Especial I Guerra Mundial, Historia 


España ante la Primera Guerra Mundial

Después de la Primera Guerra Mundial nada volvió a ser igual. Y, aunque España no participó de forma directa, tampoco se libró del cambio que causó este gran conflicto que dio lugar a una nueva percepción de la política donde la concepción de la democracia entraba en crisis. En España, tras la Gran Guerra, al igual que en el resto de Europa, el prestigio del parlamentarismo cayó en picado lo que desencadenó en la identificación de la dictadura como una solución. Mientras que en España esta idea abrió la puerta a la dictadura de Miguel Primo de Rivera en 1923, en Italia ocurrió un año antes, en 1922, con Benito Mussolini, y en 1933 en Alemania con Adolf Hitler.

Instantánea que muestra la barbarie que se pudo contemplar durante la Primera Guerra Mundial, guerra en la que España no participó

Instantánea que muestra la barbarie que se pudo contemplar durante la Primera Guerra Mundial, guerra en la que España no participó

Pero vayamos al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa el 28 de junio de 1914, el imperio Austrohúngaro declaró la guerra a Serbia, esto desencadenó en la entrada de Rusia en el conflicto y más tarde el resto de países. Como consecuencia de las múltiples alianzas establecidas en el viejo continente, pasó a ser un enfrentamiento armado a escala europea con las sucesivas declaraciones de guerra por parte de los países pertenecientes a los diferentes bandos. Por un lado, se encontraba la Triple Alianza fundada en 1882, promovida por el canciller alemán Bismarck y que incluía Alemania, el Imperio Austrohúngaro e Italia; y por otro lado la Triple Entente, creada en 1907, e integrada inicialmente por Reino Unido, Francia y Rusia. Esta última alianza se formó para evitar el desarrollo y avance económico, tecnológico y, sobre todo, imperialista de Alemania. España, como vemos, no se encontraba en ninguno de los bandos en los que se dividió Europa.

En España desde el principio se declara la neutralidad. El 30 de julio aparece en La Gaceta de Madrid, periódico oficial, que hoy compararíamos con el BOE, la siguiente declaración del Gobierno de Dato: “Existente, por desgracia, el estado de guerra entre Austria-Hungria y Serbia, según comunicó por telégrafo el embajador de España en Viena. El Gobierno se cree en el deber de ordenar la más estricta neutralidad a los súbditos españoles, con arreglo a las leyes vigentes y a los principios del Derecho público internacional. En su consecuencia, hace sabe que los españoles residentes en España o en el extranjero que ejercieren cualquier acto hostil que pueda considerarse contrario a la más perfecta neutralidad perderán el derecho a la protección”.

Durante los sucesivos cuatro años que duró la guerra, la opinión pública se dividió entre aliadófilos y germanófilos. En general, la opinión progresista, los intelectuales y los sectores financieros e industriales apoyaron a los primeros, a quienes se identificaba con el liberalismo parlamentario; mientras que los germanófilos destacaban entre los oficiales, el clero, la aristocracia y los terratenientes, y se identificaban con el orden, la disciplina y el conservadurismo asociados a la imagen de Alemania.

M. Fernández Almagro, defiende la siguiente hipótesis sobre la neutralidad en su libro Historia del reinado de Alfonso XIII: “Puesto que no teníamos en Europa fruto que disputar, y las últimas colonias absorbieron tanta sangre, y Marruecos exigía un continuo tributo de vidas, ¿cómo no sentirse a gusto en la posición privilegiada de la neutralidad? Por otra parte, las relaciones con Francia e Inglaterra que pudieran impulsarnos al enrolamiento, eran políticas, no sentimentales, porque el recelo hacia aquellas dos grandes potencias predominaban en nuestro pueblo por motivos históricos que huelga precisar. Este añejo resentimientos —siglos XVI y XVII, perdida de Gibraltar, guerra de la Independencia— hizo tantos germanófilos por rebote, o más, que el amor al Estado militar y antiparlamentarismo que Alemania encarnaba”.

Algunos como el conde de Romanones defendieron la intervención de España en la Primera Guerra Mundial a favor de los aliados, para mejorar la imagen y potenciar la posición de España en Europa después de la guerra. Así lo podemos comprobar el uno de sus artículos titulado “Neutralidades que matan” publicado en el diario Universal el 19 de agosto de 1914: “Es necesario que tengamos el valor de hacer saber a Inglaterra y a Francia que con ellas estamos, que consideramos su triunfo como el nuestro y su vencimiento como propio; entonces España, si el resultado de la contienda es favorable para la Triple inteligencia, podrá afianzar su posición en Europa, podrá obtener ventajas positivas. Si no hace esto, cualquiera que sea el resultado de la guerra europea, fatalmente habrá que sufrir muy grandes daños”.

El conde de Romanones, quien apoyó la idea de que España participara en la Gran Guerra, con Alfonso XIII, que mantuvo la posición del Gobierno de Dato de mantener la neutralidad

El conde de Romanones, quien apoyó la idea de que España participara en la Gran Guerra, con Alfonso XIII, que mantuvo la posición del Gobierno de Dato de mantener la neutralidad

El caso es que en el campo económico, la no participación de España supuso en teoría un auténtico boom económico, ya que nuestro país se convirtió en suministradora de los países en guerra, creciendo las exportaciones a países que dedicaban buena parte de su tejido industrial a mantener la maquinaria de guerra, especialmente a partir de 1915. Pero esto desencadenó a su vez en consecuencias negativas. El aumento de las exportaciones dio lugar a una escasez de alimentos en el mercado interno que condujo a que se dispararan los precios por encima de los salarios, provocando una tensión social que dio lugar al avance del movimiento sindical.

Mención aparte merece la llamada Gripe española, la mayor pandemia del siglo XX, que tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial. Pero, ¿por qué se denomina así?, ¿se originó en nuestro país? En mi próxima entrada encontrarás las respuestas.

 

 

Vía| Almagro, M. Fernández Historia del reinado de Alfonso XIII Montaner & Simón, Barcelona, 1977.

Imagen| Primera Guerra Mundial y Romanones con Alfonso XIII

En QAH| Especial Primera Guerra Mundial (1914-1918)

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