Cultura y Sociedad, Literatura 


Escena, éxito y desolación

“Miguel de Molina al desnudo” o  la verdad hecha copla

“Donde habite el olvido,                                                                   “¡Oh mundo desigual!

en los vastos jardines sin aurora;                                                   Mis ojos lloren

donde yo sólo sea                                                                                el dolor, la maldad:

memoria de una piedra sepultada entre ortigas                         la verdad humana”.

sobre la cual el viento escapa a sus insomnios”                        Cernuda y Altolaguire

“Ante las puertas bien cerradas,                                                                Poetas del 27.        

sobre un río de olvido, va la canción antigua”.

 

Muchas veces se ha hablado de lo que significa el olvido. Es un territorio hostil de la memoria en el que se almacenan hechos, vivencias o personas apiladas de mala manera; como un cementerio abandonado y sin vida. Los artistas nunca han sido ajenos a él y sus efectos se han sentido en todas sus disciplinas. A algunos, entiéndase en sentido neutro (hombres y mujeres), el tiempo transcurrido y los investigadores les han otorgado la vuelta a la vida pero son muchos los casos que habitan en ese olvido no deseado del que hablaba Cernuda en sus poemas. Un ejemplo de ello es el caso del pintor Federico Beltrán Massés que, en la actualidad, ha sido rescatado desde el limbo en el que, después de conseguir el éxito en su época, estaba inmerso sin razón aparente.

Otro caballo de batalla al que se enfrentan algunos creadores es el de su propia leyenda. En muchas ocasiones cargada de tintes negros y morbosos, esta se come al protagonista y a su propia obra. Véase el conocido caso del pintor cordobés Julio Romero de Torres. Durante muchos años conocido por la iluminación de almanaques o por la copla, se dejaba atrás con ello su importante papel en el Simbolismo español.

Estos dos males los padeció Miguel Frías Montañés. Artista total en su género (bailaba, cantaba, diseñaba su propio vestuario…) que el común de los mortales conocemos como Miguel de Molina. Un virtuoso inventor de la escena que ha resucitado estos días en Madrid gracias a la maravillosa y sublime actuación de Ángel Ruiz (avalado por interpretaciones como la de Lorca en el Ministerio del Tiempo) y la obra Miguel de Molina al desnudo.

Con una escenografía minimalista (un baúl con agua y otras pertenencias, una luna, sonido de bombardeos…), un Miguel de Molina, con toda su trayectoria vital en su mente, se presenta a un público que, según su mirada, está formado por periodistas a los que va contestando haciendo hincapié en lo que de verdad importa. De esta manera, la obra nunca es la misma. Siempre hay un comentario novedoso que hace que la cuarta pared desaparezca. Un comentario que tiene que ver con algo que pasa en la actualidad (como un móvil sonando durante la representación) pero sin perder la esencia del personaje. Y es que Miguel de Molina se ve reflejado en la actuación a la perfección y, por momentos, parece que los visitantes a esa exposición del artista están asistiendo a la entrevista que Carlos Herrera le hizo en Buenos Aires en 1988.

Tanto se parece la actuación de Ángel Ruiz que se puede volver a oír, entre las paredes de un teatro, expresiones, gestos y el acento propio del artista sin olvidar las interpretaciones, acompañado por un pianista, de canciones míticas como La rosa y el viento o la divertida y reivindicativa Compuesto y sin novia. Todo ello enlazado con todas las vivencias que él sintió desde sus orígenes humildes en Málaga hasta su paso por el frente, con Amalia de Isaura, actuando en relación al Servicio rojo; pasando por su vida amorosa y abordando temas como la tremenda agresión que sufrió por su condición sexual (desgraciadamente una situación bastante actual), entre otras cuestiones, y que marcó su futuro exilio a Sudamérica. Desde ese destierro siguió creando, interpretando canciones como Suspiros de España, y fue uno de los mejores embajadores que tuvimos en Argentina. Lugar desde el que se despide en la obra y nos invita a visitarle a donde descansa desde 1993.

Todos estos momentos hacen que el espectador deje de serlo y se convierta en un habitante más de ese tiempo en el que Benavente (muy amigo del malagueño), la Argentinita y otros artistas vivían bajo un cielo de libertad que se perdió y que, según Molina, debemos valorar ahora. Él lo sabía bien porque fue privada de ella en más de una ocasión y durante toda su vida al ser arrebatado de su tierra donde no dudaría en volver. Luego vinieron los reconocimientos a uno de los primeros hombres que cantó copla, como la entrega de la Cruz de la Orden de Isabel la Católica, pero ya era tarde. Ya lo dijo él mismo: “España está en mi corazón”. Esa España de Sevilla, Granada o Madrid que simbolizó, posteriormente en muchos exiliados y retornados, el recuerdo vivo de lo que fue muy distinto a lo que se convirtió

Una de las cosas que consiguen esa transformación del asistente en otro elemento es el hecho de que se introduzcan guiños a la actualidad. Una muestra de ello es la prohibición de fumar en los teatros y la ironía con la que se trata el tema pasado al expresar que con Franco había más libertad.

Pero no todos son llantos, los buenos momentos también están presentes en la obra y, entre ellos, destacó la anécdota que Miguel / Ángel cuenta en relación a Federico García Lorca y Rafael León. En ella se comenta como en un local juntos los tres se habló de que León podía haber copiado a Lorca en el uso del verde para su famoso Ojos verdes. A lo que le respondió León que el verde no era propiedad suya. De esa conversación se sacaron como conclusiones muchas risas y la exclusividad de la canción para Molina. Lo cierto es que nadie la cantó como él aunque Concha Piquer fuera una de las grandes. Obra, por otro lado, censurada que a su vez habla de lo que su intérprete también sufrió por ser novedoso, vanguardista y artista. Bien claro se dice en la obra: él estaba enamorado de ese Arte que vio desde pequeño en el Teatro Cervantes de Málaga y que ha revivido el pasado 10 de marzo en otro Cervantes, el de Alcalá de Henares.

Quizá, hay quien piense que hay algo de ficción en lo que se representa en el escenario, se puede ver en la versión en inglés de La bien pagá, pero eso también es Molina. Sus familiares y periodistas como el citado Herrera lo dejan claro pero eso forma parte también de su esencia, de lo que él fue, y de esa faceta de divo y que ni el ostracismo pudo ni puede ocultar.

Y es que supo empezar de cero muchísimas veces y no se cansó ante las dificultades; como esos bises finales en los que Ruiz interpretó dos canciones demostrando que estaba allí. Enseñando que el único “papi” es él.

En definitiva, casi dos horas de viaje en las que se asiste a la esencia vital de un artista. En las que la risa y el disfrute tienen su espacio pero, también, la tragedia y el dolor ocupan el suyo. Recomendado si quieren ver ese otro lado de la copla, lejos de ese enfoque casposo que a veces ha presentado, que tiene mucho que decir. Miguel de Molina estaría orgulloso de esta obra y del álter ego que la representa.

Más información en:

*Informe semanal sobre Miguel de Molina:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/informe-semanal-miguel-molina-exilio-copla/612337/

*Documentos RNE sobre Molina:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/documentos-rne-miguel-molina-malpagao-copla-07-02-09/403069/

*Entrevista con Carlos Herrera:

https://www.youtube.com/watch?v=P4PAd9WBy6A

 

 

 

 

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