Patrimonio 


La escultura Gupta en India

La época gupta fue sin duda una de las etapas más brillantes de la historia del arte indio. Maestros escultores, cuyo talento y experiencia se expresan con igual facilidad en los más variados materiales, dando vida a obras de insuperable calidad.

La dinastía Gupta llevó las riendas del poder político desde principios del siglo IV hasta finales del VI. Sin embargo, hasta el siglo V, no se llega en la escultura a un estilo totalmente definido como gupta y comenzar su desarrollo en talleres regionales. Si la maestría técnica y la imaginación de los escultores siempre mantuvieron un papel prominente, otros factores – reglas iconográficas, directrices sugeridas o impuestas por los patronos, los maestros de los talleres y los religiosos – contribuyeron también como guía a este florecimiento artístico. Heredero del arte de Mathura, el primer arte gupta conecta una larga fase de transición, donde se conforma en formas robustas por el peso relativo de la precedente dinastía kushana.

Buda de Mathura, siglo IV, Museo de Lucknow

Buda de Mathura, siglo IV, Museo de Lucknow

En Mathura mismo, la influencia estética kushana se mantuvo a lo largo del siglo III, y es en el curso del siglo IV, cuando los escultores gupta superarán poco a poco los elementos arcaizantes que les había dejado el legado kushana. De este siglo tenemos el impresionante Buda de Mathura, que se conserva en el Museo de Lucknow. Aquí el Thagata esboza el gesto de protección (abhaya mudra). Grabado en la base, una inscripción indica que el retrato fue pagado por una monja con el nombre de Jayabhatta, alrededor del año 358. No es inconcebible que este trabajo haya contribuido a abrir un nuevo camino en la escultura gupta. Pues anuncia directamente los Budas realizados por Dinna, el maestro escultor de Mathura, en el siglo V.

Durante los siglos IV y V se fija una evolución temática y estética significativa. Varias obras de inspiración Jaina son bastante representativas: efigies de tres de los tirthankaras,  Chandraprabha, Pushpadanta y Padrnaprabha, llevadas a cabo a petición del rey Ramagupta en el año 375, fueron descubiertas en Durjanpur y en la actualidad conservadas en el Museo de Vidisha (Madhya Pradesh). Estas figuras llevan la marca de la escuela de Mathura, en el innovador tratamiento del cuerpo, pero no están libres de una cierta rigidez.

El arte gupta parece ahora entrar en una nueva fase, con los escultores y sus clientes buscando quizás explorar nuevas formas de creación y producir obras que apunten a una estética atractiva. Una inscripción dejada por Chandragupta II alrededor del año 400 en Udayagiri, cerca de Vidisha, es indicativo de este nuevo estado conceptual. La referencia que se hace “la deslumbrante luz interior que emana de [el rey] parece en su cara el brillo del sol”, lo cual sugiere que fue apareciendo un creciente interés por la fisonomía, y que se va a convertir en una de las características del arte gupta en su madurez bajo el reinado de Kumaragupta I.

Dinna, maestro escultor gupta, cuyo nombre fue inscrito en tres Budas de insuperable calidad, estuvo trabajando en Mathura. Dos de estos Budas hoy se conservan en el Museo de Mathura, pero solamente el de Govindnagar está fechado precisamente en el 435. El tercero es el Buda acostado en paranirvana que alberga el templo de Kushinagar, el lugar donde Shakyamuni logró, hace casi dos mil quinientos años, el final de su última existencia. La inscripción que en ellos figura menciona inequívocamente el nombre de Dinna. Serenas y armoniosas las obras de Dinna, reflejan de manera perfecta la infinita compasión (karuna), que es la primera cualidad de todo Buda. El maestro de Mathura crea, para la representación de la prenda monacal, un tipo de vestido muy peculiar, marcado por una serie de ranuras en relieve, las arrugas se despliegan desde el hombro cayendo en oblicuo por el lado izquierdo antes irse en curva hacia la derecha. Las obras de Dinna se desmarcan significativamente de la mayoría de las otras imágenes budistas de Mathura.

Shiva Ardhanarishvara, siglo V, Museo de Mathura

Shiva Ardhanarishvara, siglo V, Museo de Mathura

Vishnu, siglo V, Museo de Mathura

Vishnu, siglo V, Museo de Mathura

La iconografía hindú produjo igualmente, bajo el reinado de Kumaragupta I, cantidad de obras de calidad, algunas de ellas de inspiración shivaita como un agraciado Shiva en su aspecto de “mitad hombre y mitad mujer” (Ardhanarishvara); una delicada evocación de Shiva y su esposa Parvati; un hermoso Vishnu o un relieve con Vasudeva y Yashoda con el niño Krishna descubierto en Bhitari (Uttar Pradesh) y conservado en el Bharat Kala Bhawan de Varanasi.

La formación y el desarrollo de la escultura en Sarnath es de una tradición estética distinta, pero que marca en la escultura India una huella perdurable, constituyendo uno de los momentos clave en la historia del arte del siglo V. El arte de Sarnath procede sin duda alguna de la escuela de Mathura, pero la delicadeza en la representación de las siluetas, la fluidez del tratamiento, refinamiento y quietud de las expresiones son específicas de esta escuela. El famoso Buda predicando, obra principal de los talleres de Sarnath, está datado bajo criterios estilísticos, en el tercer cuarto del siglo V. Otras efigies como el Buda sentado a la europea en la posición llamada pralambapadasana, se traicionan en cuanto a una posible y lejana influencia del arte de Gandhara.

A partir del segundo cuarto del siglo VI, el Imperio Gupta se enfrenta a crecientes dificultades políticas. El arte sin embargo no se ve afectado y por el contrario manifiesta una vitalidad inalterable que se traduce en las cualidades estéticas de las obras de varios talleres regionales. La construcción de edificios religiosos continúa sin obstáculos y el arte de la escultura, que refleja ciertas innovaciones iconográficas – episodios mitológicos en relación con las sectas específicas, introducción de motivos de inspiración secular-, entra en una fase de riqueza y complejidad.

La forma esculpida es, en la India, la imagen de conceptos atemporales. Una imagen de Buda es la expresión material de la compasión (karuna). Del mismo modo, Vishnu, Shiva, Durga o un Jina se puede entonces percibir según lo establecido, respectivamente. Cuerpos suaves en posturas agraciadas o rebuscadas, caras delicadas y netamente expresivas, las figuras que extrae el cincel de piedra de los escultores gupta se reflejan por la fineza de su tratamiento y el equilibrio de las siluetas, una maestría proveniente de su perfección. Los artistas excelentes hacen, con una sensualidad retenida, en los encantos del cuerpo femenino vestimentas diáfanas con sutileza. El ideal femenino de la época aboga por una belleza de formas flexibles, en la descarga completa de la juventud, sensiblemente diferentes de los ídolos femeninos kushana, más maduros, con formas amplias y voluptuosas.

De inspiración esencialmente religiosa, el arte gupta no está, sin embargo, totalmente carente de componentes seculares. Las destrucciones masivas sufridas por el arte hindú durante los siglos y el deterioro de muchas obras no permiten, sin embargo, saber la importancia de ello. Estos elementos de inspiración secular por secundarios que puedan parecer, no dejan de ser de interés y a menudo contienen valiosa información sobre la vida cotidiana en la India Gupta.

Vía| Fernández del Campo, Eva, El arte de India, Ed. Akal, Madrid, 2013 – VV.AA., L’âge d’or de l’Inde Classique, L’Empire des Gupta, RMN, París, 2007
Imagen| Buda de Mathura, Shiva Ardhanarishvara, Vishnu, Buda predicando de Sarnath.
En QAH| El primer arte budista en India, La aparición antropomorfica de la figura de Buda, La dinastía Gupta de la India

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