Especial Semana Santa, Patrimonio 


Especial Semana Santa: El Arte de la Pasión (II)

El Descendimiento, Jacopo Pontormo
por Juan Antonio Herrero Íñiguez, historiador del Arte

Realizado entre 1525 y 152, se trata de un óleo sobre tabla obra del artista italiano Jacopo Caruzzi, más conocido como Jacopo Pontormo, y que podemos disfrutar en la Iglesia de la Santa Felicità en Florencia. Pontormo fue durante principios del siglo XVI uno de los máximos representantes del manierismo, corriente renovadora que rompería con algunos planteamientos de la pintura renacentista clásica. El Descendimiento es una obra muy innovadora, en la que Pontormo plasma el momento en que Cristo muerto desciende de la cruz, sin embargo, lo hace sin ninguna referencia directa a la cruz, o al monte del Calvario. Al contrario, coloca todas las figuras sobre un fondo neutro, como flotando en un espacio vacío e indescifrable.

615px-Jacopo_Pontormo_004Si seguimos analizando la obra, veremos que Pontormo rompe la simetría clásica e incluso la perspectiva, valores básicos de la pintura renacentista; además, presenta al conjunto de los personajes en primer plano, de forma desordenada, y como hemos dicho, sin necesidad de marcar un espacio concreto. El cuerpo de Cristo aparece de forma diagonal, con un gran trabajo de escorzo en que podemos apreciar el peso muerto del cuerpo, que se transmite también los demás personajes. Cristo, junto con el brazo de la Virgen, crea una doble diagonal, que consigue dar cierto orden a la complicada composición. Otro de los aspectos que más llaman la atención es el tratamiento del color, y es que el artista dota a la escena de una fuerte luz fría que hace brillar los colores con un aura fantástica e irreal. Los personajes, además, alargan sus figuras, fuerzan sus posturas y gesticulan teatralmente expresando su dolor y desconsuelo, características todas ellas que entran dentro de esta nueva corriente artística del manierismo, clave para la pintura italiana del siglo XVI.

 

Retablo de Isenheim, Mattias Grünewald
por Víctor Eugenio Álvarez Maderuelo, historiador del Arte

tn_Mathis_Gothart_Grünewald_022Este retablo, realizado en 1516, es la obra más conocida de Matthias Grünewald, pintor alemán de gusto flamenco cuyos trabajos se acercan al concepto estético de lo grotesco, como podemos ver en Las Tentaciones de San Antonio -incluidas en el propio retablo- o en Los dos Amantes -obra en la que aparecen dos muertos vivientes semidesnudos en avanzado estado de descomposición-. El mencionado retablo fue realizado para el ámbito de un hospital: el de la Casa de los Antonianos. Sus puertas cerradas muestran la imagen que mostramos: dos paneles que forman la escena de la Crucifixión, flanqueada por María, que parece desmayarse en brazos de San Juan. La tercera figura es María Magdalena, arrodillada ante Cristo. Al otro lado vemos al Bautista en su representación iconográfica estereotípica, señalando y con el cordero. Actualmente, la obra se encuentra en el Museo de Unterlinden de Colmar, siendo su pieza más importante.

Lo que hace única a esta obra es su carga dramática. El cuerpo de Cristo esta consumido y el color ligeramente amoratado de la piel muestra aparentes signos de descomposición. Las manos están dolorosamente contraídas y la sangre de los pies gotea espesa y abundante, deslizándose hasta la cruz y manchándola. El autor hace alarde de un gran virtuosismo a la hora de representar la carne lastimada, cuando el resto de los pintores captaban la escena de formas más amables. Grünewald golpea al espectador con todo el realismo de un cuerpo torturado, demacrado y exhausto, tratando de infundir compasión en los fieles a través de la eterna herramienta del arte: la catarsis.

 

La burla de Cristo, Fra Angelico
por Alegra García García, historiadora del Arte

the-mocking-of-christ-1441La siguiente escena en este recorrido pasional es la realizada al fresco por el pintor quattrocentista Fra Angelico en torno a 1440. Se encuentra en la celda número 7 del convento dominico de San Marco en Florencia y presenta una iconografía llamativa, en primer lugar porque no nos narra una historia. En ella aparecen la Virgen María y santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden dominica, que vivió entre los siglos XII y XIII. Se trata por tanto de personajes pertenecientes a épocas distintas. Ocupando el centro de la pintura vemos a Cristo sedente coronado con espinas, un cetro de caña, un orbe y los ojos vendados. Además, una serie de rostros y manos le rodean. Y es que este fresco no es sino una meditación visual, materializada; quizá el pensativo santo Domingo lee acerca de la Pasión de Cristo en su libro y sus reflexiones son las que vemos en el centro de la composición, de manera que nosotros también somos invitados a meditar con él acerca de los sufrimientos de Cristo en un momento concreto de la Pasión. Esta escena de su Pasión no es otra que la conocida como la Coronación de espinas, momento en que Jesús, tras ser condenado a muerte, es objeto de burla de los soldados romanos, que le coronan con espinas, le dan una caña a modo de cetro y le golpean con otra, además de escupirle. Sin embargo, el artista ha unido a esta Coronación un episodio algo anterior en el que los soldados tapan los ojos de Jesús y le retan a hacer de profeta, adivinando quién le ha golpeado y escupido. Los rostros y manos que parecen flotar en torno a Jesús no son sino emblemas o símbolos de esos improperios y tormentos que sufrió Jesús y sobre los que Fra Angelico invita a meditar al monje que ocupase esa celda.

 

Cristo yacente, Agapito Vallmitjana
por Francisco José Domínguez García, historiador

Mucho más que la tradicional imagen de un Cristo yacente, Vallmitjana hace gala en esta obra de sus capacidades para conjugar clasicismo y renovación. Tanto es así que le fue increpada la libertad excesiva que se consideraba que se había tomado: la obra fue llevada a la Exposición Universal de Viena en 1876, donde se valoró como “la más elevada en mérito artístico”, pero no obtuvo el mayor premio por tales licencias.

A diferencia de la tradición europea y especialmente española hasta aquella fecha, este Cristo no invita al dolor, sino a la compasión; no refleja divinidad, sino humanidad; no apela tanto al espíritu, sino más bien a los sentidos. Desprende un carácter al tiempo realista y romántico, innovador en este género, que ha obligado a compararlo con sus homólogos de La Piedad de Miguel Ángel y de Giovanni Dupré. Vallmitjana reparó sobremanera en el naturalismo: las texturas, los tejidos, los cabellos… Una novedad en el panorama artístico nacional.

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Fue cuestión de tiempo que le llegara mayor aceptación y éxito, debiendo observar más allá del punto de vista religioso. Hoy día constituye indiscutiblemente una de las cumbres de la escultura decimonónica española. Como anécdota, la documentación de la época indica que el pintor Eduardo Rosales posó como modelo para Vallmitjana.

 

Imagen| Retablo de Isenheim, Injurias a Cristo, Cristo yacente, Descendimiento

En QAH| Especial Semana Santa: el Arte de la Pasión (I), Especial Semana Santa: el Arte de la Pasión (y III)La imaginería en Semana Santa.

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