Especial II Guerra Mundial, Historia 


Erich Hartmann: Un chico con suerte (II)

 

Erich Hartmann junto a su avión

Erich Hartmann junto a su avión

Durante 1944, debido a su exponencial e impresionante reclamo de victorias ya que reivindicó 50 derribos en 60 días, fue puesto cuidadosamente en investigación por el Alto Mando dado que se sospechó que tal recuento podía haber sido maliciosamente aumentado con derribos de otros pilotos o simplemente exagerado. Otra cuestión que fue ampliamente comentada para esa época, era que el Alto Mando Soviético al escuchar incesantemente y cada día el código de radio de Hartmann –Karaya 1–, presumiblemente al ser gritado por pilotos rusos al ser derribados o al pedir Hartmann a sus compañeros que verificaran sus derribos, había ofrecido una recompensa de 10.000 rublos al piloto que consiguiera matar o derribar al as alemán debido a la desmoralización que provocaba en los ases rusos –muchos de ellos al vislumbrar el reconocible avión de Hartmann rompían el contacto y evitaban el combate–. Hacia el 2 de marzo de 1944, el joven teutón ya había reclamado 202 victorias, sin embargo, su número de derribos disminuía considerablemente ya que los motivos pictóricos de su Me. Bf-109 –un tulipán negro en el morro, un corazón atravesado por una flecha en la cabina que rezaba Usch, apodo de su novia Úrsula, y la palabra de código Karaya 1 en el fuselaje– resultaban muy identificables, lo que propiciaba que los cazas soviéticos dieran la vuelta o fijaran otro rumbo para evitarlo. Todo esto obligó a Hartmann a repintar el avión completamente entero igual que el de sus compañeros de escuadrón, en cambio, esto no hizo que desapareciera el mote que le había dado los pilotos de caza rusos: Cherniye Chort, diablo negro en ruso; sobrenombre que colisionaba frontalmente con el que le habían dado sus amigos del escuadrón: Bubi, que en alemán significa chico o chiquillo que hacía expresa referencia a su jovial y angelical aspecto.

Hartmann pilotando su Me Bf-109 al frente de su escuadrón

Hartmann pilotando su Me Bf-109 al frente de su escuadrón

En marzo de 1944 fue convocado en Berchtesgaden para recibir personalmente del Führer, Adolf Hitler, las EichenlaubHojas de Roble– para su Cruz de Caballero de Hierro, lo que suponía un reconocimiento superior a aquel que le había sido otorgado anteriormente.

Erich Hartmann con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble al cuello

Erich Hartmann con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro con Hojas de Roble al cuello

Un día desconocido de mediados de junio de 1944 supuso el momento, y anécdota, más destacable de la vida de servicio militar de Hartmann; cuando en un combate contra una escuadra de ocho P-51 Mustang estadounidenses, el as alemán se quedó sin munición en el momento en que tenía alineado a un rival en su mira. La situación era preocupante pero para agravar más la situación, se quedó también sin gasolina en medio del combate y se vio obligado a saltar en paracaídas. Mientras descendía lentamente atravesando las sedosas nubes, Hartmann relata, como los aviones americanos volaban en círculos a su alrededor como una manada de predadores antes de atacar a una presa herida. En un momento concreto de su sosegada caída a tierra, un Mustang se alineó con Hartmann para ametrallarle, lo que obviamente provocó una sensación heladora de terror en el piloto, sin embargo, el piloto del P-51 pasó calmadamente a su lado saludándole con la mano. Poco después de esta situación se le concedieron las EspadasSchwerternpara su Cruz de Caballero de Hierro.

Habiendo sido rescatado por una patrulla de soldados de infantería alemanes, regresó a su puesto como jefe de escuadra, sin embargo la plana mayor de la Luftwaffe le ordenó expresamente dejar el servicio activo a causa del grave golpe contra la moral del ejército que supondría que fuera derribado o abatido en combate, ya que Alemania estaba perdiendo la guerra y él era reconocido como un héroe de guerra nacional. Tal prohibición fue revocada tiempo más tarde por petición expresa del propio Hartmann, de forma que se reincorporó a las misiones aéreas y a los combates pocos días después. Por sobrepasar las 300 victorias, Hartmann fue nuevamente condecorado por Hitler con los DiamantesBrillianten, solo 27 soldados recibieron esta condecoración en toda la guerra– para su Cruz de Caballero de Hierro con Hojas de Roble y Espadas, esta vez en Wolfsschanze.

Cruz de Caballero de Hierro con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes

Cruz de Caballero de Hierro con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes

El último día de la guerra, el 8 de mayo de 1945, Hartmann consiguió su victoria 352, el que sería su último derribo; y en esa misma fecha ordenó que se destruyeran los 25 aviones y municiones de su escuadra antes de que llegaran las tropas de la 90ª División del Ejército de Estados Unidos, a la que se rindieron.

Siguiendo los acuerdos de la Conferencia de Yalta, por los cuales los soldados alemanes que pelearon contra los soviéticos en el Frente Oriental deben rendirse a éstos, Hartmann y su unidad fueron transferidos a manos rusas. Durante su cautividad los rusos intentaron, sin ningún éxito, que Hartmann espiara a otros oficiales alemanes recluidos o que se pasara al bando comunista. Al mostrar su firme intención de no hacerlo y rehusar abiertamente, recibió malos tratos y fue puesto en confinamiento solitario, de donde trataron de liberarlo, también con ningún éxito, varias rebeliones de prisioneros alemanes. Viendo su poca colaboración los soviéticos consideraron acusarle de crímenes de guerra por la matanza 780 civiles –en la que no había participado – y por la destrucción de 352 aviones del pueblo ruso –que en realidad serían 345 ya que 7 de ellos habían sido P-51 y por lo tanto norteamericanos–. Hartmann negó los hechos y no aceptó la pena de 25 años de trabajos forzados que se le impuso, rehusando a trabajar y siendo confinado en solitario por ello; tiempo en el que murió su único hijo al que nunca llegó a conocer.

Pasados 10 años en gulags rusos fue liberado finalmente en 1955 durante un intercambio comercial entre el Gobierno de Alemania Occidental y la Unión Soviética que tenía cláusulas expresas de liberación de prisioneros de guerra alemanes.

En el año 1997, el gobierno legítimo de Rusia, sucesor de la histórica Unión Soviética, exoneró a Hartmann de todos y cada uno de los cargos que se habían tramitado contra él, e incluso llegó a admitir que su condena había sido infundada y por lo tanto ilegal.

Erich Hartmann pasará a la Historia por ser no solo el mejor y más exitoso piloto de caza de la Aviación moderna, sino por ser un caballero en combate, un digno rival admirado por sus enemigos y un fiel compañero de escuadrón de sus amigos –sus más íntimos camaradas Batz y Krupinski fueron padrinos en su boda con la mujer de su vida, Úrsula–.

Avión de caza Messerschmitt Bf-109

Avión de caza Messerschmitt Bf-109 con los distintivos de Hartmann

Pero, si hay algo asombroso por lo que ha destacado Bubi es por, a diferencia de la mayoría de los ases alemanes que fueron heridos o murieron en acto de servicio –ya que la Luftwaffe no contaba con el sistema de rotaciones, como la RAF o la USAF, que evitaba que los pilotos más destacados tuvieran que seguir haciendo misiones–, sobrevivir a la terrible contienda habiendo combatido en 825 ocasiones a lo largo de 1404 misiones con 14 aterrizajes forzosos y resultar completamente ileso al final de la Segunda Guerra Mundial con tan solo 23 años.

 

Vía|Acepilots, LuftwaffeAviation-History

Más información|Wartimepress, Acesofww2

Imágenes|Erich HartmannHartmannEscuadrón Hartmann, Ritterkreuz, Me Bf109

En QAH|Erich Hartmann: Un chico con suerte (I)

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