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¿Es posible mediar entre diferentes culturas?

 

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Etimológicamente, el término mediación viene derivado de medius, que significa común, medio, mediano y el sufijo -ción, que nos indica una acción y efecto. Ésta es la labor que desempeña la figura del mediador al intervenir entre dos personas o grupos, actuando como un mero puente entre dos elementos.

En la mediación intercultural, se pretende llevar a cabo el acercamiento de dos realidades, en conflicto dentro del mar de la diversidad cultural, que existen en una misma sociedad. Con la intención de apostar por una mejor convivencia en la comunidad, donde afloran diversos elementos culturales, religiosos, y lingüísticos, se pretende velar por el derecho a la diferencia y promover el principio de igualdad, alejándonos de estereotipos culturales y raciales.

Hemos experimentado en nuestro país un cambio importante en la realidad social debido a los movimientos migratorios que han tenido lugar en las tres últimas décadas, cuyo boom ha tenido lugar a principios del siglo XXI.

En nuestro ordenamiento jurídico encontramos la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los extranjeros en España y su integración social. Esta Ley supuso un impulso de los derechos de los extranjeros mediante políticas de integración.

Es evidente que nada es estático, pues estamos inmersos en un devenir constante de cambios en los que como elementos de un gran puzzle, debemos ir encajando con las mejores vías. Para ello, es sin duda necesario estar abiertos a los cambios y permitir fluir.

Esta útil herramienta nos permite llevar a cabo no sólo la resolución de conflictos, sino también darnos cuenta del factor común que existe entre las diferentes culturas. En este camino de conocimiento y humanización, gracias al diálogo entre la sociedad autóctona y los elementos foráneos, llegamos al conocimiento mutuo y de otras culturas, en un clima donde al principio suele haber recelo y desconfianza. Estamos ante un pluralismo cultural en el que se entrecruzan diferentes culturas en un mismo territorio.

La persona mediadora que alumbra este camino hacia el entendimiento y acercamiento entre posturas enfrentadas en las que encontramos elementos de culturas diferentes, ha de poner en práctica su savoir faire para sacar a la luz qué es lo que obstaculiza el entendimiento y reconducir la situación propiciando un acuerdo entre las partes o, al menos, un acercamiento.

Para percibir estas dificultades en la comunicación, la persona mediadora debe recorrer previamente un camino de aprendizaje personal que le permita reconocer sus puntos fuertes y menos fuertes, dotándole de autoconocimiento y permitiéndole despojarse de posibles prejuicios, para posteriormente integrarlo en el proceso de mediación junto a otras herramientas para captar las necesidades en los demás -empatía- y permitir aflorar la solución.

Esta figura ya existía  en muchos pueblos desde hace siglos. Normalmente se posicionan en un nivel superior dentro de la propia sociedad. Suele ser la persona más anciana y sabia, como es el caso del patriarca o matriarca en la cultura gitana.

En la práctica de esta técnica de resolución de conflictos hemos de tener en cuenta diferentes barreras extras, como el idioma, los referentes culturales, etc. Por ello, es importante sumergirse dentro de las mismas para actuar desde el conocimiento y hacer posible el acercamiento entre ambas partes.

Este tipo de mediación entre diferentes culturas actúa como una sinapsis facilitando la comunicación en diversos sectores como el escolar, sanitario, familiar, vecinal, etc, donde son las propias partes, las que, voluntariamente, acceden a la posibilidad de llegar a una solución y resolver el conflicto acaecido, potenciando de esta forma la convivencia, integración, y crecimiento cultural mutuo, y reduciendo el sentimiento de exclusión y de diferencia, potenciando el consenso.

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Vía | INCOMA

Imagen | Portada.  Interculturalidad. 

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