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Bases tambaleantes de una Europa débil ante la crisis migratoria

Se escucha hablar en los medios de multitud de compromisos europeos que hace décadas se asumieron sin miras a un futuro que es más presente de lo que se cabía esperar.

Caos en una estación de tren

Caos en una estación de tren

Lo que en su día fueron baluartes, principios y pilares fundamentales de una Europa en construcción se vuelven arma de doble filo y ponen el punto de mira en la actuación de una Europa que necesita dar una respuesta europea, rápida y eficaz a un problema global. La intención va encaminada: Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, aseguró hace poco frente a un campo de refugiados en Calais (Francia) que “La UE no rechazará jamás a los que necesitan protección.”

Las diferentes posturas de los países ante la flagrante situación de crisis humanitaria son fruto de una falta de solidaridad y un deseo de preservar soberanía e intereses que es necesario que  sea analizado.

Todo empezó con el acuerdo de Schengen firmado en 1985 en Luxemburgo, cuando Alemania, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo (de la entonces Comunidad Económica Europea) llegaron a un pacto para suprimir las fronteras comunes, lo que implicaba, entre otras muchas medidas, eliminar los controles para las personas en las fronteras interiores y definir los de las fronteras exteriores comunes.

Hungría, frontera del espacio Schengen y puerta de entrada al continente, sostiene su política estricta de inmigración tras la construcción de una  valla de 175 km en la frontera, con el pretexto de reforzar la seguridad de las fronteras exteriores de la Unión.

Si repasamos el Reglamento “Dublín II” ( Reglamento (CE) nº 343/2003 del Consejo, de 18 de Noviembre de 2003, por el que se establecen los criterios de determinación del Estado miembro responsable del examen de una solicitud de asilo presentada en uno de los Estados miembros por un nacional de un tercer país) veremos que si la entrada ha sido de forma irregular por la frontera de un Estado miembro, éste es el responsable del examen de la solicitud de asilo durante los doce meses siguientes al cruce irregular. Ahora sí “se explica” la paralización de varios trenes en la frontera Hungría con Austria, pues se pretende evitar dobles peticiones de asilo y hacer cumplir las débiles reglas europeas.

Las propuestas planteadas por los países que apoyan una postura común son la creación de una política europea común de asilo, reforzando así el reglamento “Dublín II” y el artículo III-266 de la Constitución para Europa que implica un estatuto uniforme y procedimientos comunes de concesión y retirada de asilo, la formación de un cuerpo europeo de guardas fronterizos o la elaboración de una lista de países “seguros” cuyos ciudadanos no tendrán derecho a pedir asilo en la UE.

Sin embargo, la medida jurídica que más rechazo trae, quizás por la deshumanización de su título, teniendo en cuenta que el objeto de la misma son seres humanos, es el “reparto equitativo” de los refugiados con derecho a pedir asilo en la UE. Reino Unido, Hungría o España, son reticentes en cuanto a una cuota impuesta por la Unión, mientras que los lugares con más demanda de asilo en el primer trimestre de 2015 como son Alemania, (con un 40% del total), Hungría (18%), Italia (8%), Francia (8%), Suecia (6%) y Austria (5%) piden que se lleve a cabo la dosificación.

De base jurídica para el rechazo, en la Constitución para Europa, el artículo III-267 que reconoce que los Estados miembros conservan sus competencias para decidir el número de nacionales de terceros países que admitirán con el fin de buscar trabajo.

En las próximas reuniones se verá hacía donde vira Europa. Esperemos que se cumplan las palabras del primer ministro italiano Matteo Renzi, pues “Europa tiene que dejar de conmoverse y empezar a moverse.”

Vía|europa.eu , EUR-Lex

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