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¿Es la paridad la mejor solución para favorecer la igualdad entre hombres y mujeres? (Parte I: Planteamiento)

igualdadComo consecuencia de la entrada en vigor de la Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, se modificó la Ley Electoral introduciéndose la paridad en las listas electorales, cuestión esta muy controvertida sobre la que se han vertido multitud de opiniones, muchas veces antagónicas. Resulta oportuno recordar que tal reforma legislativa fue tramitada siendo Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y en el seno de una corriente internacional a favor de una mayor participación de la mujer en la vida pública y representativa.

En líneas generales, la paridad obliga a que los partidos políticos configuren listas electorales de composición equilibrada en cuanto al sexo se refiere. En otras palabras, la configuración de las listas electorales debe cumplir la fórmula de 40% como mínimo a favor de un sexo y 60% como máximo a favor del otro sexo.

Pero, ¿qué entraña la reserva de cuotas a favor de un sexo? De entrada, debemos distinguir, de un lado, la fijación de reservas y, de otro, las reglas de preferencia stricto sensu. Veamos esto con un sencillo ejemplo: supongamos que existen cinco aspirantes para formar una lista de candidatura, de los cuales tres son hombres (H) y dos son mujeres (M).Tras una valoración de la capacidad de los aspirantes, las puntuaciones que les corresponden son: H10, H9, H8, M8 y M5. A fin de que se comprenda mejor esta idea, hemos asignado a cada candidato una puntuación que respondería únicamente a aspectos de carácter objetivo, a sabiendas de que en la selección interna de los ciudadanos que integran las candidaturas por los partidos políticos, en realidad, suelen ser decisivos factores de índole subjetiva.

Por consiguiente, consideramos en este caso que los hombres reciben una mejor calificación (10, 9 y 8) que las mujeres (8 y 5). Teniendo en cuenta que sólo se ofrecen tres plazas, ¿quién las ocupará?

En caso de que se optara por el régimen de cuotas y se previese la reserva de dos puestos a favor del sexo femenino, las plazas deberían ser alcanzadas por M8, M5 y H10, en este orden. Como podemos apreciar, a pesar de que las mujeres han obtenido una valoración más baja son las que acceden en virtud de la reserva.

Por el contrario, si se aplicara la regla de preferencia, las puestos serían cubiertas por: H10, H9 y M8, en este orden. Observamos, en este supuesto, que el criterio de acceso que prima es la puntuación obtenida y, sólo en caso de que se produjera un empate, entraría en juego la regla de preferencia a favor de la mujer (en nuestro supuesto, entre M8 y H8, se resuelve en beneficio de la mujer).

Es evidente que el escenario que se conforma en uno y otro caso a raíz de la disparidad de los criterios de asignación de las plazas es radicalmente diferente. La obligación de que las listas de candidatos de los partidos políticos sean paritarias se encuadraría dentro, obviamente, del régimen de cuotas.

Sin embargo, esta medida impuesta por la Ley de Igualdad en materia electoral ha sido objeto de recurso de inconstitucionalidad. En las siguientes entregas, hablaremos de la postura que ha adoptado el Tribunal Constitucional en todo este asunto y trataremos de resolver algunas cuestiones como: ¿en qué grado está justificada una medida como esta?, ¿se fomenta la presencia de gobernantes peor capacitados?, ¿por qué, a pesar de la obligatoriedad de esta fórmula legal, no se ha conseguido en muchas ocasiones una mayor participación de la mujer en el panorama político?

Finalmente, nos remitimos a la cuestión que dio título a esta entrada e invitamos al lector a la reflexión.

 

Vía| Ley Orgánica 3/2007 para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, Ley Orgánica 5/1985, de Régimen Electoral General.

Imagen| Igualdad entre hombres y mujeres.

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