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Felices juntos, o morir solos

o morir solos...Esto es un post sobre algo que necesita el ser humano desde este preciso momento (en realidad, lo ha estado necesitando toda la historia, pero este también es un buen momento para recordarlo) la búsqueda del bien común.

Es curioso cómo la sociedad ha ido encaminada para que el triunfo y la felicidad estén ligados al éxito individual.

A la victoria “del hombre sobre el hombre”.

Además, en los últimos años y en el mundo globalizado han tenido gran influencia el cine, la cultura y los propios estilos de vida, por ejemplo, que inculcan la poderosa idea de la “American Way Life” con sus reminiscencias y sus defectos, pero se ha convertido en un objetivo que inherentemente ha sido asumido por la mayoría de la sociedad occidental en la que al final, el individuo, libre, es capaz de llegar a la felicidad basándose en su esfuerzo y su éxito como tal.

En cambio, la verdadera felicidad no radica en el individuo exclusivamente, ya que para alcanzar la autorrealización, tenemos que tener cubierta la experiencia o el estrato social, parafraseando a Maslow y subiendo por su pirámide.

Cuando pensamos en alcanzar nuestras metas, vemos un camino angosto y sobre todo estrecho en el que vamos nosotros solos sin pensar en la posibilidad de “añadirle carriles adicionales” buscando la analogía automovilística con la ayuda de otras personas que ayudarían a dar fluidez al trayecto, más velocidad. Nos aportarían ideas, consejos, experiencias y la retroalimentación que haría posible que esos aportes se conviertieran en sinergias y conviertan la suma 1 + 1 en 3.

Las metas, los logros y la consecución de objetivos que normalmente proporcionan felicidad para la mayoría de las personas a día de hoy, son individuales: conseguir un buen trabajo, enamorarse (o mejor dicho, conseguir una buena pareja), aprobar un examen, triunfar en los negocios, ser popular…

Pero si realmente lo “disfrutamos” desde una visión individual, sin compartirlo, sin el tener en cuenta al conjunto, sin que sea también el éxito de otros, sin el placer de ver la sonrisa de otra persona, ¿de qué nos sirve?

El todo es más importante que la suma de las partes, un equipo es más que el individuo, pregúntenselo a Messi los futboleros.

Por ello, el cambio de paradigma es fundamental, de la perspectiva, tenemos la imperiosa necesidad de convertir la visión de nuestro mundo y transformar las relaciones en búsquedas de alianzas para conseguir el bien común, la posibilidad de que ganemos todas las partes implicadas, aunque esté muy arraigada en nuestra sociedad la idea contraria, es posible. Sólo hay que tener predisposición para encontrar los puntos en común, el equilibrio entre las partes, y entonces llegar a acuerdos que beneficien a todos. 

La felicidad es además, un concepto compuesto. No puede ser uno feliz si la gente de su alrededor no lo es, no puede uno convivir en un mundo donde sólo él o ella sean felices, la distancia a la realidad les pondría en su sitio cualquier día y terminarían por comprender que están aislados.

En la educación, debería ser fundamental comenzar a introducir en las mentes de los jóvenes esta idea, ponerlos a solucionar problemas juntos, ponerlos a debatir, plantearles situaciones en las que tengan que afrontar la búsqueda del bien general para que cuando crezcan, tengan arraigado la necesidad de trabajar en pos del interés general de su comunidad, que por otra parte, también será el suyo.

En fin, para despedir la idea, y como diría Jack Shepard para los fans (que ya se habrán dado cuenta al leer el título) de la serie “LOST” (Perdidos):

“Vivir (felices) juntos, morir solos”.

Imagen | Series latinas, modificada.

Más info | El Mercado de la Incertidumbre

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