Economía y Empresa, Panorama Internacional 


Finanzas halal ¿para musulmanes?

La Sharia prohíbe que el dinero genere dinero, esto es, el cobro de intereses por los préstamos. ¿Cómo entonces puede la comunidad islámica cubrir sus necesidades financieras?

Las finanzas islámicas consideran inmoral obtener ganancias del intercambio de dinero (considerado usura o Riba), dictan que toda operación financiera debe basarse en una actividad económica real y prohíben invertir en ciertos sectores.

1. El hecho de que la ley islámica prohíba pagar o recibir interés no implica que impida ganar dinero. De lo que se trata es de que todas las partes de la operación compartan riesgos, ganancias y pérdidas. El que deposita dinero en un banco gana cuando el banco obtiene ganancias y pierde parte de sus ahorros si registra pérdidas. Igualmente, el banco que presta dinero para un proyecto actúa en cierto modo como inversor o accionista cuyo riesgo está asociado a la rentabilidad de aquello en lo que se invierte.

La lógica es vincular el rendimiento a la productividad y la calidad del proyecto, asegurando una distribución más equitativa de la riqueza y obligando a las partes a implicarse de manera activa en la operación.

En este sentido, en lugar de pedir un préstamo, una empresa puede acudir al Musharakah para financiar una operación. Se trata de un contrato que funciona como una joint venture en la que el banco asume la parte económica y ambos obtienen beneficios en función de lo aportado y de la rentabilidad del proyecto.

Existen también vehículos de inversión, los Sukuks, que funcionan como pagarés equivalentes a bonos sobre el activo en el que se invierte. De esta forma, el poseedor de un sukuk obtiene un beneficio en función de lo que genere el activo con el que va asociado.

2. Por otra parte, la obligación de que todo contrato se relacione con una actividad económica real impide vender algo que no se tiene. Es decir, deja fuera de juego una gran cantidad de derivados con un fundamento puramente especulativo. La base es la prohibición de una incertidumbre excesiva o gharar. Cualquier riesgo tiene que ser identificado y compartido entre los inversores.

3. El tercer principio establece un marco ético, pues lo primero que exigirá un banco islámico a una empresa para financiarle una inversión o una emisión de bonos es que sus actividades no violen los principios sociales de su religión. Se prohíben así sectores relacionados con el tabaco, alcohol, apuestas, pornografía, armamento, etc.

De esta forma, los bancos islámicos crecen sin apalancarse y apoyando proyectos reales en sectores relativamente sostenibles.  Además de los principios básicos mencionados, la gran virtud de la banca islámica es el concepto de regulación financiera, una utopía a la que todavía aspiramos en esta parte del mundo.

10 de los 25 mercados de rápido crecimiento (RGMs) tienen una población musulmana numerosa con grandes perspectivas para el sector financiero islámico

10 de los 25 mercados de rápido crecimiento (RGMs) tienen una población musulmana numerosa con grandes perspectivas para el sector financiero islámico

En este sentido, si se echa un vistazo a la última normativa sobre regulación bancaria (Basilea III), observamos que se centra en vincular el máximo apalancamiento permitido con el capital, asegurar suficiente liquidez bancaria e instrumentos de solvencia con capacidad real de absorber pérdidas. Estos principios, que parecían novedosos, son la base de las finanzas islámicas, que crecen (y mucho) evitando el exceso de especulación y con una estricta regulación bancaria.

Si todo esto suena a señores con turbante, quizá sorprenda saber que en junio de este año Gran Bretaña se convirtió en el primer país occidental en emitir sukuk soberanos por valor de 250 M€, por los que recaudó 2.800 M€. Y es que más de veinte bancos islámicos tienen sede actualmente en Reino Unido, cuya relación con el eje Kuala Lumpur-Singapur-Yakarta busca convertir la city londinense en un gran centro de finanzas islámicas.

Malasia es, después de Irán y con un 24% de cuota de mercado, la segunda potencia financiera del mundo islámico, superando a la gran Arabia Saudí y con la clara vocación de liderar el mercado financiero islámico.

Y no es de extrañar que todo el mundo quiera hacerse con el trozo más grande del pastel, un pastel que equivale al 150% del PIB español. Según un estudio de Ernst & Young, en 2013 los activos de la banca islámica alcanzaban los 1,8 billones de USD, lo que supone un crecimiento anual del 18% entre 2009 y 2013.

Vía|The Economist, Investopedia

Más información| Las finanzas islámicas en expansiónExplainer: how does Islamic finance work?Returns on Islamic finance are so good, non-Muslims want inFinanzas Islámicas ¿Otra orilla?

Imagen| Ernst & Young

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