Cultura y Sociedad 


¿Feminismo?

Recientemente tuvo lugar el Día Internacional de la Mujer con diversos actos, marchas, conmemoraciones que se llevaron a cabo en distintos lugares del mundo y se pudo vislumbrar la ausencia de consensos en las mismas mujeres que en muchos casos no se vieron representadas. Ante ello, reflexionamos  acerca de la evolución del movimiento feminista y su posterior transformación.

Marcha feminista de los 70.

 

 

 

 

 

Si nos remontamos al siglo pasado con las primeras manifestaciones feministas, las mujeres del  feminismo radical (fines de los 60) bregaban por la igualdad legal y moral de los sexos. Una feminista de equidad quería para la mujer lo que quería para todos: tratamiento justo y ausencia de discriminación. Años más tarde surgiría el feminismo de género, término acuñado por Christina Hoff Sommers en su libro Who stole Feminism? (¿Quién se robó el feminismo?) haciendo referencia a la ideología según la cual la mujer está presa en un sistema patriarcal opresivo. Aquí las diferencias entre el hombre y la mujer corresponden a una construcción cultural. Se diluye la diferencia entre los sexos como algo convencionalmente atribuido por la sociedad. Esto hace que la heterosexualidad, homosexualidad, y bisexualidad sean modos de comportamiento sexual producto de la elección de cada persona. Con el correr de los años, el feminismo ha desembocado en diversas ramas y algunas han llegado a tener posturas marcadas por el extremismo.

 

Marcha feminista del tetazo en Argentina.

Analizando las últimas marchas en Argentina, llama la atención la violencia que han adquirido. El feminismo despierta sentimientos encontrados en muchas mujeres, y precisamente una de las causas es la forma violenta con la que se busca “llamar la atención” de los medios de comunicación y del poder político. Mostrar la desnudez con el objetivo de llamar la atención cosifica a las mujeres y refleja una falta de creatividad, ya que en los objetivos que se persiguen se pretende todo lo opuesto: tener más derechos y libertades y que se las respete por el mero hecho de ser mujeres, por el mero hecho de ser personas.

Si bien muchas mujeres están de acuerdo con las metas del movimiento feminista, no se sienten identificadas con él a raíz de las formas que emplean para legitimar sus reclamos. La audacia en romper los estándares y las estructuras sociales construidas no se ven reflejadas en el plan de lucha del feminismo actual.

En dichas marchas algunos hombres han sido golpeados o maltratados -a pesar de que estaban allí apoyándola o se encontraban cubriéndola por trabajo como fueron los casos de algunos fotógrafos-, paradójicamente por aquellas mujeres que dicen estar en contra del maltrato hacia ellas y piden respeto. La violencia es condenable en todas sus manifestaciones y emplearla buscando enfrentamiento para luego victimizarse es doblemente condenable.

De esta forma el feminismo se ha vuelto andrógino, así como el machismo es misógino. El feminismo se redujo a lo que tanto detestaba, una actitud similar a la del machismo, olvidando su esencia, ya que por definición es una “ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres” tal como señala la RAE. Los últimos accionares de algunas feministas, que tuvieron una actitud de prepotencia y odio para con los hombres, hizo que muchas mujeres dejaran de sentirse identificadas con el movimiento.

Una forma más transgresora ha sido la campaña #HeForShe lanzada por ONU Mujeres, que busca la participación activa de hombres y niños como agentes de cambio para lograr la igualdad de género y las reivindicaciones de los derechos de la mujer. Las imposiciones culturales se dan tanto en mujeres como en hombres (así como a la primera se le impone que deba ocuparse del hogar, al segundo se le impone la “hombría”, el ser fuerte y no sensible) provocando un maltrato por igual en cada instancia. Así, estamos ante un nuevo momento histórico que debe ser superador de las prácticas que se vienen realizando, es necesario un nuevo paradigma donde la igualdad e inclusión primen por el mero hecho de ser personas.

La valoración de la diversidad y de su complementariedad sistémica ejercida sin violencia deben ser la guía de todo movimiento que busque reivindicar los derechos humanos.

Tolerar y amar lo diverso reconociendo la humanidad en el otro nos va a permitir construir el mundo que soñamos, donde la libertad y la igualdad de los géneros sean posibles.

*Colaboración Nuria Romina Pastran.

Imagen| LaVoz.com; Wowblog.me

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