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¿Es Europa una zona monetaria óptima?

Una de las razones por las que puede fracasar el euro es precisamente responder con un “no” a la pregunta del título de esta entrada. Aunque  la respuesta a esta pregunta no es fácil, la Ciencia Económica tiene suficientes rudimentos para conseguir, al menos, plantear una con bastante solidez y consenso.

Una zona monetaria (ZM) podríamos definirla como la delimitación geográfica, o administrativa, de regiones, países o grupos de países, que comparten no sólo una moneda, sino instituciones monetarias comunes. Así, por ejemplo, el Imperio Romano era una ZM, EE.UU. lo es, Suiza lo es y la Unión Monetaria Europea (UME), lo es.

El calificativo de óptimo para una ZM indica que la adopción de una moneda única comporta muchos más beneficios económicos que costes. Dicho de otro modo, si asumimos que los costes de la adopción de una moneda única son mucho menores que los beneficios, podemos definir esta ZM como óptima. En este caso habrá fuertes incentivos a la adopción de una moneda única. Por el contrario, si los costes fueran muy elevados, la adopción de una moneda única sería contraproducente.

¿De qué depende los beneficios y costes de la integración monetaria? La respuesta es muy sencilla, de la integración económica previa entre los países que conformarán la ZM.

No debemos confundir integración económica con monetaria. Por ejemplo, Canada y EE.UU. conforman una perfecta integración económica, pero sin embargo no poseen, aunque casi, una moneda única. La integración económica depende de lo fuerte que sean los lazos económicos entre dos o más naciones. Cuanto mayores sean estos lazos, cuanto más se comporten como una sola economía, mayor sería la integración económica. En este caso, no existirán diferenciales de inflación entre las economías, no habrá diferencias en las tasas de desempleo, pues habrá flujos demográficos que los compensen. Las estructuras económicas serán similares, etc… Por supuesto, una condición para la existencia de una fuerte integración económica es, además, la existencia de instituciones sociales, políticas y humanas similares en el conjunto de países.

Por el contrario, si la integración no es plena, la adopción de una moneda única puede conllevar mayores costes. Para verlo claramente mejor un ejemplo. Así, supongamos que dos países, A y B se integran. A es un país responsable, con escasa inflación y baja tasa de paro. B es un país menos responsable con mayor tasa de inflación y tasa de paro. Con una moneda única, B no puede implementar políticas monetarias que reduzcan sus desequilibrios, pues ya no le pertenecen. Para solucionar ambos problemas, inflación y paro, la mejor medicina sería una alta flexibilidad de movimiento demográfico entre ambos países.

Supongamos que no existe esta movilidad: no hay elevada integración. Una mayor inflación en B elevaría el coste de sus productos, disminuyendo su competitividad. Al disminuir su competitividad, las exportaciones caen mientras que aumentan las importaciones. El desempleo en B aumentará.¿Soluciones? Dos posibles: una, que el exceso de mano de obra emigre desde B a A; dos, que los trabajadores de B rebajen sus salarios, y por ello también los precios, renovando así la competitividad de sus exportaciones. Como se puede comprobar, en este caso, la integración monetaria de A y B sin una buena integración económica previa generaría costes elevados: tasa de paro y/o deflación salarial en B, es decir, pérdida de poder adquisitivo.

A la pregunta ¿es Europa una zona monetaria óptima? la respuesta es no. Para ello basta con ver que los países que integran la UME tienen inflaciones diferentes y tasas de paro (en particular España) diferentes. Así pues, los costes de la integración se experimentan en B (España) como se ha argumentado, más paro y deflación. Sólo en los últimos dos años observamos la tercera consecuencia, emigración.

Imagen| wikipedia

En QAH| ¿Cómo funciona la política monetaria del BCE?, Tasa de desempleo y tasa de actividad

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