Historia 


España, históricamente, un país de corruptos (III)

A pesar de que en los siglos que nos faltan por revisar para terminar esta serie sobre la corrupción en España, los escándalos que se produjeron y los personajes implicados han sido muchos, voy a intentar cerrarla con los más flagrantes casos ocurridos desde la llegada de los borbones.

Manuel Godoy

A finales del siglo XVIII subía al poder Manuel Godoy por la buena relación que existía entre él y los reyes, siendo especial la ‘amistad’ que llegó a mantener con la reina, doña María Luisa de Parma. Godoy, que ejercía de válido de Carlos IV recibiendo de él el título de ‘Príncipe de la paz’ por sus negociaciones para alcanzar la paz de Basilea en 1795, firmó, en 1807, el tratado de Fontainebleau, el cual debía proporcionarle pingües beneficios pues en el reparto de Portugal, país que la alianza franco-española invadiría, el tercio sur pasaría a manos de Godoy y su familia. Pero como la avaricia rompe el saco, no sólo el Algarve no terminó en manos del extremeño sino que dicha firma terminó con la ocupación francesa de la península y su posterior destierro a Italia.

Fernando VII

Fue Fernando VII quien acabó con los privilegios de Godoy privándole de sus títulos nobiliarios, pero no eliminó las prácticas fraudulentas de la corona siendo él, ‘el deseado’, uno de los más mezquinos reyes que hayamos tenido. En 1808, en su primer reinado, una mezcla de ignorancia y codicia compartida con su padre supuso que el reino de España pasase a manos de Napoleón. Fernando VII vendió España por unos pocos millones de reales y una lujosa residencia en Francia en las llamadas Abdicaciones de Bayona. Sin embargo, esta es sólo una muestra de lo que llegaría a hacer. En 1817, tres años después de haber sido aclamado por un pueblo que anhelaba su vuelta, ‘el deseado’ tenía que hacer frente a la independencia de las colonias americanas para lo cual necesitaba de una importante flota con la que no contaba. Para solucionar tal problema, contactó de urgencia con el embajador de Rusia en Madrid y acordaron la compra de una armada con una forma de pagos tan poco clara que en 1830 España tan solo había aportado el 60% de lo acordado y en la que entre operación y operación se había enriquecido incluso a la amante del monarca, Pepa ‘La Malagueña’. A todo esto, la flota tardó un año en llegar a Cádiz y cuando llegó, fue, a excepción de una fragata, declarada inútil y demolida. Con lo que queda probado que disparar con pólvora ajena para proyectos megalómanos inútiles no es sólo cosa de Castellón y su aeropuerto.

María Cristina de Borbón

Poco tardó en que la práctica de apropiarse de dinero público o aprovecharse de información privilegiada en beneficio de las inversiones particulares fueran el pan nuestro de cada día. Caso sonado fue el de María Cristina de Borbón, la última esposa de Fernando VII y regente durante la minoría de edad de Isabel II, una mujer que aprovechaba la mínima oportunidad para sacar provecho. En una España que se lanzó al crecimiento económico con grandes empresas como la del ferrocarril, María Cristina se dedicó al patrocinio de las mismas cobrando grandes comisiones que la hicieron amasar una gran fortuna. Esto, sumado al desvío de dinero público para dichas inversiones y a la más que probable participación en el comercio y explotación de mano de obra africana, favoreció su enriquecimiento y el de amigos y parientes. Toda la fortuna que acumuló, estimada en trescientos millones de reales, y la forma en que lo hizo, propiciaron que el pueblo no la tuviera en alta estima siendo expulsada definitivamente de España en 1854 y privada de la pensión vitalicia que en su día le concedieron las cortes.

Pero María Cristina de Borbón no jugaba sola, en sus andanzas contó con la complicidad para los negocios de Narváez quien a su vez estaba apoyado por los grandes terratenientes y negociantes del país entre los que se encontraba el Marqués de Salamanca. A este último, a quien debe su nombre el barrio de Madrid cuyo ensanche impulsó, se le atribuyen varios casos de corruptela entre sus muchos negocios. Su fortuna llegó a ser la más grande de España gracias a los ‘pelotazos’ urbanísticos y los ‘chivatazos’ que le permitieron especular de forma ventajista en la bolsa de Madrid, siendo uno de sus movimientos maestros el que se produjo en otoño de 1844 cuando, en una jornada, llegó a ganar más de 30 millones de reales.

El escándalo del straperlo

Dejando atrás el siglo XIX, el que llegó no supuso ningún cambio en determinadas praxis. En el marco de la segunda república el caso más sonado es el del estraperlo (o straperlo), tanto que en la actualidad, el término surgido de la unión de los tres nombres, Strauss, Perel y Lowan, los promotores del negocio de la ruleta eléctrica, sirve para referirse al comercio ilegal de productos. En dicho caso, se vio salpicado fundamentalmente el partido radical donde algunos de sus miembros, entre los que se encontraba el propio líder del partido y presidente del gobierno de la república Alejandro Lerroux, hicieron valer sus influencias para, recibiendo un porcentaje del negocio, conseguir la autorización para la instalación de la ruleta eléctrica en los casinos de España. Cuando el juego fue prohibido por fraudulento (la banca ganaba cuantas veces quería) el propio Strauss fue quien destapó el escándalo al reclamar al presidente de la república una indemnización por los gastos de instalación y los sobornos que decía haber pagado a los miembros del partido radical.

Sin embargo, este no sería el único caso en el que Lerroux se vio implicado pues también participó, aunque a la postre fuese exculpado, en el asunto Nombela, ya que como presidente de gobierno firmó el expediente que, también de forma fraudulenta, otorgaba una indemnización al presidente de la compañía de África occidental.

Y así, poco a poco, sin una periodicidad concreta, la corrupción siguió formando parte del engranaje político español a lo largo del siglo XX, encontrando casos como el Matesa en pleno régimen franquista o los pelotazos urbanísticos en la costa del sol del que algunos miembros o ex-miembros de aquel gobierno salieron muy beneficiados; y más cercanos en el tiempo son los tan conocidos caso Rumasa, el Filesa, el GAL, las actuales operación Malaya y la trama Gurtel o los que llevan nombre propio, como los de Roldán o Urdangarín.

¿Podemos decir entonces que España es un país de corruptos? Históricamente parece ser que sí.

 

Vía| La Aventura de la Historia, nº173

Más información| El lado oscuro de la reina.

Imagen|Godoy, Fernando VII, María Cristina de Borbón, Straperlo,

En QAH|  España, históricamente, un país de corruptos (I), España, históricamente, un país de corruptos (II), Poesía satírica contra la corrupción, ¿Cuál fue el origen de la corrupción?, Al otro lado de la corrupción política.

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