Jurídico 


Eutanasia, autonomía del paciente y el derecho a la vida

Sin duda estamos ante un tema controvertido, un tema sobre el que todo el mundo puede tener una opinión basada en principios morales, éticos o religiosos. El propósito de este artículo es tratar de explicar desde un punto de vista jurídico el significado de estos conceptos y cómo se incardinan y conviven en nuestro ordenamiento jurídico.

En primer lugar, abordaremos de modo sucinto el alcance del derecho fundamental a la vida, proclamado en el artículo 15 de la Constitución Española (CE). En este artículo se dispone que “todos tienen derecho a la vida”. Este derecho constituye uno de los pilares fundamentales del sistema de derechos fundamentales recogidos en la propia CE, considerándose un derecho de carácter absoluto. Que el derecho a la vida sea un derecho de carácter absoluto quiere decir que es un derecho absolutamente indisponible para terceras personas, es decir, que nadie, en ningún caso puede privar a otro de su propia vida. Este carácter absoluto del derecho a la vida genera un claro conflicto a la hora de plantear la práctica de la eutanasia. En este sentido, sería conveniente explicar qué es la eutanasia, si hay distintos tipos y si todos ellos son incompatibles con nuestro ordenamiento constitucional como en un primer momento parece.

Fundamentalmente, debemos distinguir entre dos tipos de eutanasia; la activa y la pasiva. La eutanasia activa consiste en cualquier acción directa por parte de un tercero (normalmente médicos) que tenga como finalidad y consecuencia acabar con la vida de la persona sobre la que se ejerce la acción. Con acción directa entendemos una conducta activa, como puede ser la administración de algún tipo de sustancia o fármaco, o la aplicación de alguna técnica que produzca la muerte del paciente. Este tipo de eutanasia, la activa, es absolutamente incompatible con el contenido del derecho a la vida que exponíamos anteriormente, ya que es un tercero el que interviene de forma directa y activa en el cuerpo de la persona a la que provoca la muerte.

Por otra parte, tenemos la eutanasia pasiva. Este tipo de eutanasia hay que relacionarla necesariamente con el tercero de los conceptos en cuestión; la autonomía del paciente. El derecho a la autonomía del paciente es fruto del desarrollo del derecho fundamental de toda persona a la integridad física y moral (artículo 15 CE) y del derecho al honor y a la intimidad (artículo 18.1 CE), todos ellos proclamados constitucionalmente, que viene regulado en la Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Este derecho consiste en que todo paciente tiene derecho a ser informado de los tratamientos a los que va a ser sometido y que, en todo momento, tiene derecho a negarse a recibir dicho tratamiento si, una vez informado y en plenitud de facultades volitivas, así lo considera.

De este modo, la eutanasia pasiva consiste en la omisión o interrupción de un tratamiento médico aplicado sobre un paciente por la voluntad de éste, a pesar de que esa omisión o interrupción del tratamiento tenga como consecuencia la muerte del paciente. En este sentido, y pese a ser un caso controvertido, hablaríamos de interrupción del tratamiento en el supuesto de que el paciente decidiese ser desconectado de un respirador, pues el hecho de estar conectado a un respirador no deja de ser parte de un tratamiento médico que el paciente decide voluntariamente rechazar. No estaríamos en este último caso ante un supuesto de acción directa, entendida como conducta activa que provoca la muerte, sino que sería el resultado de un estricto cumplimiento de la voluntad y autonomía del paciente compatible con la indisponibilidad del derecho a la vida. Es más, continuar con un tratamiento frente a la oposición del paciente supondría un caso de obstinación o encarnizamiento terapéutico, que traería consecuencias negativas para el médico.

Por todo lo anterior, concluimos que la eutanasia pasiva sí tiene cabida en nuestro ordenamiento jurídico, puesto que no se dispone de la vida de un tercero sino que se actúa con el fin último de respetar la libertad del paciente, aunque finalmente desemboque en su muerte.

Vía| Wikipedia

Más información| Derecho a morir dignamente

Imagen| Eutanasia

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