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Españoles de su tiempo

“¿Subir allá arriba? ¿Para qué? —reían y añadían con gravedad sus coetáneos—. ¡No se puede labrar en el aire!”. En la soberbia biografía de Alí Bey El Abasí —de nombre cristiano auténtico Domingo Badía— el primer occidental que visitó La Meca, escrita por Ramón Mayrata podemos leer la respuesta que le dieron, a finales del siglo XVIII, cuando planteó el proyecto de una máquina aerostática para volar. A pesar de todo consiguió construir un globo aerostático pero, por influencia de su padre, el Consejo Supremo de Castilla prohibió la experiencia.

Domingo Badía, tras fracasar, por causas ajenas, como inventor, acometió —con apoyo inicial de Godoy— la aventura de recorrer, con fines científicos, el norte de África, haciéndose pasar por musulmán. Tenido por sabio —por su amplia formación— conspiró políticamente en Marruecos, donde intentó sin éxito implantar un orden constitucional al estilo de la Francia postrevolucionaria.

Domingo Badía

Domingo Badía

Llegó a La Meca —cincuenta años antes que el inglés Burton— como peregrino y regresó a España a través de París, donde sirvió a José I con mejor intención que fortuna política. Exiliado en Francia, el científico ilustrado y aventurero, seducido por el Islam, obtuvo allí reconocimiento y cierta fortuna como consecuencia de la publicación de su obra en francés Viajes por Marruecos el año 1814. Le seguirían enseguida las versiones inglesa, alemana e italiana así como un último viaje auspiciado por el gobierno francés en cuyo transcurso murió —se supone que envenenado— cerca de Damasco.

Ramón Verea

Ramón Verea

Sesenta años más tarde, en septiembre de 1878, un gallego llamado Ramón Verea, después de ganar la medalla de oro de la Exposición Mundial de Inventos de Cuba, patentaba en Nueva York la primera calculadora capaz de multiplicar y dividir de manera automática. La más avanzada de su tiempo y por mucho tiempo. Curiosamente decidió no comercializarla porque “sólo me movía el afán de contribuir con algo al avance de la ciencia y un poco de amor propio. Yo soy un periodista y no un científico y, además, lo que yo pretendía demostrar, ya está demostrado”.

Verea, que había estudiado Filosofía en Compostela, emigró a Cuba, donde fue maestro, periodista y novelista. Al cabo del tiempo se traslada a Nueva York, donde asiste a lo que llamó “el espectáculo del progreso”, hasta el punto de escribir que “España iba en la dirección equivocada, pues tenía demasiados escritores y abogados y pocos ingenieros e inventores”. Decidió demostrar entonces que “un español puede inventar igual que un americano”. Falleció honrado y pobrísimo en Buenos Aires a principios de 1899.

 

Twitter| @jbanegasn
Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”,
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Imágenes| Domingo Badía, Ramón Verea y portada artículo

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