Cultura y Sociedad 


Fallece Lucian Freud, pintor de la carne humana

El día 22 de julio ha abierto sus ojos a la inmortalidad el genial pintor Lucian Freud, quien, según cuentan, ha fallecido a los 88 años en su casa de Londres. Nos ha dejado una personalísima obra figurativa de crudos retratos que ahondan en la fealdad humana, en la minuciosidad del tratamiento de las carnes y que se alejan de toda esa parafernalia abstracta que ha inundado el panorama artístico.

Lucian, nieto del famoso creador del psicoanálisis Sigmund Freud, vino al mundo en la capital alemana el 8 de diciembre de 1922, pero cuando contaba con sólo once años tuvo que exiliarse en el Reino Unido junto con su familia debido al ascenso al poder de Hitler. Recibió la nacionalidad británica en 1939. Se formó en diferentes academias inglesas, como la Escuela de Pintura y dibujo Cedric Morris’s East Anglian de Dedham, donde cosechó grandes éxitos y fue amigo de la otra gran figura del arte inglés del siglo XX: el pintor expresionista Francis Bacon.

Su obra se enmarcó en un primer momento en el Surrealismo, con extrañas figuras y vegetales yuxtapuestos, pero luego se decantó por la representación de la figura humana desnuda, los retratos y las naturalezas muertas, pasando de una pintura fina al uso de grandes cantidades de pigmento formando superficies en relieve – lo que diríamos “pegotones” y que se llama técnica del empaste-. Se le adscribe a la corriente del Hiperrealismo, aunque su visión de la realidad resulta más próxima a una nueva y personalísima corriente figurativa.

Suelen aparecen familiares, amigos y personas de su círculo, haciendo muy pocas obras por encargo, destacando, entre otras, un retrato para la reina Isabel II – de gran polémica-, un retrato para el barón Thyssen o el retrato de cuerpo entero de la modelo Kate Moss, quien se puso en contacto con el pintor para que cumpliera sus deseos y que aparece desnuda y embarazada. Sometía a sus modelos a largas sesiones posando de hasta ocho horas y durante varios meses, pues su obra, aunque en apariencia rápida y desdibujada, está llena de pormenores y sensibilidades.

Se convirtió en el pintor vivo más cotizado cuando en 2008 se vendió una obra en la que aparecía retratada Sue Tilley, una mujer de 140 kilos, por 33,6 millones de dólares.

Su pintura, con la superficie sinuosa, quiere ahondar en la materia de la carne, en la rotundidad de los desnudos humanos, de esa componente plástica y casi morbosa del cuerpo humano desprovisto de cualquier artificio posible; simple y llanamente vemos lo que es, con toda su presencia, con toda su esencia. Se profundiza en cada pliegue, en cada sombra, en cada pelo y en cada parte del cuerpo humano de una manera objetiva y a la vez tremendamente expresiva y personal, presentando el cuerpo humano en toda su mundana forma, pero elevándolo a las cotas más altas de la representación pictórica en el siglo XX.

Vía|El País

Imagen|Normanjean, Starmedia

 

 

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