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¿Filosofía en tiempos de crisis? (III): La función kantiana

¿Para qué queremos a la Filosofía en estos tiempos de crisis? Tú mismo, tú misma puedes obtener una respuesta. ¿Te merece la pena no dejar en el tintero nada importante de la vida que vivimos, no olvidarte de lo que es valioso para que no pueda ser obliterado ni denostado ni mancillado? El precio es la deshumanización, la enajenación personal y la crisis ecológica. ¿Te parece que todo puede ser mezclado, confundido, malogrado, perdido en el caos del tótum revolútum y que cada cosa no pueda mostrar lo que es y sus derechos? El precio viene de la mano del “todo vale” y de la anomia; la inmisericorde obsolescencia programada del negocio a toda costa o la invalidación y el menosprecio de tus juicios y decisiones, pues tú no eres experto y no entiendes. ¿Todo lo que hay, ha de ser así, como es? ¿Un mundo mejor no es posible? ¿No podemos plantearnos juntos qué mundo queremos? Procura aprender a autogobernarte, si no te seguirán gobernado otros y harán de tu mundo lo que sus intereses quieran.

Immanuel Kant (1724-1804)

Aunque te resulte a veces un poco difícil de leer, has de saber que de mucho más que de todo esto vas a poder encontrar abundantemente en los textos de Immanuel Kant, con un poco de paciencia. Este filósofo ilustrado, que puede seguir orientándonos si somos capaces de actualizar su pensamiento. Hay muchas cosas importantes de nuestro mundo que valen por sí mismas —son fines en sí—, y no pueden tratarse únicamente como medio para otra cosa. Te pasa cuando te vuelves adicto a algo, que lo que antes era un medio ahora es tu dueño y te esclaviza; siempre que te explotan o te ningunean te conviertes en un objeto: sexual, laboral o comercial, un mero usuario, consumidor o cliente; has dejado de ser un sujeto digno o bien tu dignidad está en serio peligro —y no hablemos de la Naturaleza, que ahora es medio ambiente—.

Imagina que debes que organizar una determinada marcha atlética popular, un maratón, por ejemplo. A ver: ¿Lo meterías todo en el mismo saco o tendrías que establecer categorías? Imagina si no lo haces la que puedes armar. Efectivamente, Kant te recuerda que nunca —en todo contexto— has de olvidarte de hacer justicia con lo diferente. Somos iguales y diferentes, el mundo es semejante y diverso a la vez. Lo igual, trátalo como igual y lo diferente, como diferente. ¿No es cierto que has tenido problemas cuando no lo has hecho así?

Y como no debes malinterpretar a Kant a la altura de nuestro tiempo —de crisis crónica—, te ofrecemos una versión transformada, a la manera habermasiana, de su famoso imperativo categórico (verdadera guía para todos nosotros, habitantes de este mundo complejo y cambiante): “Si, ante una determinada situación de decisión o de conflicto, participan todos los afectados y/o interesados y aceptan todos, sin coacción alguna, reconociéndose mutuamente como interlocutores válidos, las consecuencias y efectos secundarios que resulten del seguimiento universal de una determinada norma de acción, dicha norma será válida y será tomada como propia”. Ya sabes tú, ciudadano o responsable político: pasa por esta criba kantiana tus decisiones para que sean legítimas, puedan ser —quizás— buenas decisiones a largo plazo y así nos vaya un poco mejor a todos.

 

Imagen| El filósofo Kant

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