Salud y Deporte 


España, una potencia deportiva

Si existiera un índice sintético ponderado del deporte a escala mundial, España sería probablemente el campeón, no solo hoy, sino desde hace algunos años y posiblemente por algunos años más, algo —seguramente— nunca conseguido por nación alguna a lo largo de la historia. El último partido de fútbol entre el Real Madrid y el F. C. Barcelona debió ser el evento deportivo más visto y valioso —mediáticamente — del mundo: 600 millones de espectadores por TV en 170 países del mundo.

En fútbol, baloncesto, tenis, motorismo, ciclismo, fórmula 1, golf, es decir, los deportes de mayor éxito social y repercusión mediática, con la excepción de algunos otros de amplia popularidad en EE UU y el atletismo, de disperso protagonismo, el liderazgo español es incuestionable. ¿Ha existido algún país de nuestro tamaño que a lo largo de la historia de manera más persistente haya habitado esta especie de meseta del éxito?

Solo países como Alemania y EE UU si se incluyen ciertas disciplinas atléticas y la natación, amén de sus deportes favoritos como el béisbol, el rugby americano y el hockey sobre hielo —todos ellos deportes esencialmente nacionales— podrían discutir el liderazgo español en términos absolutos —por su enorme dimensión demográfica—, pero en ningún caso en términos relativos.

Viajando por el mundo y leyendo los medios de comunicación internacionales, es recurrente encontrar múltiples referencias que asimilan el éxito deportivo con España, hasta el punto de que quizás cabría pensar en la marca España como sinónimo de excelencia deportiva.

Olimpiada Barcelona 1992

Olimpiada Barcelona 1992

¿Qué razones respaldan nuestros éxitos deportivos? Porque, dada su consistencia, es, a todas luces, evidente que no pueden ser fruto de la casualidad. La Olimpiada de Barcelona de 1992, además de un gran logro organizativo, fue un éxito deportivo. Por primera vez en su historia España ocupó una buena posición en el medallero olímpico, lo que no fue fruto de la casualidad, sino de una planificación bien pensada y mejor ejecutada. Desde entonces los resultados cosechados en el deporte se han generalizado hasta consolidar nuestra excelente posición actual.

La teoría económica puede explicar también nuestros éxitos: se trata de deportes de alta competición, es decir, sin fronteras, disputados contra los mejores que resultan de una selección previa. Las reglas de juego están claras, para todos, participantes y espectadores, y solo se cambian de uvas a peras. Los premios, cuyo alcance y posibilidades son conocidos a priori, responden a los méritos contraídos objetivamente materializados en los triunfos, y son tan desiguales como los resultados cosechados.

La interpretación de las reglas de juego se lleva a cabo a través de árbitros, cuya carrera profesional depende de la calidad de su desempeño, bien remunerados y obligados a señalar las faltas en tiempo real, incluso al precio de equivocarse; eso sí, los jugadores no tienen que esperar perdiendo su tiempo —tampoco los espectadores— sentencias perfectas —¿es que existen?— que interrumpirían el ritmo del juego. Todo lo dicho se puede resumir en algo muy simple: funciona el mercado.

Estadio Santiago Bernabéu

Estadio Santiago Bernabéu

Los mejores clubes de fútbol del mundo, los nuestros entre los primeros, al disponer de enormes ingresos disponen de instalaciones y medios del máximo nivel que benefician directa e indirectamente a todos los profesionales —técnicos y jugadores nativos—, su formación y desarrollo profesional. Todo un círculo virtuoso cuya mejor expresión son los triunfos internacionales de los jóvenes futbolistas españoles y la extraordinaria y merecida reputación de nuestros entrenadores.

Pero esto no es solo una característica del fútbol. En tenis o en motociclismo, España dispone de unas infraestructuras que están en la cima de Europa y unos preparadores también entre los mejores. Nuestro clima e instalaciones deportivas son muy apropiados para practicar deporte durante todo el año, lo que vale no solo para nuestros deportistas sino para acoger, como ya está sucediendo, a su élite mundial.

Que en un mundo tan abierto, profesional y competitivo como es el del deporte, España ocupe una posición de privilegio, pone de manifiesto que, frente al victimismo del pasado que ahogaba muchas de nuestras posibles ambiciones, los españoles cuando se trata de competir podemos ser tan buenos o mejores que los demás. Toda una lección de autoestima para el futuro. Dicho de otra forma, por factores de fatalismo histórico habíamos llegado a considerar que lo nuestro era perder, y ahora nos estamos acostumbrando a ganar.

Rafael Nadal

Rafael Nadal

Es posible que la actual generación de los Nadal, Gasol, Márquez, Alonso, Contador, Iniesta, etc., no se repita, pero el efecto catártico de sus victorias ya ha tenido lugar. Ya no pensamos que estamos destinados a perder o que el mundo se ha vuelto contra nosotros para que no ganemos, y eso significa que nos va pareciendo normal que un español sea campeón mundial o que una empresa española construya un ferrocarril de alta velocidad en Arabia.

Puede parecernos una cosa normal haber llegado hasta aquí; pero, si nos situamos en 1898 y leemos lo que pensaban los españoles de entonces, veremos la magnitud del salto que hemos dado. Y ello, en una gran medida, se ha debido a nuestros deportistas.

 

* Twitter| @jbanegasn
* Más información| España, más allá de lo conseguido, Canal Youtube de Jesús Banegas y Programa radio “Viaje a Serendipia”

* En QAH| Otros artículos de Jesús Banegas
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