Ciencia, Neurociencia 


Fíate de tus tripas

Hay ocasiones en las que nos sentimos prácticamente incapaces de decidir entre dos opciones, nuestro pensamiento consciente no es capaz de decantarse por una u otra opción pero… ¿y nuestro inconsciente? En esta situación la solución es sencilla: jugar a cara o cruz. Lo más importante es asignar de antemano una de las dos opciones si sale cara y la otra si sale cruz. Entonces lanza la moneda y cuando aparezca el lateral de la moneda salido al azar y lo asocies con la opción antes asignada, tus tripas te dirán si sientes alivio o más bien todo lo contrario.

En los últimos años, desde la neurociencia se ha investigado activamente en el proceso apasionante de la toma de decisiones.. En 1997, el neurocientífico Antoine Bechara y sus colegas, colocaron cuatro mazos de cartas delante de sujetos y les pidieron que fueran escogiendo cartas una por una. Cada carta revelaba una ganancia o una pérdida de dinero. Conforme los turnos avanzaban, los sujetos comenzaron a comprender que cada mazo tenía sus propias características: dos de los mazos eran “buenos”, mientras que los otros dos eran “malos” y acababan con una pérdida neta. Mientras que los sujetos meditaban de que mazo sacar la carta, los investigadores se detenían en diversos momentos y le pedían su opinión: ¿qué mazos eran buenos?, ¿cuáles malos?, de esta manera descubrieron que normalmente hacía falta una veinticinco extracciones para que los sujetos fueran capaces de decir cuáles creían que eran buenos y cuáles malos.  Los investigadores también midieron la reacción de conductancia de la piel de los sujetos, que refleja la actividad del sistema nervioso autónomo. Observaron algo asombroso: su sistema nervioso autónomo descifraba la estadística del mazo mucho antes que la conciencia del sujeto. Lo que ocurría es que cuando los sujetos alargaban la mano hacia los mazos “malos” había un pico de actividad de anticipación, esencialmente una señal de advertencia. Este pico era detectable más o menos hacia la decimotercera extracción. De esta manera descubrieron que, parte del cerebro comprendía la recurrencia que se podía esperar de cada mazo mucho antes de que la mente consciente de los sujetos pudiera acceder a la información. Y esta información se comunicaba en forma de “presentimiento”, los sujetos comenzaban a escoger los mazos “buenos” antes de poder decir por qué de manera consciente. Esto significa que el conocimiento consciente de la situación no era necesario para tomar decisiones ventajosas.Corteza prefrontal ventromedial

Y, mejor aún, resultó que los sujetos necesitaban esa corazonada: sin ellas sus decisiones nunca serían buenas. Antonio Damasio y sus colegas repitieron la tarea de escoger cartas utilizando pacientes que tenían una lesión en la parte frontal del cerebro denominada corteza prefrontal ventromedial, un área que participa en la toma de decisiones. Descubrieron que estos sujetos eran incapaces de formar la señal de advertencia anticipatoria de la reacción galvánica de la piel. Los cerebros de estos sujetos simplemente no captaban las estadísticas, ni les hacían ninguna advertencia. Lo sorprendente es que incluso cuando estos sujetos lograban comprender de forma consciente qué mazos eran los “malos”, seguían tomando decisiones erróneas, en otras palabras, la corazonada era esencial para tomar decisiones adecuadas, pero en estos sujetos inexistente.

Esto condujo a Damasio a proponer que las sensaciones producidas por estados físicos del cuerpo acaban guiando el comportamiento y la toma de decisiones. Y a este fenómeno le acuñó el maravilloso nombre de Marcador Somático.  Los estados corporales se vinculan a resultados de sucesos del mundo. Cuando algo malo ocurre, el cerebro hace que todo el cuerpo (el ritmo cardíaco, la sensación de las tripas, la debilidad de los músculos, etc) registre esa sensación y esa sensación queda asociada con el suceso. La próxima vez que esta se considere, el cerebro llevará a cabo una simulación, reviviendo las sensaciones físicas del suceso. Estas sensaciones sirven para guiar, o al menos para influir en la posterior toma de decisiones; si las sensaciones de un suceso son malas, éstas nos disuaden de la acción; si son buenas, la alientan.

Desde este punto de vista, los estados físicos del cuerpo proporcionan los presentimientos que pueden guiar el comportamiento. Estos presentimientos resultan ser correctos con más frecuencia de lo que predeciría el azar, sobretodo porque su cerebro inconsciente es el primero en darse cuenta de las cosas, y la conciencia va a la zaga.

Más información| Incógnito. Las vidas secretas del cerebro. David Eagleman/ El error de Descartes. Antonio Damasio

Imagen|https://en.wikipedia.org/wiki/Ventromedial_prefrontal_cortex

En QAH|La memoria implícita y el misterio de los sexadores de pollos. Un pensamiento es pura magia

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