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¿Es tan innovador el Crowdfunding?

El contrato de cuentas en participación como fórmula de colaboración empresarial.

El contrato de cuentas en participación como fórmula de colaboración empresarial.

El presente artículo tiene por objeto recordar y analizar una figura tradicional del Derecho Mercantil español, olvidada y en desuso, a causa, seguramente, del desconocimiento.  Merece un especial recordatorio a la luz de la novísima regulación del Crowdfunding porque, al fin y al cabo, no es tan innovador como nos lo pintan.

Nos referimos al contrato de cuentas en participación, regulado positivamente desde 1829 y en la actualidad en los artículos 239 a 243 de nuestro vetusto Código de Comercio. Se trata de un contrato de colaboración empresarial: fórmula asociativa para invertir en negocios ajenos sin tener que crear una sociedad y limitando la responsabilidad a la aportación realizada.

Así dice el art. 239 del C.Com:

Podrán los comerciantes interesarse los unos en las operaciones de los otros, contribuyendo para ellas con la parte del capital que convinieren, y haciéndose partícipes de sus resultados prósperos o adversos en la proporción que determinen”.

Las partes en este contrato son dos: el cuenta-partícipe, que pone un capital en un negocio y aspira a una retribución; y el gestor, que lleva adelante el negocio bajo su propio nombre. De resultar beneficios, el cuenta-partícipe recuperará el capital y los rendimientos que se hayan acordado, y, en caso de pérdidas, lo máximo que perderá será su aportación de capital.

Dentro de la sistemática del Código de Comercio, el contrato de cuenta en participación aparece regulado a continuación de las sociedades y antes de los contratos, como tránsito entre la compañía mercantil, que crea una personalidad jurídica, y la relación puramente contractual.

Difiere, por tanto, de la sociedad mercantil en dos notas fundamentales: en primer lugar, falta en el contrato de cuenta en participación la autonomía patrimonial, pues no se constituye un patrimonio social, sino que las aportaciones las recibe en propiedad y en exclusiva el gestor; y en segundo lugar, no se crea un ente con personalidad jurídica propia.

Es un préstamo a todos los efectos, pero con el matiz de que el prestamista asume el riesgo del negocio con el límite del capital aportado, a cambio de una remuneración de los beneficios del proyecto.

Como consejo, es muy importante que el contrato de cuentas en participación quede bien delimitado, pues en casos confusos se corre el riesgo de que algún tribunal califique la situación como de sociedad irregular, lo que conllevaría que el cuenta-partícipe responda con todos sus bienes presentes y futuros y no solo con lo aportado.

De este modo, queremos hacer un homenaje a una figura histórica del Derecho Mercantil español que, si ya estaba en desuso, ahora cederá por completo su posición a figuras más sofisticadas como el conocido Crowdfunding. No obstante, no debería ser así, pues el contrato de cuentas en participación sigue ofreciendo ventajas tanto para emprendedores como para inversores o “business angels”, más sencillo que la constitución de una sociedad, y que no requiere de ningún tipo de publicidad.

Vía| BOE, CENDOJ

Más información| El contrato de cuentas en participación, Blog de Luis Cazorla

Imagen| Colaboración empresarial

En QAH| Ley de fomento de financiación empresaria: regulación del crowdfunding

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