Especial Semana Santa, Patrimonio 


Especial Semana Santa: El Arte de la Pasión (y III)

Hoy, Domingo de Resurrección, concluimos nuestra iniciativa de desgranar distintas obras alusivas al ciclo de la Pasión de Cristo. No te pierdas nuestras últimas colaboraciones. Deseamos que este especial haya cargado de arte -más si cabe- vuestra Semana Santa. ¡Feliz día!

 

Escenas de la Pasión de Cristo, Hans Memling
por Irene Palancar, historiadora del Arte

Realizado entre 1470 y 1471 y actualmente en la Galería Sabauda de Turín, es sin lugar a dudas una obra única que engloba todo el Ciclo de la Pasión, Muerte y Resurrección que acontece en Semana Santa. Fue realizada por Hans Memling, bajo el mecenazgo de la potente familia de Tommaso y María Portinari, que aparecen como figuras genuflexas en los márgenes inferiores de la tabla.

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A modo de micro-retablo se presenta la ciudad de Jerusalén, con una línea del horizonte muy alta -un recurso técnico que nos permite ver una gran ciudad fortificada, con calles serpenteantes y edificios habitables-. Las escenas se sitúan en espacios abiertos e interiores de manera que se crea un discurso perfectamente hilado de carácter pasionista, donde la mirada del fiel realiza un recorrido narrativo de izquierda a derecha, sucediéndose 23 escenas, comenzando con la Entrada de Jerusalén, pasando por la Santa Cena, el Ecce Homo o la Crucifixión, hasta llegar a la Resurrección y finalizando con el episodio del Noli me tangere de Cristo ante María Magdalena.

Con esta obra de carácter devocional, el discípulo de Van der Weyden enfatiza la conocida devotio moderna de aproximación al fiel que se lleva a cabo en el último tercio del siglo XV, demostrando, con preciosismo y un gran alarde técnico propio de la pintura flamenca, el gran esfuerzo de síntesis que supone realizar una obra de tan pequeño tamaño pero con una gran carga iconográfica que no deja indiferente a ningún devoto.

 

Llanto sobre Cristo muerto, Andrea Mantegna
por Mario García, historiador del Arte

untitledEsta obra fue creada por el gran artista Andrea Mantegna, considerado por muchos como el primer clasicista de la historia. Creo que es una buena imagen para recordar en la Semana Santa por lo que refleja la propia escena. El cuadro se conserva en la Pinacoteca de Brera en Milán y contiene uno de los más impresionantes escorzos de la historia del arte. Se cree que Mantegna realizaría la pintura en torno a 1480, cuando el artista se encontraba ya en una etapa de madurez. Muestra la dureza de la muerte, presentándola sin paliativos en un primer plano, sorprendiendo y provocando una experiencia de catarsis, donde el espectador pasa a formar parte de la imagen, sintiendo así el dolor de la pérdida. Conforme a los cánones renacentistas del cuerpo humano, y un gran estudio anatómico, cabe destacar la representación detallada de partes del cuerpo poco tratadas anteriormente, como son los pies. Mantegna ejecuta esta escena con un gran punto de fuga, generando esa perspectiva inusual para la época y deforma toda la figura de Cristo. El cuerpo estaría posiblemente depositado sobre una mesa, transmitiendo una sensación de frialdad, abarcando gran parte de la composición. A la izquierda del cuerpo inerte de Cristo podemos observar cómo el artista añade otros tres personajes en un claro segundo plano. El gesto dolor expresado en la cara de la virgen María anticipará el gusto manierista.

 

Virgen de las Angustias, Juan de Mesa y Velasco
Por David Rey, historiador del Arte

rest2011_angustias_25Aunque la cofradía echó a andar en el siglo XVI, uno de sus momentos más trascendentes llega en la primera mitad del siglo XVII, cuando se decide encargar las actuales imágenes. En 1626 la hermandad encargó la hechura de sus titulares al escultor Juan de Mesa y Velasco, cordobés afincado en Sevilla. Las imágenes, las más valiosas artísticamente de la Semana Santa cordobesa, se bendijeron el 18 de marzo de 1628 en San Agustín, entonces sede de la hermandad. Nuestra Señora de las Angustias es una imagen de talla completa aunque pensada para vestir, sedente, que aparece con el rostro bañado en lágrimas (cuatro en cada mejilla). Muestra una sensación de dolor absoluto, que sin embargo no contrarrestra su singular y delicada belleza. En su regazo porta la imagen de Cristo muerto, que destaca por su espléndida anatomía. La Virgen sostiene una espina en su mano derecha, como si la hubiese acabado de sacar de una de las cejas del Señor, donde se puede ver la señal. Con la mano izquierda sostiene la conmovedora cabeza del Cristo. La imagen del Señor se atiene a los cánones habituales de Mesa: excelente es el rostro de Cristo muerto, con la frente lisa como corresponde a la relajación post mortem y con los ojos entreabiertos, dejando ver las pupilas dilatadas que han dirigido la última mirada al cielo. La lengua se entremete en los dientes y aparece casi en los labios, como fruto de la última exhalación. Serenidad y patetismo se unen en esta plasmación magistral del gesto frío de la muerte. En el torso, el vientre hundido y el pecho hinchado reflejan igualmente el impulso del último ahogo. Cae vertical el brazo izquierdo, signo de desfallecimiento y falta de vida, tal como es frecuente ver en la imagen de la Piedad. Pero es rara la posición del brazo derecho, que penetra estirado en el plano de fondo, como si la Virgen forzara el imposible abrazo del Hijo muerto.

 

Traslado de Cristo, Rafael Sanzio
por Elvira Guerra, historiadora del Arte

deposizioneConocido también como Descendimiento Borghese, por encontrarse en este imperdible museo de Roma, capta el momento en que las santas mujeres y varones van a enterrar a Jesús en el sepulcro. La tabla fue encargada por una noble de Perugia en recuerdo de un hijo fallecido. Rafael concluyó la obra en 1507 y numerosos dibujos preparatorios conservados desde 1505 muestran muchos cambios en la disposición de las figuras; en un primer momento el cuerpo de Cristo estaba en el suelo, articulándose una escena de llanto ante él.

Rafael acabó por mudar de idea, transformando el tema en un traslado. Esto le permitió crear una composición que ya no es tanto la escena estática característica de su primera producción. El Cinquecento hace acto de presencia, con formas dinámicas y apasionadas, en las que el cuerpo de Cristo ejerce como punto centrífugo. Los personajes se disponen a su alrededor, aproximándose a los extremos del cuadro y destacando en el centro la figura del Salvador. Los rostros se contagian del pathos, la expresión de las emociones -dolor, tristeza…-. Los colores brillan y se equilibran a ambos lados del eje central, gracias a la diferente combinación en las túnicas de los personajes. Puede que Rafael nunca abandonara el Clasicismo tan alabado que creó junto a Leonardo y Miguel Ángel, pero cuadros como éste son toda una base para el Manierismo posterior.

 

Imagen| Escenas de la Pasión de CristoLlanto sobre Cristo Muerto, Virgen de las Angustias, Traslado de Cristo

En QAH| Especial Semana Santa: el Arte de la Pasión (I), Especial Semana Santa: el Arte de la Pasión (II), La imaginería en Semana Santa.

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