Derecho Internacional, Jurídico 


Europa necesita menos obscuridad burocrática y más legitimidad democrática

La ciudadanía se queja de que desde Bruselas se nos imponen leyes totalmente ajenas a la vida democrática nacional y motivadas por ciertos mandatarios europeos, cierto. Medidas en las que los representantes elegidos democráticamente por los Estados miembro han tenido poco o nada que ver en su elaboración, cierto. ¿Se seguirán imponiendo leyes y medidas desde Bruselas? Sí, cada vez más y de más calado. ¿Seguirán siendo éstas ajenas a la vida democrática de la ciudadanía? No, hay alternativas que pasan por politizar y personalizar la toma de decisiones en la Unión Europea.

Por suerte o por desgracia, la UE está destinada a convertirse a medio plazo en una verdadera unión económica, lo que a largo plazo desembocaría en una unión política de sus Estados miembro, viendo así cumplidas las visiones de Jean Monnet sustentadas en el método de integración neo-funcionalista.

La crisis económica ha desencadenado la inevitable puesta en práctica de políticas e instrumentos financieros a nivel europeo (el Tratado de Estabilidad, Convergencia y Coordinación en la Unión Económica y Monetaria, el Mecanismo Europeo de Estabilidad, la Regulación bancaria, el Six Pack, el Two Pack, etc.), con el objeto de paliar las consecuencias de esta crisis, sentar las bases para que un episodio de tal calibre no vuelva a repetirse y ahuyentar aquellos fantasmas sobre la posible desaparición del Euro.euroSUM_1917100c

A tal efecto se han realizado propuestas que contemplan medidas a corto y largo plazo. Por una parte, la elaboración de listas transnacionales de cara a las elecciones al Parlamento Europeo y el uso obligado de voto nominal en la toma de decisiones de este órgano, restaría importancia a la nacionalidad del eurodiputado en cuestión, y otorgaría mayor valor a la identidad ideológica de ese eurodiputado. En otras palabras, si el ciudadano considera que sus políticos nacionales no dan la talla, que éste pueda votar a sus homólogos europeos de otros países.

Otro aspecto a tener en cuenta sería la elección del Presidente de la Comisión, actualmente el Sr. Barroso. Cabe recordar que este órgano es el único con capacidad de adoptar iniciativas legislativas, de lo que se deduce que el papel de su presidente debe de ser de los más importantes en todo este entramado institucional, si no el que más. El Consejo Europeo, Jefes de Estado y de Gobierno, propone al Parlamento el candidato para Presidente de la Comisión, lo que deja a la cámara parlamentaria poco margen de maniobra. Sin embargo, si la elección del Presidente de la Comisión Europea, en paralelo a las del Parlamento, fuese sometida a una votación ciudadana directa, se personalizaría así la ideología de los aspirantes a tal puesto. Es decir, el ciudadano sabrá quién orquesta las políticas que se nos imponen porque este habría realizado una campaña electoral pan-europea junto con otros candidatos.

En lo que respecta a las medidas a largo plazo cabe mencionar la siguiente. En gran medida, la Unión Europea funciona como un Estado, pero no lo es. Se trataría pues de transformar su arquitectura institucional. Es decir establecer un verdadero sistema legislativo bicameral en el que la cámara baja sería el Parlamento Europeo, mientras que el Consejo ejercería las funciones de la cámara alta. Debido a la supremacía del Derecho europeo, el Tribunal de Justicia de la UE ejerce ya de facto como tribunal constitucional, aunque no lo es; he ahí el poder judicial. Y la Comisión, que reúne todas las similitudes del poder ejecutivo convirtiéndose sus comisarios así en verdaderos ministros de la Unión Europea, con autoridad sobre las políticas nacionales. Para ello no hay que olvidar que al mismo tiempo, las elecciones a la Comisión y al Consejo deberían realizarse por sufragio directo de la ciudadanía europea. Y no menos importante, incluir en el ámbito de formulación de iniciativas legislativas en las que actualmente el Parlamento Europeo legisla, las políticas económicas, como no figura actualmente en el art. 121 (2) TFUE. Utópico o no y con varios matices, estos deberían ser los pasos a simageseguir para reducir el tremendo déficit democrático presente en el funcionamiento de la UE, el cual implicaría una remodelación severa de los tratados.

En palabras del Presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy: “una Unión cada vez más integrada solo se podrá sostener si se establecen mecanismos que aumenten el sentimiento de posesión ciudadana con respecto a la toma de decisiones en la Unión Europea”; en otras palabras, la UE necesita fortalecer su legitimidad democrática.

¡Ojo! Para ello hay que votar. La participación en las elecciones europeas ha caído del 62 % en 1979 a un pobre 43 % en 2009. Si deseamos sentirnos identificados con la UE y que ésta responda ante nosotros, hay que dejar constancia de ello.

Vía | Centre for European Studies, Democracy and legitimacy in an economic union, 2012.

Imagen 1 | Van Rompuy & Barroso. Imagen 2| Votar

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