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Félix Vallotton, el más intimista de los nabis

En este artículo nos acercaremos a la figura de Félix Vallotton, uno de los pintores más desconocidos de uno de los movimientos artísticos a los que menos atención se presta. Vallotton (1865-1925), pintor de origen suizo y posteriormente nacionalizado francés, se unió al grupo de los nabis al poco de fundarse este.

Los nabis (palabra que significa “profeta” en hebreo) son un grupúsculo de artistas de la última década del siglo XIX y los primeros años del siglo XX que surgen a raíz del postimpresionismo. Su obra se inspira ante todo en el uso del color y tienen a Paul Gauguin como modelo a seguir. Recurren a esta denominación porque se consideraban a sí mismos unos artistas iluminados que querían llevar la potenciación del color hasta el extremo (en parte, se puede decir que este movimiento dará lugar al fauvismo a comienzos del siglo XX). El movimiento surge de mano de Paul Sérusier, quien, en 1888, conoce en persona a Gauguin en Pont-Aven. Enseguida se siente fascinado por el uso del color que hace Gauguin en su obra e inmediatamente se convierte en su principal discípulo. Junto con Maurice Denis, Sérusier se considera el fundador y principal representante de la corriente nabi.

Félix Vallotton, La pereza, 1896 (xilografía)

La obra de los nabis se caracteriza por tratarse de pinturas de pequeño formato, de colores planos y, en ocasiones, con composiciones abstractas. Estos dos aspectos otorgan al movimiento una importancia capital para el posterior desarrollo de las primeras vanguardias artísticas, ya que aquí encontramos las primeras abstracciones y las primeras obras en las que aparece el color en su estado más puro.

El movimiento nabi puede dividirse en dos corrientes distintas: por un lado, aquella que estaba imbuida por filosofías espirituales (teosofía, cristianismo, catolicismo y esoterismo) y cuyas representaciones se alejaban del mundo moderno y se inclinaban por escenas religiosas; por otro lado, la que se decantaba por la representación de escenas cotidianas (interiores, paisajes, vistas urbanas) y recurría a ellas para expresar sensaciones y emociones a través de las imágenes observadas del natural. En el primer grupo los artistas más destacados son los ya mencionados Sérusier y Denis, mientras que en la segunda corriente hallamos las figuras de Pierre Bonnard y Édouard Vuillard. Asimismo, la obra de Vallotton se integra en esta segunda rama de los nabis.

Félix Vallotton, Atardecer bronce-violeta, 1911

Como el resto de nabis, Vallotton valoraba por encima de todo el color, al cual liberaba de toda relación con la forma, las sombras o los matices. Comenzó realizando retratos, aunque pronto se sintió inclinado por otros géneros que le harían más conocido, como el paisaje. Vallotton fue un pintor muy fructífero ya que cultivó, aparte del retrato y el paisaje, escenas de desnudos, de marina, naturalezas muertas, escenas costumbristas, etc. Fue también uno de los primeros artistas en recuperar la técnica de la xilografía, que luego sería tan fundamental en el desarrollo del expresionismo alemán.

En su momento fue muy valorado como grabador, pero no tanto como pintor. En este sentido, la crítica artística de su época fue despiadada con él, ya que le recriminaba haber abandonado su faceta como grabador para dedicarse a la pintura: de él decían que pintaba los peores desnudos del momento y que sus paisajes eran impecables pero inertes. A pesar de ello, fue un pintor muy valorado por otros grandes maestros como Gustav Klimt, Henri Rousseau o Edward Hopper.

Félix Vallotton, Mujer durmiendo, 1899

Efectivamente, podemos decir que los críticos de Vallotton no estaban del todo equivocados. Su obra se caracteriza por recurrir a colores planos, sin matices y perfectamente delimitados, lo que da como resultado un estilo frío e inexpresivo. Esto se hace especialmente palpable en sus paisajes, que dan la impresión de ser lugares solitarios e inhóspitos. Por su parte, en las escenas de interiores y en los retratos, aunque pretende mostrarnos composiciones distendidas, encontramos una tensión y una soledad indiscutibles; pareciera que las figuras humanas de sus cuadros no pueden comunicarse entre sí, aspecto que baña a estas composiciones de un toque de extrañeza.

A pesar de todo esto, Vallotton supo imponerse como una figura fundamental en el ambiente artístico parisino de finales del siglo XIX, en buena medida por su producción como grabador, muy alabada por todos, pero especialmente por la importancia que tuvo en el desarrollo posterior de movimientos artísticos como el expresionismo alemán y de artistas como Edward Hopper, cuya deuda para con la obra del llamado “nabi extranjero” es indiscutible.

Félix Vallotton, Blanco y negro, 1913

 

Vía| Artelista

Más información| WALTHER, Ingo F., Arte del siglo XX, vol. 1, ed. Taschen, Colonia, 2005. Historia-arte, blog “Martí Ceballos: fauvismo y expresionismo”.

Imagen| La pereza, Atardecer bronce-violeta, Mujer durmiendo, Blanco y negro.

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