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¿Filosofía en tiempos de crisis? (4): La función nietzscheana

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Nietzsche

El nihilista, el asesino de “Dios” —o eso dicen algunos—, el contracultural, el genio cuyo olfato era capaz de detectar la podredumbre de la cultura occidental, sus más bajos instintos vestidos de honorabilidad, el que filosofaba a martillazos haciendo añicos los ídolos de occidente, todo lo bueno, santo y verdadero —o, al menos, lo que se había tenido por tal hasta entonces… ¿Cómo va a alumbrarnos la filosofía de Nietzsche en mitad de nuestra contemporánea crisis de valores?

Simplemente, de la misma manera que ocurre con todo lo importante de la vida, aprendiendo a mirarlo. Una filosofía no está ahí —y no se ha transmitido— para que la veas como te han dicho que la veas. El mismo Nietzsche pensaba que las distintas escuelas filosóficas no eran más que laboratorios experimentales del arte de vivir, y como sus resultados nos pertenecen a todos, no hay que tener escrúpulos en adoptar una máxima estoica —pongamos por caso— porque antes hayamos adoptado otra distinta epicúrea. Mira tú lo que necesitas de lo que se te ofrece, dótalo de sentido y llévalo a tu propia vida.

Nietzsche, el vitalista; como habitualmente se le clasifica en la historia de la filosofía occidental. Pero las etiquetas fallan mucho —ten cuidado con ellas. No te dice él que vivas la vida a tope, despreocupadamente, explotando al máximo placeres que te llevan a más placeres que nunca descansan de atraparte —eso es hedonismo. No te dice él que cargues de positividad tu vida, relegando el lado negativo de las cosas —eso es optimismo huero. No te dice él que seas consciente del dolor y la desgracia humanos para que luego no te creas que la vida es de color de rosa y pienses que el sufrimiento es la única manera de vivir profundamente —eso es pesimismo amargo. A cambio de todo ello, ama la vida tal como es, ama tu vida tal como se te ha dado. Ésta sería la “prueba del algodón” nietzscheana: ¿Estarías dispuesto (o dispuesta) a vivir una y otra vez, eternamente, tu vida tal como está siendo? De lo contrario, si quisieras reemplazar algo, aunque únicamente te surgieran algunas dudas, tú no estarías amando la vida tal como es, con todo  lo “malo” y lo “bueno” que contiene; así que no te llames vitalista.

¿Cómo puedo yo, entonces, afrontar mi vida? ¿Y si estoy en crisis, como ahora, y si me siento tan mal conmigo mismo y con mi mundo? Te dice Nietzsche: comienza por la aceptación de todo aquello que eres. Si lo asumes de verdad, comprobarás que cualquier cambio que se produzca en tu vida será verdaderamente real. Tu vida sólo puede gozar de la autenticidad del vivir, si aceptas tu destino. Esto no es resignación, esto no es pasividad ni amargura, es tu único punto de partida válido. Así que tú verás. No te engañes. Hay múltiples maneras de engañarse a uno mismo en el mundo de hoy. ¿Qué es vivir, entonces? Un santo decir sí a todo lo que conlleva vivir, a lo que es tu propia vida; que ésta sea expresión de tu interna fuerza vital, el desarrollo, la expansión de lo que ya eres, dando libre curso a esa fuerza que está en ti. Vivir es voluntad de poder ser. Nietzsche dixit.

 

Más información| Filosofía de Friedrich Nietzsche

Imagen| Las tres metamorfosis, óleo de Werner Horvath

 

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