Filosofía, Reflexiones 


¿Filosofía en tiempos de crisis? (II): La función aristotélica

 

Los tiempos de crisis son tiempos activos, pues reactivan todas nuestras energías. Algo ha de hacerse de una manera nueva o renovada y esto requiere de nuestras mejores capacidades —toda nuestra actividad creadora— para adoptar las mejores decisiones a la altura de nuestro tiempo, según nuestro grado actual de desarrollo personal o social. Pero, además, superar una situación crítica necesita de nosotros mismos. Un recogimiento que te permita “reiniciar” lo fundamental. Reiniciar para reorganizar. Poner las cosas en su sitio. Primero lo fundamental, después lo secundario o prescindible. No confundir niveles. Primero, lo primero. Lo demás depende de lo principal, de lo incondicionado. Es decir, habría llegado el momento de ir a la raíz de los problemas que nos aquejan, al origen de las cosas existentes, al fondo de las cuestiones que nos preocupan y apoyarnos en lo que casi nunca cambia, lo idéntico en nosotros.

 ¿Qué es lo más importante? Aquello que más influye o afecta a más situaciones, a más casos, a más personas, más intensamente, a largo plazo… Lo importante es lo más básico y es lo que nos constituye. Así pues, el olvido de lo primordial sería un olvido imperdonable, sobre todo cuando estamos en crisis, viviendo una crisis.

Aristóteles

 ¿Y quién ha sido y sigue siendo el más versado en el reconocimiento de lo esencial? Sin duda, el saber filosófico. ¿Quieres saber lo que en cada caso es fundamental, lo que es más profundo? Observa el mundo filosóficamente. Cada ciencia parcela la realidad, pero únicamente la filosofía busca el Ser, lo propio de toda la realidad en su conjunto. De manera que los cimientos de cada ciencia sólo pueden discutirse filosóficamente. El fundamento de una ciencia no es una cuestión científica. Sin embargo, la sabiduría primera —siempre buscada—, decía Aristóteles que atiende a los principios primeros (en el orden del ser) y últimos (en el orden del conocer, pues son esos mismos principios primeros, que siempre han estado ahí —actuando— pero que únicamente los llegamos a vislumbrar después de un proceso de aprendizaje).

 ¿Nos sentimos algo perdidos? ¿No sabemos? ¿No sabemos qué hacer? No olvides lo fundamental. No pierdas el norte. Una sencilla distinción aristotélica puede ayudarnos a entender: lo sustancial y lo accidental. Entre aquello que define lo esencial de algo, que siempre se cumple y sin lo cual ya no sería la misma realidad; y entre aquello que puede darse o no darse, una cualidad o circunstancia que no afectaría principalmente a su valor como realidad existente.

 Cuando juzgamos a un ser humano por el color de su piel, cuando olvidamos lo que importa a largo plazo, cuando arriesgamos nuestro futuro en este planeta, cuando canjeamos interés general y bien común por interés egoísta e inmediato, cuando nos tratamos como clientes o usuarios pero no como personas…, estamos mostrando síntomas de nuestra confusión. (Y es la razón primordial por la que estamos en crisis, desde hace tanto). No confundas lo esencial con lo accidental, es decir, con las apariencias, con los prejuicios, con las circunstancias o el contexto, lo relativo o subjetivo con lo más objetivo y más universal. Pues esta confusión puede acabar siendo demasiado grave en la práctica. De ahí que la filosofía haya llegado a ser tan radical, tan exigente con la justicia, con la verdad. Va a la raíz, no se queda en la superficie de lo que hay. No renuncies a hacerte un poco filósofo. Ir al fondo es esencialmente humano.

 

Imagen| Aristóteles, detalle de la Escuela de Atenas (Rafael Sanzio)

En QAH| ¿Filosofía en tiempos de crisis? (I): La función socrática

 

 

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