Historia 


Felipe II, mecenas de las artes plásticas

Introducción

Retrato de Felipe II hecho por Sofonisba Anguissola

Retrato de Felipe II hecho por Sofonisba Anguissola

El rey español Felipe II (1554-1598) fue el monarca europeo del siglo XVI que mayor atención puso a la creación de la reputación y la imagen real de su persona y su reino. Esto implicaba hacer presente al Rey entre sus súbditos de las mayores y más variadas formas vistas hasta el momento: todo tipo de manuscritos e impresos, todo tipo de grabados, cuadros, estampas y panfletos, construcciones arquitectónicas, metáforas políticas, rezos diarios en las ceremonias religiosas… En las obras de arte con Felipe II como protagonista no se buscaba la mayor naturalidad posible, sino que se intentaba manipular la realidad en base a los deseos de transmisión de la imagen real anhelada.

Felipe II y la arquitectura

La construcción del Monasterio del Escorial

En la arquitectura, hay que hablar indudablemente del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El motivo que llevó a Felipe II a construir tan imponente monumento de su reinado está claro: fue el cumplimiento de una promesa hecha por el Rey para reconciliarse con Dios al comprobar cómo la victoria de San Quintín había supuesto la profanación y destrucción de un convento de monjas el mismo día en que la Iglesia recordaba a San Lorenzo, un mártir español.

Sin embargo, como es de imaginar, hay motivos políticos detrás. La magnificencia con que está proyectada la construcción desde el principio es una muestra de la firme creencia del Rey en su propia grandeza. Decidido a emprender aquella obra, lo primero que hizo Felipe II fue mandar a su arquitecto regio, Gaspar de Vega, a recabar información por Europa, para averiguar cuáles eran las edificaciones religiosas más notables del continente y así poder sobresalir por encima de ellas. Lo segundo fue nombrar a un arquitecto de renombre que realizara tal magna obra, siendo elegido para ella Juan Bautista de Toledo en 1559, quien había sido aparejador de Miguel Ángel en el Vaticano y arquitecto del virrey de Nápoles.

La grandeza de un rey

Vista desde el aire del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Vista desde el aire del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

Era preciso alzar un monumento tal como nadie había visto jamás, un edificio que fuera digna memoria de sus padres, los Emperadores defensores de la Cristiandad, y que fuera en resumen el testimonio grandioso de la dinastía, un perpetuo recuerdo de su grandeza al contar con los enterramientos de sus padres, del suyo propio y del de sus familiares y sucesores.

Además de la proeza arquitectónica del propio monasterio, no hay que olvidar todo lo que llenaba el interior de El Escorial. Era un edificio enorme cuyas pasillos contaban con valiosas pinturas al fresco, lienzos pintados al óleo, numerosas esculturas religiosas y una biblioteca con personalidad propia. De ese modo, era un taller de primer orden sobre el que gravitaban todo tipo de artistas de la Europa católica, aunque con unos grandes y meticulosos filtros de aceptación impuestos por su estricta formación religiosa, lo que le hacía ser muy conservador y reacio a las novedades. Por ese motivo, su estilo sería un estilo sobrio pero en medidas colosales, algo que va a perfilar a la perfección tanto Juan Bautista de Toledo como su sucesor en el diseño de las obras, Juan de Herrera.

Felipe II, la pintura y la escultura

El mecenazgo de artistas

Retrato de Felipe II hecho por Antonio Moro

Retrato de Felipe II hecho por Antonio Moro

En la pintura, hay que decir que Felipe II era un gran admirador de El Bosco, que rechazó al Greco y que aceptó que Tiziano pintara cuadros religiosos para el oratorio del Rey, alejados de los cuadros eróticos que había pintado por encargo del entonces príncipe. A pesar de no contar con el Greco y aparte de las aportaciones de un Tiziano envejecido, el Rey llevó a cabo su mecenazgo con otros notables artistas italianos, como Navarrete, Zuccaro, Luca Cambiaso, o Pellegrino Tibaldi, discípulo de Miguel Ángel; y flamencos, como las piezas del Bosco o Roger van der Weyden.

Por otro lado, en la sacristía y en las piezas contiguas predomina la sensación de estar en un museo para la contemplación y el goce estético ante las obras venecianas de Tiziano, Veronés o Tintoretto, y algunas obras renacentistas de Sebastián del Piombo, Correggio Rafel, Gerard David, Gossaert, Patinir… En general, el objetivo de las pinturas que llenaban el monasterio era incitar a la devoción, conforme a las normas emanadas del Concilio de Trento. Dado la gran extensión del edificio, también había lugar para pinturas no religiosas, como los lienzos de la sala de las Batallas, una larga galería de 55 metros donde aparecen pinturas de batallas del pasado (la batalla de Higueruela de 1431) o del presente (la batalla de San Quintín).

La utilización de alegorías y símiles

Estatua de Felipe II hecha por Pompeo Leoni

Estatua de Felipe II hecha por Pompeo Leoni

Los canales habituales por los que Felipe II transmitía su imagen real a través de la pintura eran la alegoría y el símil. La primera de ellas se ve reflejada en la mayoría de retratos de glorificación del Rey, de procedencia mayoritariamente italiana. La segunda de ellas es la más repetidamente utilizada, plasmada en las obras de artistas como Antonio Moro, Sofonisba Anguiscola, Sánchez Coello o Pantoja de la Cruz.

Uno de los elementos esenciales del simbolismo regio era la armadura, un caso especialmente claro de mezcla de elementos idealizados y reales, ya que sabemos que Felipe II apenas participó en acontecimientos militares de forma directa. Un ejemplo paradigmático es el retrato de bronce realizado por Pompeo Leoni, una alegoría en la que Felipe II aparece comparado con los emperadores romanos y con la imagen de su propio padre, estableciendo así sutilmente una idea de continuidad dinástica en los Habsburgo. Otro tópico bastante utilizado es la comparación del Rey con el Sol y el Dios Apolo. En ambos casos, se trata de identificar al Rey con un personaje omnipresente y perfecto del que emanan virtudes eternas, como la firmeza, el buen gobierno, la valentía, la serenidad, el combate contra la herejía, o la fortaleza personal, entre otros muchos.

En colaboración con QAH| Historiae Heródoto

Vía| FLORISTÁN, A. (2005): Edad Moderna: Historia de España. Ariel, Barcelona; BOUZA, F. (1998): Imagen y propaganda: capítulos de historia cultural del reinado de Felipe II. Akal, Madrid.

Imagen| Retrato de Felipe IIMonasterio de El Escorial ; Estatua de Felipe II; Retrato de Felipe II

En QAH| La legitimación del poder en Felipe II; La Biblioteca del Monasterio de El Escorial

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