Cultura y Sociedad 


Estrategias naturales donde no llega la tecnología

Situémonos en un espacio donde se suelen dar cita las más modernas tecnologías. En concreto en un aeropuerto. En él confluyen los frutos más innovadores de la ingeniería aeronáutica y las telecomunicaciones, y a pesar de ello algo tan aparentemente insignificante como son las pequeñas aves urbanas pueden suponer un riesgo considerable para el despegue y el aterrizaje de los aviones.

Seguramente a algún que otro científico o investigador ya se le haya ocurrido un método para evitar este problema basándose en ondas, campos electromagnéticos, señales sonoras, etc. Sin embargo hay un aeropuerto, el de Málaga, (al menos el único que yo conozco) que ha optado por un método más natural, que se centra en el uso de aves rapaces adiestradas.

Se trata de un servicio que la consultora ambiental Gestión de fauna facilita al aeropuerto. Para ello usan águilas y halcones adiestrados para realizar vuelos de reconocimiento por las pistas de despegue y aterrizaje y expulsar a la avifauna. Y hago bien usando el término “expulsar”, porque esta consultora, que está integrada por un equipo de biólogos, ornitólogos y técnicos mediaoambientales, no está interesada en hacer disminuir la población de pequeñas aves de los alrededores del aeropuerto de Málaga. Por ello los adiestradores, antes de que sus rapaces intercepten a la presa, las llaman para retirarlas del ataque, minimizando así el número de bajas.

Entre las técnicas que usan para prestar este servicio está la altanería, que consiste en dejar suelto al ave rapaz para que sobrevuele la zona a una altura de 200 metros. Cuando el pájaro detecta una presa se lanza en picado hacia ella a una velocidad que suele superar los 200 kilómetros por hora. Y para evitar posibles despistes y conocer la zona por la que se mueve, cada rapaz lleva colocado un transmisor que señala el punto en el que se encuentra.

Desde septiembre hasta junio la carga de trabajo para estas rapaces es mayor, dado que el clima malagueño invita a triplicar el tránsito diario de aves. Sin embargo un ejemplar trabaja durante dos o tres meses y descansa durante otros tantos.

Resulta paradójico que sean las criaturas que están dotadas por naturaleza para emprender el vuelo las que se encarguen de facilitar que la maquinaria inventada por el hombre para tal fin pueda realizar su función sin riesgos externos.

 

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