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Estudiando Los 7 Hábitos (III): Comienza con un fin en mente

El primer hábito, la proactividad, significa asumir que somos responsables de nuestra vida y de todo lo que nos pasa. Así que el segundo hábito llamado “Empieza con un fin en mente” supone establecer de manera proactiva y responsable los objetivos que queremos conseguir en nuestra vida, así como establecer igualmente cómo vamos a vivir para conseguir dichos objetivos.

OBJETIVOS VITALES

Establecer nuestros objetivos vitales significa visualizar cómo queremos que nos recuerden las personas con las que interactuamos en nuestros distintos roles cuándo finalice nuestra vida. Es decir, identificar si queremos que nuestros hijos nos recuerden como un magnífico padre, si queremos que nuestro cónyuge nos recuerde como la mejor pareja, o si queremos que nuestros compañeros de trabajo, clientes y proveedores nos recuerden como un gran profesional. Una vez hayamos visualizado la impronta que queremos dejar en los demás, podremos definir nuestro objetivo vital, por ejemplo ser un buen marido, o una buena esposa, ser un gran padre o madre, ser el mejor empresario, o la mejor arquitecta del país.

abuelosSegún distintos estudios sobre neurociencia, la parte izquierda del cerebro es la racional, es más lógica y verbal, mientras que la parte derecha del cerebro es la intuitiva y creativa. Normalmente nos centramos en la parte racional, pero para visualizar aquello que queremos lograr tenemos que imaginar, ser creativos, utilizar y desarrollar en definitiva la parte derecha.

Las personas altamente efectivas, de manera proactiva y responsable, utilizan su capacidad de imaginación y creatividad para visualizar cómo quieren ser, sus objetivos vitales. El profesor Covey nos propone el siguiente ejercicio: Imaginar que es el día de nuestro entierro, y que nos podemos ver a nosotros mismos, como si de un tercero se tratase, de cuerpo presente en la iglesia; todos los que nos rodean cada día, nuestros familiares, amigos y compañeros, han asistido al mismo para despedirnos; si nos preguntamos cómo queremos que ellos nos recuerden, como un buen padre, esposo, amigo y compañero, por ejemplo, estaremos estableciendo ahí nuestros objetivos vitales.

Esto es visualización a largo plazo, pero las personas altamente efectivas utilizan también su capacidad creativa, de imaginación y visualización, para establecer sus objetivos a corto plazo. Imaginan las cosas antes de hacerlas. ¿Qué objetivos quiero cumplir este año en mi trabajo? ¿Cómo puedo ayudar a mi esposa para cuidar de los niños y la casa? ¿Qué enseñanzas le quiero proporcionar a mi hijo en los próximos meses? El primer peldaño del éxito es visualizar todo aquello que queremos lograr, y una vez puesto el objetivo establecer el guion necesario para lograrlo.

CONSTITUCIÓN PERSONAL

motorY es que las personas altamente efectivas, en tanto que comienzan siendo proactivas y haciéndose responsables de sus propias vidas, no viven los guiones diseñados por terceras personas, o por el destino, sino que escriben su propio guion y marcan su propio destino.

Una vez que hemos visualizado nuestros objetivos vitales, tendremos que escribir el guion para conseguirlos.

Igual que cada País soberano tiene su propia Constitución como norma suprema y fundamental, en la cúspide de su sistema jurídico, y que define los principios y objetivos de la nación, nosotros podemos establecer nuestra propia Constitución personal.

Así por tanto de la misma manera que la Constitución nacional desarrolla los principios fundamentales de su país, y establece valores inalterables como la paz, la igualdad, el respeto y la justicia, nuestra Constitución personal debe recoger los valores que van a fundamentar nuestra vida, y que vamos a seguir siempre como norma suprema para alcanzar nuestros objetivos finales, que también vendrán recogidos en nuestra Constitución personal.

vidaSiguiendo con la identificación entre la norma jurídica constitucional, y nuestra constitución personal, cada vez que veamos que una actuación en nuestra vida no se corresponde con nuestra Constitución personal, deberemos declararla “inconstitucional” y no llevarla a cabo.

Esto en definitiva es llevar a la práctica la proactividad del primer hábito, pues recordemos que las personas proactivas subordinan los impulsos a los valores.

Enlacemos ahora con un ejemplo nuestra constitución personal con nuestros objetivos vitales, y con nuestros objetivos de corto plazo: Si visualizamos una discusión con nuestro cónyuge, dónde vemos que tendemos a reaccionar gritando por algo que nos parece equivocado, podemos visualizar también cómo corregirlo, respetando nuestros valores (respeto, dignidad, amor) y supeditando nuestro sentimiento de ira a dichos valores, lo cual nos llevará a evitar la reacción violenta, y a proceder explicando sosegadamente el razonamiento de por qué creemos que nuestro cónyuge se equivoca. Estamos siendo proactivos, respetando nuestros valores recogidos, previa visualización de largo plazo, en nuestra constitución personal, visualizando también y estableciendo un objetivo de corto plazo (no crear conflictos con nuestro cónyuge) y mejorando con todo ello nuestra relación conyugal. Estamos incrementando nuestra efectividad personal.

De la misma manera, al redactar nuestra Constitución personal estamos creando el guion de nuestra propia vida, y no viviremos el guion establecido por otras personas, o por las circunstancias. Y es que las personas reactivas viven su vida en base a los guiones que les han proporcionado terceras personas (sus padres, sus cónyuges, sus amigos o sus enemigos). Mientras que las personas proactivas tienen la capacidad de vivir su propio guion, esto es, vivir su propia vida con su propia constitución.

Para redactar nuestra Constitución personal, utilicemos el hemisferio derecho de nuestro cerebro, ampliemos nuestra perspectiva y visualicemos aquello que queremos ser. Después procedamos a identificar los roles (v. gr. padre, hijo, compañero, amigo, cónyuge, empresario) y las metas (v. gr. ser un gran padre, ser un magnífico marido, ser el mejor arquitecto).

EL CENTRO DE NUESTRA VIDA: LOS VALORES

Aquello que ponemos en el centro de nuestra vida marca la misma. Como podemos ver en la siguiente imagen, del centro de nuestra vida salen cuatro factores que determinan cómo vivimos: la seguridad, la guía, el poder y la sabiduría.

centro vital

La seguridad es la valía, la autoestima, la fuerza personal. La guía es la dirección de nuestra vida, nuestro marco de referencia. El poder representa nuestra fuerza y capacidad de actuar, nuestra energía personal para afrontar la vida. Por último, la sabiduría persona representa la perspectiva y equilibro con el que afrontamos todo aquello que nos pasa, y con la que influimos en los demás.

Por lo tanto, es de suma importancia establecer el centro adecuado, pues de otra manera nos guiaremos de manera equivocada, frenaremos nuestro poder o nuestra seguridad, y mermaremos nuestra sabiduría.

La gente tiende a poner en el centro de su vida elementos como el cónyuge, la familia, los amigos, el dinero, el trabajo, el patrimonio, el placer, los enemigos, sus creencias religiosas, o ellos mismos. Cuando uno de estos factores, o la mezcla de varios, constituye el centro de nuestra vida desatendemos el resto de roles y grupos de los que formamos parte, y nos volvemos poco efectivos.

Las personas altamente efectivas ponen en el centro de su vida los valores. Las decisiones basadas en los valores correctos son las decisiones más efectivas. Recordemos que según el primer hábito las personas proactivas identifican los valores que mejor representan los principios universales (humildad, autoestima, respeto, amor, desarrollo personal, justicia, paz, etc…).

Cuando el centro de nuestra vida lo constituyen los valores adecuados, nos dotamos de gran seguridad para afrontar todo aquello que nos pasa, tenemos la guía correcta para conseguir nuestros objetivos, poseemos el poder necesario para ello, y nos convertimos en fuente de sabiduría en nuestro desarrollo personal.

Por ello es necesario que nuestra Constitución personal recoja los valores que deben dictar nuestra vida, y que los pongamos en el centro de la misma para vivir una vida realmente efectiva.

LIDERAZGO PERSONAL

Al haber interiorizado el primer hábito, la proactividad, y el segundo hábito, de comenzar con un fin en mente, nos volvemos líderes. Y es que los líderes son aquellos que visualizan dónde hay que llegar, y marcan el camino para llegar.

reloj2Lo que distingue a un administrador de un líder es que los administradores hacen las cosas bien, y los líderes hacen las cosas correctas (Peter Drucker). Y es que hacer solo las cosas bien puede derivar en el fracaso, cuándo descubrimos que estamos siguiendo el guion marcado por otras personas, o que hemos pasado nuestra vida siguiendo un camino incorrecto. Lo hemos hecho bien, pero no hemos hecho lo correcto. Hacer las cosas correctas pasa por visualizar e identificar nuestros propios objetivos, de manera responsable y proactiva, y perseguirlos de acuerdo a una constitución personal basada en los valores correctos.

En el mundo empresarial, mientras que existen grandes administradores, con buenas dotes para la contabilidad, las finanzas o la organización, hay muy pocos líderes que sean capaces de marcar el objetivo y el camino, y dirigir a su organización, proveedores y clientes hacia el mismo. En el marco personal pasa lo mismo, debemos convertirnos en líderes y perseguir nuestros objetivos de acuerdo a los valores adecuados.

Lo fácil es ser administrador, no tener que hacerse responsable de su propia vida y poder echar la culpa a las circunstancias. Pero aquellas personas que deciden ser proactivas y empezar con un fin en mente están dando los pasos adecuados para ser altamente efectivas, y se convertirán por tanto en líderes de sus propias vidas y de aquellos con los que interactúan.

Antes de administrador hay que ser líder.

Vía | Stephen R. Covey Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (Paidos Ibérica, 2011)

Más Información | Rivassanti  El arte de dirigir  Rsanzcarrera

Imágenes | Pixabay

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