías y con una composición de medios que rondó desde los potentes galeones a los ligeros bergantines, pasando por las versátiles fragatas ya en el XVII, estas armadas complementaron al sistema de Flotas de manera excepcional, salvaguardando a pesar de sus múltiples carencias que presentaron ante una constante carencia de fondos. El siglo XVIII daría pie a una reforma del sistema defensivo naval americano gracias a la apertura comercial, la cual terminó de desarticular la Flota de Indias, y las reformas en la Armada que permitieron establecer escuadras regulares con financiación y organización centralizada.

 

Vía | CRUZ BARNEY, O., El combate a la piratería en Indias, México, Oxford University Press, 1999

LUCENA SALMORAL, M., Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América: perros, mendigos y otros malditos del mar, Madrid, MAPFRE, 1992

CANALES, C. y DEL REY, M., Las reglas del viento: cara y cruz de la Armada Española del siglo XVI, Madrid, EDAF, 2012

Imagen | Sevilla en el siglo XVI, Navíos españoles en el puerto de La Habana, Francis Drake

En QAH| ¿Qué barcos usaban en los descubrimientos de la Edad Moderna? 

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