Coaching y Desarrollo Personal 


Estudiando “Los 7 hábitos” (IX): Afila la sierra

Un deportista de élite, además de contar probablemente con una predisposición genética hacia el deporte, no para nunca de entrenar, y sigue una estricta dieta. Si miramos a un virtuoso de la música, veremos probablemente algo muy parecido, muchas horas de ensayo y estudio. Escribir un libro supone mucho tiempo y trabajo tanto de redacción como de investigación.

Las grandes obras deportivas, musicales, literarias, o de cualquier tipo requieren a aquellos que las realizan grandes dosis de esfuerzo, constancia y dedicación, al margen de su talento propio para la obra en cuestión. Inclusive podríamos afirmar que es más importante el esfuerzo y la constancia que el talento, pues muchas veces veremos personas talentosas que no llegan a alcanzar sus metas por falta de la dedicación necesaria.

Las cualidades innatas para ser una persona altamente efectiva las tenemos todos los seres humanos. No es necesario nacer con un brillante intelecto, o con un talento especial, ni con un físico portentoso, para ser proactivo. Y ya sabemos que las personas proactivas pueden tomar las riendas de su vida, fijar los fines y valores adecuados, organizarse de manera efectiva, mantener cuentas corrientes emocionales con saldos positivos con aquellos con los que se relacionan, pensar en ganar-ganar, escuchar para hacerse entender, y crear sinergias en los grupos y relaciones en las que intervienen. La gran noticia es que todos tenemos la capacidad innata de convertirnos en personas altamente efectivas.

Pero tal y como sucede con los grandes deportistas o artistas, no podemos descuidar nuestro talento. Debemos seguir cada día estudiando y entrenando. Este es el séptimo y último hábito a interiorizar por parte de las personas altamente efectivas, al que Covey llama “Afilar la sierra”. Y es que al igual que los carpinteros tienen siempre afilada su sierra para poder ser eficientes en su trabajo, nosotros debemos estar también siempre a punto.

LAS CUATRO DIMENSIONES

Podemos dividir nuestra naturaleza humana en cuatro dimensiones bien diferenciadas que requerirán de constante renovación y puesta a punto:

  • Dimensión Física
  • Dimensión Mental
  • Dimensión Social-Emocional
  • Dimensión Espiritual

DIMENSIÓN FÍSICA

Para cuidarnos a nosotros mismos debemos empezar por cuidar nuestro cuerpo. Y ello es la suma de una dieta correcta más un entrenamiento físico adecuado.

No vamos a indicar aquí cual es la dieta idónea, pero sí debemos resaltar que la dieta más adecuada nos parece aquella que contenga en cantidades adecuadas carne, pescado, fruta, verdura, cereales, pasta, arroz, lácteos, huevos, frutos secos y aceite de oliva. Una dieta que identificamos con la dieta mediterránea.

deporteRespecto de la dieta, es fácil caer en cuidar muy poco lo que comemos. Para ello resulta muy útil la planificación semanal, es decir, dedicar unos minutos cada semana a organizar como dividiremos los alimentos fundamentales que expusimos en el párrafo anterior. Si no podemos planificar adecuadamente, o nos surgen imprevistos en dicha planificación, sí que debemos llevar siempre un “check-list” (al menos mental) de lo que hemos comido esta semana, para diversificar adecuadamente los alimentos. Pues nuestro cuerpo necesita una diversidad de minerales, proteínas, vitaminas o hidratos de carbono y debemos por ello no caer en la repetición.

En el aspecto físico debemos superar la pereza y buscar realizar al menos un poco de ejercicio cada día. En última instancia, si hay varios días de la semana que no podemos realizar ejercicio, deberíamos sumar el tiempo de ese día a otro día de la semana. Porque no basta con llevar una dieta adecuada, sino que el cuerpo necesita una actividad física habitual para asegurarnos un nivel de salud elevado.

La actividad físico-deportiva se divide en cinco condiciones: fuerza, resistencia, elasticidad, flexibilidad y coordinación. Resumiendo mucho cada uno de estos aspectos, para la fuerza podemos recurrir al trabajo anaeróbico con pesas y para entrenar resistencia al ejercicio aeróbico como la natación, ciclismo o running. La elasticidad y flexibilidad la adquirimos con tablas de ejercicios en yoga, pilates o tai-chi. La coordinación se adquiere principalmente en la práctica de deportes en los que se interactúa con otras personas, como el tenis, el basket o el fútbol. Una correcta tabla semanal de ejercicios nos puede ayudar de manera sencilla a planificar el entrenamiento de los distintos tipos de condición física. También puede recurrirse a una planificación quincenal, donde se repitan ejercicios aeróbicos y anaeróbicos, para ganar fuerza y resistencia, y luego se alternen con partidos de padel, por ejemplo, que nos ayudaría a entrenar coordinación, elasticidad y flexibilidad.

DIMENSIÓN MENTAL

Igual que la actividad física impide que nuestros músculos se atrofien, y mantiene en forma nuestro corazón, la formación continua mantiene en forma nuestra mente.

Solemos asociar formación con un plan formal educativo en formato de curso académico, llámese Módulo, Postgrado, Master, Diplomatura o Grado. Pero con formación continua no me refiero tan solo a la realización de programas formales (que también) sino a formarnos cada día aprendiendo cosas nuevas, ya sea mediante la lectura, la televisión, el cine o la radio.

lecturaEs recomendable leer cada día el periódico para mantenernos al tanto de la actualidad, actualmente gracias a Internet podemos leer múltiples periódicos tanto generalistas como especializados de todo el mundo. De la misma manera resulta muy formativo mantener siempre un libro en curso, de aquellas materias que nos interesan o que tenemos como hobbie, que para unos será la Historia, para otros el deporte, o quizás la ciencia. Leer artículos y ensayos en internet respecto de las materias de nuestro interés también es una manera de formarnos continuamente y mantener activo nuestro cerebro. Contamos así mismo con documentales en las plataformas de TV, así como en la web. El cine o las series de TV pueden resultar también ilustrativas para mantener activa nuestra mente, pero hablo aquí siempre a nivel formativo y no de entretenimiento.

Planificar una actividad mental semanas resulta muy recomendable. Una organización sencilla pasaría por tener un objetivo de leer un libro durante varios meses, ver un documental cada semana y leer al menos dos periódicos cada día.

DIMENSIÓN SOCIAL-EMOCIONAL

La verdadera efectividad personal, como ya sabemos, no es solo interpersonal, sino que es interpersonal. Mientras que muchas obras de desarrollo personal nos dicen que el éxito reside únicamente en tener una gran autoestima o disposición mental, la efectividad real reside en el liderazgo interpersonal, en la capacidad de relacionarse de manera efectiva en todos los ambientes en los que interactuamos, desde un centro personal de valores y principios correctos.

Por ello es imprescindible la renovación continua de nuestra dimensión social y emocional, que se instrumenta mediante relaciones en las que realizamos depósitos emocionales en las personas de nuestro ámbito:  familia, amigos, compañeros de trabajo, compañeros de deporte u otras aficciones, etc..

amigosLo adecuado es llevar una buena agenda social, en la que planifiquemos las reuniones con todos nuestros grupos de relación, a fin de que a todos los veamos con la debida frecuencia. Quizá a nuestros amigos más cercanos los podamos ver con más asiduidad, por vivir en la misma ciudad, mientras que a nuestro grupo de amigos del instituto o de la universidad solo los podamos ver una vez al año, pero merece la pena tener un contacto efectivo con todos.

Nuestra dimensión social y emocional se enriquece continuamente, como ya dijimos antes, con los depósitos de valor que hacemos en otras personas. Escucharles sinceramente, de manera abierta, ayudarles en todos sus problemas, disfrutar con ellos cuándo estamos en su compañía, y hacer todos los favores así como prestar toda la ayuda posible, cualquier día a cualquier hora, es la base de importantes depósitos que engrandecen nuestras relaciones interpersonales, así como nuestra dimensión personal.

Cuándo nos relacionamos de manera sincera, y con vocación de servicio, ejercemos una potente influencia positiva en todos los grupos y personas con las que interactuamos. Esto convierte a la gente efectiva en líderes natos en todas sus relaciones.

Ayudar a los demás es lo más gratificante que puede hacer un ser humano. En las grandes filosofías desde la antigüedad encontramos la máxima de “amarás al prójimo como a ti mismo”, y de hecho la cooperación social es la clave del desarrollo humano. Es por ello que la forma adecuada de enriquecernos es ayudar a nuestros compañeros, familiares y amigos.

Un paso más allá que nos llevará a un mayor crecimiento personal es ayudar a quienes no conocemos. Si antes hemos hablado de disfrutar y colaborar con las personas de nuestros círculos cercanos, el siguiente paso es colaborar con las personas que, necesitando nuestra ayuda, no están en nuestro ámbito personal más o menos cercano. Ejercer la caridad con el mendigo es ayudar a alguien a quien no conocemos. Igualmente esto lo podemos hacer colaborando con organizaciones sociales y ONGs, en las que seguro que agradecen que dediquemos una parte de nuestro tiempo semanal en ayudar a cumplir sus fines, como por ejemplo dar de comer a los necesitados en los comedores de Cáritas. Igualmente podemos colaborar económicamente con estas organizaciones, puesto que no suelen tener una fuente de financiación fija sino que se mantienen con las aportaciones solidarias de las personas que libremente donan su dinero.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

Esta es la última de las dimensiones que estudiamos en este ensayo, pero no por ser la última es la menos importante, sino que es la más importante, ya que nuestro espíritu sustenta el resto de nuestra persona.

También es éste el último apartado de la serie de ensayos que hemos dedicado a “Los 7 Hábitos” pero sin embargo nuestra dimensión espiritual está totalmente relacionada con el primero de los ensayos de esta serie (Estudiando Los 7 Hábitos. Introducción), concretamente con la parte de los principios y los valores. Que a su vez es el centro de toda persona altamente efectiva: la gente efectiva tiene un centro de valores, del cual parte su proactividad y el resto de hábitos que la definen como tal.

El espíritu humano es la parte más privada de la persona, los cimientos de la personalidad. Allí es donde grabamos nuestros valores personales. Sobre estos cimientos se levanta el resto del edificio, por lo que resulta fundamental que se trate de cimientos fuertes y robustos sobre los que construir una vida plena y en constante evolución.

catedralLas religiones y filosofías tienen gran importancia y sirven precisamente para cuidar de nuestro espíritu de modo que dediquemos con asiduidad una parte de nuestro tiempo a esta renovación de nuestra dimensión espiritual. Eso sí, debemos acercarnos a las religiones o filosofías cuyos valores cuadran con los principios universales que al principio de esta serie de ensayos enumeramos de paz, libertad, respeto a la vida, respeto a la dignidad y los derechos de las otras personas, ayuda al prójimo, etc… Dado que de otra manera nuestros valores se verán perjudicados por valores erróneos de esta religión o culto, y nos apartaremos de la efectividad. No podemos justificar aquí, por la falta de espacio, que estos principios son los correctos, pero un profundo estudio del Derecho Natural nos instruye en que así resulta ser. No obstante, simplemente por la intuición de nuestra brújula moral nos damos cuenta de que, con los valores incorrectos, estamos dañando los principios correctos. Por usar un ejemplo que también utiliza el profesor Covey, un ladrón tiene valores, que le ayudan en su labor de robar los bienes de otras personas. Pero él sabe e intuye que no son valores correctos, en tanto que está lesionando un principio humano como es el respeto a las otras personas y sus bienes.

¿Y cómo renovamos nuestro espíritu? Mediante la meditación, ya sea oración o retiro espiritual. Nos dice Covey que Martin Luther King dijo en una ocasión: <<Tengo mucho que hacer hoy, de modo que necesito pasar otra hora de rodillas>>. El rezo, la oración, la meditación profunda consiguen que nos separemos de la realidad y reflexionemos profundamente, en busca de la renovación de nuestro espíritu y nuestros valores; se trata del tiempo mejor invertido del día, ya que nos prepara para el resto de la jornada.

Personalmente soy cristiano, y dedicar cada día un tiempo a rezar y orar me ayuda a posicionar mis valores a fin de encarar con ilusión el resto del día. Igualmente es magnífico entrar en una iglesia para poder beneficiarnos de su silencio para retirar nuestro espíritu del ajetreo de la calle, y meditar en paz. Muchos grandes profesionales realizan cada cierto tiempo un retiro espiritual, como un fin de semana en un monasterio alejado de la ciudad, para poder orar, pensar, meditar y renovar nuestro espíritu.

Covey cita en su obra al líder religioso David O. McKay, quién afirma que <<las más grandes batallas de la vida se libran cotidianamente en los aposentos silenciosos del espíritu>>. Ganar las batallas interiores dando un golpe de timón interno para readecuar nuestra conducta a los valores de nuestro espíritu no deja en paz con nosotros mismos, y nos permite afrontar con efectividad las batallas externas.

Vía | Stephen R. Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (Paidos Ibérica, 2011)

Más Información | Muy Interesante  Educación.El pensante  Liberalismo.org  Encrecimiento

Imagen|Pixabay

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